Punta Cana, 10 de Abril 2016

Señor Pierre Manigault,

Presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa;

Señor Persio Maldonado,

Director de la Sociedad Dominicana de Diarios y Presidente del Comité Anfitrión de la Sociedad Interamericana de Prensa;

Señor Luís Almagro,

Secretario General de la Organización de Estados Americanos, OEA;

Señor José Luís Corripio,

Presidente del Grupo Corripio y Miembro del Comité Anfitrión de la Sociedad Interamericana de Prensa;

Señores Miembros de la Junta de Directores de la Sociedad Interamericana de Prensa;

Señores Ministros;

Distinguidos Funcionarios del Gobierno;

Señoras y señores,

Es un honor para nosotros acoger esta reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa.

La organización que representan tiene una larga tradición como referente para la prensa en el conjunto de las Américas, incluyendo por supuesto a la prensa dominicana.

Con más de seis décadas defendiendo la libertad de expresión, esta sociedad ha ido sumando voluntades hasta reunir más de 1,300 periódicos y revistas, entre ellos los principales periódicos dominicanos.

Sean, por tanto, todos bienvenidos a la República Dominicana. Deseamos que se sientan a gusto y que disfruten su estadía en esta hermosa costa de Punta Cana.

Como muchos sabrán, este es un año muy activo para nuestro país en el panorama internacional y latinoamericano.

Este año no solo tenemos la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, CELAC, sino que también acogeremos en junio la cuadragésimo sexta asamblea de la OEA.

Es, por tanto, doblemente apropiado que en este 2016 recibamos no solo a los representantes de los gobiernos del continente, sino también a los medios de comunicación, a la prensa y los periodistas que constituyen un pilar indispensable de nuestra vida democrática.

Tanto los gobiernos electos como la prensa libre, somos hijos de la democratización de América Latina producida en las últimas décadas.  Como tales, nuestra relación mutua es tanto compleja como indispensable para el presente y el futuro de nuestros pueblos.

En este sentido, quiero recalcar el firme compromiso del gobierno dominicano con la libertad de prensa y de expresión. Y cuando hablo de compromiso no es una expresión retórica.

Nos esforzamos diariamente por proteger y atender el derecho a la información de nuestros ciudadanos y también el libre ejercicio de la labor periodística en nuestro territorio.

Y prueba de que estamos avanzando es la mejora que ha experimentado nuestro país en el índice mundial de libertad de prensa elaborado por Reporteros sin Fronteras. Según este informe, nuestro país avanzó 17 posiciones en los últimos 3 años, pasando del puesto 80 en el 2012 al 63 en el 2015.

Además, nos alegra poder decir que confiamos en que el próximo reporte registrará avance significativamente mayor.

Digo esto, por supuesto, porque el principal reclamo del gremio periodístico en nuestro país encontró respuesta el pasado mes de febrero, con la anulación por parte del Tribunal Constitucional, de siete artículos de la Ley 6132 sobre Libertad de Expresión y Difusión del Pensamiento, vigente desde el año1962.

Lo fundamental de esta disposición, como muchos de ustedes saben, es la eliminación de las penas de prisión y de multas que castigaban los llamados delitos de palabra y la anulación del efecto cascada que establecía una escala de responsabilidades. Comenzando por el director de una publicación hasta otros ejecutivos de redacción y administración, frente a los casos de difamación e injuria.

Celebramos esta disposición, que deja atrás una legislación obsoleta y nos pone al día en la protección del derecho a la libertad de expresión y pensamiento.

La profundización de las libertades democráticas es, como sabemos, un proceso dinámico, en el que cada nueva libertad debe tener como contrapartida una nueva asunción de responsabilidad.

Confiamos en que la decisión del poder judicial será el inicio de un círculo virtuoso, en el que nuestras instituciones y nuestros medios tengan ocasión de crecer y madurar, acompañados de una sociedad activa y participativa.

Y en ese proceso de crecimiento, solicitamos también de ustedes, como transmisores de la realidad y creadores de opinión pública, que nos acompañen en la construcción de una sociedad fundada en valores. Que nos ayuden a promover desde sus tribunas la convivencia pacífica, el bien común y la honestidad.

Que contribuyan, desde sus tribunas, a la difusión de información rigurosa, equilibrada y objetiva. Información que permita a nuestros ciudadanos construir una opinión bien informada sobre nuestra realidad y tomar las mejores decisiones.

Señoras y señores,

Quiero referirme ahora a otro aspecto de la relación entre gobiernos y prensa. Porque a nadie se le escapa que, en los últimos tiempos, venimos enfrentando retos comunes.

Hablo, principalmente, del reto de adaptarnos a los vertiginosos cambios que las nuevas tecnologías han producido en la relación entre gobernantes y ciudadanos, entre medios de comunicación y su público.

Los ciudadanos de la América Latina de hoy no son los ciudadanos de la América Latina que vio nacer la Sociedad Interamericana de Prensa hace 73 años.

Hoy día, el ciclo informativo dura 24 horas, y los ciudadanos son tanto consumidores como creadores de información.

Hoy día, los gobernantes vivimos en una rendición de cuentas permanente y, al mismo tiempo, los consejos editoriales han perdido su papel como principales guardianes de la agenda de temas que centran el debate público.

Se acabó el tiempo en que ganar una elección podía ser considerado por algunos políticos como un cheque en blanco para hacer y deshacer hasta la siguiente votación.

