Estadísticas políticas

Por: Sergio Sarita Valdez | Dentro del campo de las matemáticas existe un área que se dedica a la recolección y organización de datos diversos con la finalidad de analizarlos aplicando diversos métodos apropiados que permitan arribar a determinadas conclusiones.

En los Estados Unidos se conoce un jocoso refrán que traducido al español diría lo siguiente: “Existen las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas”. Aunque el dicho resulta en la realidad un poco exagerado, el mismo no deja de tener un poco de razón.

Las estadísticas en manos inescrupulosas y cerebros maquiavélicos pueden ser manipuladas para tratar de convencernos de que hoy no es hoy y de que ayer tampoco corresponde al pasado.

Para quienes usamos las inferencias estadísticas en la práctica epidemiológica cotidiana resulta de suma importancia evitar el sesgo cuando se recogen las informaciones o datos por medio de una plantilla.

El método para emplear seleccionado dependerá de lo que andemos buscando, ya que con los resultados derivados se elaborará un plan maestro a ejecutarse con acciones muy puntuales.

En las ciencias médicas tenemos el ejemplo del dengue. Cotidianamente se monitorizan los casos nuevos que aparecen por regiones a nivel nacional.

Esas cifras se comparan con las casuísticas registradas en iguales periodos pasados. Así notamos si la casuística ha aumentado, disminuido, o si se mantiene igual.

El informe que se elabora está sujeto a manipulación. Digamos que en equis semana hubo un incremento de los casos en un sector. Si al nivel político gubernamental no le resulta beneficioso el brote comunitario, puede en dicho momento informar sobre la casuística global; con esa estrategia quedaría atenuada la real elevación local. La población no se habrá enterado del incremento zonal y asumirá que todo anda de maravilla.

Los sectores políticos de oposición denunciarán que en equis punto de la República hay una alarma sanitaria causada por el dengue. El oficialismo pudiera defenderse explicando que los casos anotados son iguales o menores a los acontecidos cuatro años atrás, fecha en que gobernaba la oposición.

Moviéndonos al teatro de la economía sucede algo parecido con el registro de los bienes y servicios generados en el país expresados en dólares o en moneda nacional. El termómetro económico financiero criollo habita en el Banco Central de la República Dominicana.

Sus bóvedas contienen la moneda que se retiene o emite a discreción con el propósito de controlar el valor del peso dominicano y con ello el índice inflacionario.

El tema no resulta tan simple en la práctica por el sinnúmero de ingredientes a tener en cuenta, pero al fin y al cabo de lo que se trata es de saber cuánto generamos y cuánto consumimos en un lapso de tiempo específico. Las estadísticas se usan para explicar en gráficos lo bueno o lo malo que acontece tanto en un renglón particular como a nivel general.

Los voceros oficiales y sus similares opositores utilizan la retórica para argumentar y tratar de convencer a la población de la gloria o el infierno en el que nos desenvolvemos. El conformismo y la satisfacción nacional son objetivos constantes de quienes gobiernan, en tanto que la desilusión presente y el anhelo de cambio futuro comprende la piedra angular en que se apoya la oposición. El Gobierno mostrará cifras estadísticas propias del paraíso terrenal, en cambio, los opositores evidenciarán valores estadísticos infernales.