{"id":12039,"date":"2017-09-11T17:11:09","date_gmt":"2017-09-11T17:11:09","guid":{"rendered":"http:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=12039"},"modified":"2017-09-12T17:11:47","modified_gmt":"2017-09-12T17:11:47","slug":"apologia-de-la-vejez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/apologia-de-la-vejez\/","title":{"rendered":"Apolog\u00eda de la vejez"},"content":{"rendered":"<p>Con la vejez ocurre una paradoja. Todos aspiran alcanzarla, pero una vez llegada a ella, se quejan de manera angustiosa. Alegan que \u00e9sta ha llegado m\u00e1s r\u00e1pido de lo esperado, y de que los ha tomado de sorpresa. Afirman, tambi\u00e9n, que no hay ning\u00fan consuelo para endulzar una vejez necia.<\/p>\n<p>Para eludir su connotaci\u00f3n de pesadumbre, hasta le han cambiado el nombre. Algunos, para hacer su carga m\u00e1s ligera prefieren la expresi\u00f3n de envejecimiento. Otros, la de tercera edad; y en ingl\u00e9s se emplea un t\u00e9rmino bastante benigno y cordial: senior citizen.<\/p>\n<p>A lo largo de la historia ha habido \u00e9pocas en que no se ha tenido la debida consideraci\u00f3n hacia los ancianos. Hace cerca de dos mil a\u00f1os, en la S\u00e1tira de Juvenal, el gran poeta latino, contempor\u00e1neo de Horacio y Persio, se leen frases como estas:<\/p>\n<p>\u201cLos ancianos son todos iguales: les tiemblan la voz y los miembros; ya sin pelo en el pulido cr\u00e1neo. Tienen enc\u00edas sin dientes para triturar el pan. Ya no oyen. A unos les duele el hombro; a otros los ri\u00f1ones, a otros el muslo. En cuanto al amor, hace mucho tiempo que lo han olvidado\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, en lo relativo al papel pol\u00edtico de la vejez, desde los tiempos de la Rep\u00fablica romana se ha depositado gran confianza en las personas de edad avanzada.<\/p>\n<p>As\u00ed, el Senado, que durante varios siglos dirigi\u00f3 los destinos del pueblo en la pen\u00ednsula it\u00e1lica, estaba integrado por hombres de edad, de gran experiencia, quienes pod\u00edan asegurar la estabilidad pol\u00edtica y el progreso de Roma.<\/p>\n<p>El ejemplo m\u00e1s notable de esa \u00e9poca fue Cat\u00f3n el Viejo, quien muri\u00f3 a los 85 a\u00f1os, y fue un pol\u00edtico activo y din\u00e1mico hasta que la muerte le sorprendi\u00f3 en pleno ejercicio de sus funciones.<\/p>\n<p><strong>Influyentes en la vejez<\/strong><\/p>\n<p>La historia cuenta que mientras Lucio Cornelio Sila, uno de los m\u00e1s notables pol\u00edticos y militares romanos, decidi\u00f3 poner fin a su carrera pol\u00edtica a los 59 a\u00f1os, su contrincante, Cayo Mario, se aferr\u00f3 al poder hasta su muerte, a los 71 a\u00f1os, luego de haber sido elegido C\u00f3nsul siete veces, algo sin precedentes en la historia de Roma.<\/p>\n<p>Durante la \u00e9poca del Imperio, la vejez no fue impedimento para que algunas de las figuras m\u00e1s destacadas de ese momento alcanzaran a desempe\u00f1ar el papel de emperadores.<\/p>\n<p>Fue el caso de Tiberio, quien condujo a Roma hasta los 77 a\u00f1os; de Vespasiano, quien falleci\u00f3 a los 70; y de Nerva, quien fue escogido emperador a esa misma edad.<\/p>\n<p>Pero, de igual manera, fueron los casos de Galba; de Septimio Severo; de Diocleciano; y de Constantino, todos los cuales asumieron la categor\u00eda de emperadores de Roma, al encontrarse en el eclipse de sus vidas.<\/p>\n<p>En ese contexto, aparece la \u00fanica obra latina dedicada, con car\u00e1cter de exclusividad, a los ancianos. Se trata del op\u00fasculo, Acerca de la Vejez, de Marco Tulio Cicer\u00f3n, un genio de la oratoria, considerado como una de las figuras m\u00e1s notables de la pol\u00edtica y la literatura.<\/p>\n<p>En ese trabajo, escrito en forma de di\u00e1logo, como lo hac\u00eda Plat\u00f3n, el fil\u00f3sofo griego, aparece la figura de Cat\u00f3n el Viejo, de quien acabamos de hacer referencia y de los j\u00f3venes, Escipi\u00f3n y Lelio.<\/p>\n<p>Estos \u00faltimos le manifiestan a Cat\u00f3n la admiraci\u00f3n que le tienen porque nunca dio la sensaci\u00f3n de que para \u00e9l fuese pesada la vejez, cuando para la mayor\u00eda de los ancianos resultaba tan odiosa que dec\u00edan soportar una carga muy pesada.<\/p>\n<p>Cat\u00f3n les responde diciendo que si suelen admirarle \u201ces tan s\u00f3lo porque sigue a la naturaleza, el mejor gu\u00eda que hay, y la obedece. No es veros\u00edmil que \u00e9sta, habiendo escrito bien las otras partes de la vida, haya descuidado el \u00faltimo acto\u201d.<\/p>\n<p>Afirma que fue necesario que hubiese alg\u00fan final, igual que ocurre con los frutos de la tierra, a causa de la maduraci\u00f3n estacional, y que los ancianos deben aprender a sobrellevarlo con paciencia, pues de lo contrario, enfrentarse a la naturaleza ser\u00eda como hacer la guerra contra los dioses.