Se acabó también el tiempo en que unos pocos medios tenían el monopolio de la opinión pública.

Cada decisión y cada declaración ahora es inmediatamente evaluada y respondida a través de múltiples canales y directamente por la gente, sin intermediarios.

Y lo que debemos entender lo políticos, y entiendo que también los medios tradicionales, es que nuestra labor no es intentar frenar esa tendencia, sobre todo porque eso sería imposible, ni tampoco huir de esa fiscalización.

Por el contrario, debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para fortalecer esa interacción y participación. Para enriquecer nuestra democracia con nuevos mecanismos de diálogo y ayudarnos de ese caudal ciudadano para hacer cada vez mejores políticas y para contar con información más completa y rigurosa.

Amigos de la prensa,

No les quepa duda, lo que estamos viviendo no solo es un fenómeno positivo, es un transformación histórica. Y como todo cambio profundo, este también trae consigo nuevos retos y nuevos riesgos.

Uno de ellos, ustedes lo saben bien, es que, ante la avalancha de información, resulta cada vez más difícil distinguir lo trivial de lo importante.

De la misma forma, es un reto creciente lograr que la conciencia crítica encuentre cauces fértiles para expresarse y no se transforme en nihilismo y en anti política.

Tal como nos confirma año tras año el Latinobarómetro, esta nueva ciudadanía valora la democracia, pero es extremadamente crítica, tanto con los políticos que les representan, como con la prensa que les informa.

Pero en este, como en todos los desafíos que nos plantea la democracia, tengo el firme convencimiento de que la única respuesta posible es apostar por más democracia, apostar por más participación, apostar por más tecnología y, por supuesto, apostar por más comunicación.

Señoras y señores,

Es nuestro deber actuar para que el conjunto de nuestros hombres y mujeres participen provechosamente del salto al mundo digital.

Por eso, hace apenas unos días, presentamos en Santiago la principal iniciativa que nos proponemos poner en marcha en los próximos cuatro años, para que la República Dominicana se adapte a este cambio de paradigma.

Con el nombre de República Digital, lanzaremos un moderno y osado programa de inclusión digital, que incluye la universalización de la banda ancha, la mejora de nuestras infraestructuras de telecomunicaciones, el uso masivo de las nuevas tecnologías en las escuelas públicas y,  por supuesto, una firme apuesta por el gobierno abierto y digital, al servicio de los ciudadanos.

Con voluntad política y la suma de esfuerzos de gobierno, comunidad académica y empresariado nacional e internacional podremos, en el corto plazo, dar un gran salto cualitativo hacia el futuro.

Sabemos que internet tiene un poderoso efecto en la educación, la salud, la integración con la economía mundial, el comercio, la productividad, el empleo, la seguridad, la democratización, la ciudadanía y la cohesión social. Y queremos que en este revolucionario paso adelante que nos proponemos dar participen todos los sectores de la sociedad, incluyendo, por supuesto, a los medios de comunicación.

Aprovecho, por tanto, la oportunidad que me dan de participar en estas jornadas, con una agenda tan imbuida de la transición digital, para hacerles partícipes de nuestros proyectos e interesarnos igualmente por lo que podamos aprender de los suyos.

Señoras y señores,

En 1996, Gabriel García Márquez habló ante la Sociedad Interamericana de Prensa y constataba que el solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre su oficio ya era un logro para ellos y para el periodismo.

Eso era en 1996, cuando Internet apenas empezaba a mostrar su potencial, pero el reto, de alguna forma, era similar al que se plantea hoy: reinventar el viejo modo de aprender el periodismo.

Solo podemos imaginar lo que García Márquez diría hoy si viera como las nuevas tecnologías hacen posible experiencias de colaboración impensables hace solo diez años.

Esta misma potencialidad es la que queremos aprender a aprovechar para mejorar la administración pública, la participación democrática, y en general la relación entre gobierno y ciudadanos.

Prensa y gobiernos tenemos, por tanto, tareas paralelas, pero fuertemente relacionadas. Debemos evolucionar para dar respuesta a las necesidades, las expectativas y las potencialidades de las ciudadanías a las que servimos.

Son muchos los retos que nos plantea este escenario de un continente cada vez más informado, diverso e interrelacionado.  Sigamos por tanto, aprendiendo los unos de los otros, y buscando formas de adaptarnos con éxito a los cambios.

Pero hagamos todo esto sin olvidar lo esencial, los principios que hacen que tanto la política como la prensa sean pilares fundamentales de la democracia.

Defendamos, con fuerza y orgullo el valor de la política y el de la labor de informar, que en su dialéctica a veces convulsa, han sido durante décadas el motor de las transformaciones sociales.

Porque es hoy, precisamente cuando la información es omnipresente, cuando más falta hace que esa información sea de calidad y ofrecida por profesionales.

Es hoy, precisamente cuando el escepticismo y el desencanto quieren ganar la partida entre nuestros jóvenes, cuando más necesitamos de la buena política.

Es hoy, cuando la realidad abruma a los ciudadanos con más opciones y más responsabilidades, cuando se hace más urgente ofrecerles buenos referentes.

Por eso hoy, más que nunca, debemos garantizar medios de comunicación sanos y vigorosos, en democracias fuertes y sólidas.

Por eso, hoy más que nunca, les ofrezco mi mano tendida para seguir trabajando juntos, para seguir aprendiendo juntos y los animo a ejercer con más entusiasmo que nunca la que García Márquez llamó la profesión más bonita del mundo.

Muchas gracias.