Edición No. 1682 del 16 al 30 de septiembre de 2016

El 25 de septiembre de 1963 fue derrocado el gobierno que presidía el Profesor Juan Bosch por un grupo de militares que presentaron la cara, y cuyo nombre ni siquiera vale la pena mencionar, secundados por algunos civiles que actuaban en la sombra, desde donde dirigían la trama miembros del gobierno norteamericano de entonces.

Con el golpe no solo se depuso a un presidente democrático; se torció  también la historia del país, con lo que la transición de la dictadura a la democracia se convirtió en un ciclo del que apenas hace escasos años hemos empezado a salir.

Bosch había ganado las elecciones  del 20 de diciembre de 1962 con 619,491 votos, para el 58.72 % de la votación obtenida por su partido, porcentaje que ascendió a 59.53 % con los votos de los aliados. Su más cercano competidor apenas obtuvo 317,327 votos, para el 30.08 %. Fue un triunfo contundente que nadie se atrevió a cuestionar.

Tomó posesión el 27 de febrero de 1963 en una solemne ceremonia  en la que participaron destacados líderes democráticos y personalidades de América. Apenas dos meses después de su juramentación promulgó la Constitución más avanzada que se había dado el país.

Su estilo de gobierno era el de un mandatario cercano al pueblo. Periódicamente hablaba al país, intervenciones en las que rendía cuenta de los planes que venía desarrollando. La amplitud de mira de su gobierno la ponen de manifiesto, entre otros muchos hechos, los siguientes: La atención que le dio a la producción de energía eléctrica. Bosch se proponía crear las bases de una sólida industria nacional y  esa  meta era imposible sin multiplicar varias veces la producción de energía. Actuando en consecuencia negoció con la General Electric de Inglaterra la electrificación de la presa de Tavera y la construcción de la de Valdesia como presa hidroeléctrica, así como una termoeléctrica en Puerto Plata.

Otro hecho que demuestra lo amplio de su visión es la elaboración de un proyecto que se convirtió en la Ley 38, que disponía la creación de la Corporación de Zona Franca de Puerto Plata, con capital mixto, en momento en que no había en América Latina ningún país con Zona Franca Industrial. Sí había zonas francas, pero eran para establecimientos comerciales.

Eso era en lo económico. En lo político el gobierno de Bosch se caracterizó por ser respetuoso de las libertades  públicas. Fue democrático  por encima incluso del interés de los mandos militares que procuraban con insistencia que se apresara o exiliara a dirigentes de la izquierda del país. A esos militares les dijo que no se podía gobernar siendo democrático con una parte del pueblo y con la otra no. Así lo expresó al país en un discurso antes de ese funesto 25 de septiembre.

Todo ese criterio y todas esas buenas intenciones se vieron truncados por el golpe septembrino, y ya la historia nos enseña lo que vino luego: crisis política y económica y una guerra civil que se convirtió en guerra patria con la intervención militar de los Estados Unidos en asuntos de la competencia de los dominicanos y las dominicanas, la eliminación selectiva de lo más granado de nuestra juventud y luego gobiernos serviles y elecciones amañadas.

Es difícil de cuantificar, pero el  daño que causó el golpe de estado de 1963 a la sociedad dominicana ha resultado extraordinario. En gran medida todavía hoy sufrimos algunos de sus efectos, como el del escaso desarrollo institucional  en que vivimos.

Por  eso y por otros motivos nunca debemos bajar la guardia; por el contrario, debemos mantenernos vigilantes en la preservación de los logros obtenidos y  en disposición de hacer frente a cualquier aventura de ese tipo o parecida. Lo del 25 de septiembre de 1963 no debe repetirse jamás.