<\/p>\n<p>Relata que muchas veces escuchaba las quejas de gente de su misma edad. Refiere que se lamentaban no s\u00f3lo de estar privados de los placeres y de que la vida les resultaba vac\u00eda, sino que se sent\u00edan menospreciados por quienes con anterioridad se hab\u00edan beneficiado de sus favores.<\/p>\n<p>Frente a eso, Cat\u00f3n el Viejo reacciona, diciendo: \u201cEn todo ese tipo de quejas, la culpa no est\u00e1 en la edad, sino en las costumbres, pues los ancianos moderados, no exigentes y de buen car\u00e1cter, pasan una vejez tolerable; en cambio el fastidio y el mal car\u00e1cter resultan molestos a cualquier edad\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, a\u00f1adi\u00f3: \u201cLas armas m\u00e1s adecuadas para la vejez son los conocimientos y la pr\u00e1ctica de las virtudes, que cultivadas en cualquier edad, si has tenido una vida larga e intensa, producen frutos admirables, no s\u00f3lo porque nunca te abandonan ni siquiera en el \u00faltimo momento de la vida (cosa que ya es de gran importancia), sino tambi\u00e9n porque la conciencia de una vida bien llevada y el recuerdo de las muchas cosas bien hechas son algo muy gratificante\u201d.<\/p>\n<p><strong>Cuatro motivos<\/strong><\/p>\n<p>Luego de hacer esa hermosa apolog\u00eda de la vejez, Cat\u00f3n el Viejo se sumergi\u00f3 en una profunda reflexi\u00f3n, de la cual extrajo la siguiente aseveraci\u00f3n: \u201cCuando lo medito en mi interior, encuentro cuatro motivos por los que la vejez puede parecer miserable. La primera, porque aparta de las actividades; la segunda, porque debilita el cuerpo; la tercera, porque priva de casi todos los placeres; la cuarta, porque no est\u00e1 lejos de la muerte\u201d.<\/p>\n<p>En cuanto a la primera, responde que las cosas grandes no se hacen con las fuerzas o la rapidez, o agilidad del cuerpo, sino mediante el consejo, la autoridad y la opini\u00f3n; cosas de las que la vejez no s\u00f3lo no est\u00e1 hu\u00e9rfana sino que incluso suele acrecentarlas.<\/p>\n<p>Admite que con la edad la memoria disminuye, pero que eso es relativo, ya que nunca escuch\u00f3 decir que alg\u00fan anciano hab\u00eda olvidado el lugar en el que hab\u00eda escondido su tesoro; as\u00ed como qui\u00e9n les debe o a qui\u00e9n ellos deben.<\/p>\n<p>Para Cat\u00f3n, la temeridad es cosa propia de la edad que florece, y la prudencia, de la que envejece. Se llega a viejo aprendiendo algo cada d\u00eda; y viviendo mucho tiempo uno ve hasta lo que no quiere ver.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico verdaderamente miserable en la vejez, es sentir que en esa edad uno mismo es odioso para el otro.<\/p>\n<p>Pero, respondiendo a su segunda inquietud, manifiesta que la vejez es honorable si ella misma se defiende; si mantiene su derecho; si no es dependiente de nadie y si gobierna a los suyos hasta el \u00faltimo aliento.<\/p>\n<p>Alaba la vejez que est\u00e1 bien asentada sobre los cimientos de la juventud. Asimismo aprueba a un joven que tenga algo de viejo que a un viejo que tenga algo de joven. Ni las canas pueden proporcionar autoridad de repente, sino que es la vida anterior vivida honestamente la que recoge los \u00faltimos frutos de la autoridad.<\/p>\n<p>Ante la insinuaci\u00f3n de que la vejez carece de placeres, responde con un circunloquio. Argumenta que se trata de cosas de las que la vejez, aun sin tenerlas en abundancia, tampoco est\u00e1 privada del todo.<\/p>\n<p>Por ejemplo, alega que del mismo modo que el que asiste al espect\u00e1culo en la primera fila se recrea, el que est\u00e1 en la \u00faltima tambi\u00e9n se divierte. As\u00ed la juventud quiz\u00e1 goza m\u00e1s porque contempla los placeres de cerca, pero tambi\u00e9n la vejez disfruta de ellos lo suficiente aunque los vea de lejos.<\/p>\n<p>Su conclusi\u00f3n es lapidaria. Indica: \u201c\u00a1Cu\u00e1nto valor tiene que el esp\u00edritu, licenciado ya del servicio del deseo, de la ambici\u00f3n, de la rivalidad, de las enemistades, de todas las pasiones, est\u00e9 consigo mismo. Si, adem\u00e1s, tiene, a modo de aliento, algo que estudiar o ense\u00f1ar, nada hay m\u00e1s agradable que una vejez ociosa\u201d.<\/p>\n<p>Con respecto al tema de la muerte, el cuarto aspecto de reflexi\u00f3n, su respuesta es de una simplicidad pasmosa: \u201cCada uno debe contentarse con el tiempo de vida que le ha sido dado. Por breve que sea ese tiempo, es bastante largo para vivir bien y con honestidad\u201d.<\/p>\n<p>Cuenta la leyenda que en cierta ocasi\u00f3n se le pregunt\u00f3 a Is\u00f3crates, el orador y educador griego, por qu\u00e9 raz\u00f3n, acerc\u00e1ndose ya al centenario de su natalicio trabajaba tanto, a lo que respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u201cNo tengo de qu\u00e9 acusar a la vejez\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la vejez ocurre una paradoja. Todos aspiran alcanzarla, pero una vez llegada a ella, se quejan de manera angustiosa. Alegan que \u00e9sta ha llegado m\u00e1s r\u00e1pido de lo esperado, y de que los ha tomado de sorpresa. 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