{"id":48049,"date":"2022-06-12T18:36:18","date_gmt":"2022-06-12T22:36:18","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=48049"},"modified":"2022-06-12T18:36:18","modified_gmt":"2022-06-12T22:36:18","slug":"inicio-de-la-segunda-parte-del-gran-poema-de-euridice-canaan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/inicio-de-la-segunda-parte-del-gran-poema-de-euridice-canaan\/","title":{"rendered":"Inicio de la segunda parte del gran poema de Eur\u00eddice Cana\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p>Por: Juam Freddy Armando | STHEPHANI\u2026 LAS HOJAS.<\/p>\n<p>SEGUNDA PARTE<\/p>\n<p>Rebuznan las burras y sus hocicos est\u00e1n llenos del polvo del largo camino que une al Mundo con ese lugar remoto y olvidado. Vienen dos hombres y otra cosa. La noche ha ca\u00eddo como una fruta en ciernes y se ha abierto. Las chozas est\u00e1n cerradas, parece que p\u00e1nico a los ruidos. Una luz de gas titubea y amarillenta el hueco de una ventana en la Parroquia. Es una covacha en donde un hombre que huele a mu\u00e9rdago se inclina como si estuviera llorando continuamente su destino de orante..! Alguien le da posada. Cuchichean las hendijas. Una fiesta de ojos pesta\u00f1an y se interrogan. Ya no hay que buscar m\u00e1s<br \/>\nHembras. Una ha llegado. Le dicen: ROSA.<\/p>\n<p>Rosa es el centro de la Aldea. Y la Aldea parece florecida con su Rosa.<br \/>\nParece como si toda la vida la Aldea estuviera revolviendo su polvo y sus pastos tiernos, por esos cabellos duramente peinados. Por esa frente inm\u00f3vil de pensamientos. Por esos ojos profundamente tristes y largos como las patas de las garzas que no se han enamorado todav\u00eda. Por esa nariz que permanece inalterable como las vigas de las fabelas. Por esa boca color aceituna. Boca de tan bermeja negra. Boca blanda y al parecer tan dura. Herm\u00e9tica. No r\u00ede\u2026 No sabe re\u00edr porque jam\u00e1s ha tenido tiempo para ello. Y la Rosa del cuerpo y del talaje. Cuerpo de Rosa. Entero. Firme. Intocable, casi solemne como los tronos en las antiguas Catedrales.<\/p>\n<p>La Rosa extra\u00f1a de los extra\u00f1os Hombres de la Aldea. Promesa y culebra de las sensaciones. Tumba y aridez para los sexos \u00e1vidos. Es una monta\u00f1a convertida en Rosa. Es la flor del volc\u00e1n. La mujer serena y sola. SOLA. Sola de nadie. Sola de s\u00ed misma y de todos. Sola. Como si al decir SOLA\u2026 aunque estuviera rodeada de \u00e1rboles y personas, se la sintiera sola. Radicalmente Sola en la Soledad que emerge de s\u00ed misma. Brutalmente callada. Mirando. Solo mirando la inmensa llanura que se extiende como tratando de<br \/>\nllevar lo \u00fanico que parece vibrar en sus pupilas apagadas de tanto mirar y mirar y estar sola. Se dilata. Cae sobre la tierra y se expande. Se le van los suspiros y el coraz\u00f3n por los ojos, y cuando dice All\u00e1\u2026. lejos\u2026 a uno le parece que emprende con ella un viaje hacia lo \u00faltimo\u2026 lo profundo, lo insostenible, lo desesperadamente All\u00e1 . .<\/p>\n<p>Alguien ha pensado en Rosa y el peligro.<\/p>\n<p>Sthephani.<br \/>\nY como si un conato de sospechas hiciera carne la verdad, pensaron al un\u00edsono.<br \/>\n\u2014Pobre Sthephani . . . cuando conozca a Rosa \u2026<br \/>\n\u2014Se volver\u00e1 loco\u2014 murmuraban.<br \/>\n\u2014O se volver\u00e1 Rosa . . . . \u2014 consent\u00edan.<br \/>\niRosa s\u00f3lo pensaba en sus espinas. Sthephani se estaba enloqueciendo por los abismos.<\/p>\n<p>Sthephani es un adolescente con dolor de Hombre.<br \/>\nBusc\u00f3 los \u00e1rboles. Hab\u00eda tanta sabiduria en aquellas c\u00e1scaras arrugadas, en los codos de las ramas, la aspereza era humana, la cadencia de las hojas era musical, el brillo joven de la tersura renovada ol\u00eda fragantemente a Rosa. Y pensando en las espinas y la peque\u00f1a y diminuta melod\u00eda de los \u00e1rboles, al pensar en la Hembra, quiso ser \u00e1rbol. Ser \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Rotundamente \u00e1rbol. Terriblemente \u00e1rbol para mecerse con las rabias roncas de los huracanes que cargan el fardo de las cuchillas el\u00e9ctricas; verse doblegado hasta olfatear el suelo h\u00famedo por la lluvia, verse humillado por el hacha, sentirse degollado por la ansiedad del hombre y su sed por calmar el est\u00f3mago.<\/p>\n<p>Renovarse, despu\u00e9s de la ca\u00edda terrible. Brotar en hojas y c\u00e1nticos como los nuevos ombligos de las estrellas que ruedan y dramatizan las noches tr\u00e1gicas del Deseo voluptuoso por la hembra que se niega y se odia solemnemente, como si ejecutara el rito de los monstruos y lo perverso. Rosa era su pensamiento. Lo dilataba en hilos de provocaciones secretas, sin insinuaciones. Sola. Eso era la insinuaci\u00f3n, la SOLEDAD. La profunda Soledad de la soledad de los Deseos carnales. Algo muerto, presentido y abominable. Hab\u00eda algo funestamente dilatado en sus carnes y sus cabellos. STHEPHANI se alegr\u00f3 con perfecci\u00f3n sat\u00e1nica. Ir\u00eda a ella como hombre, o como \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Puede leer tambi\u00e9n: ALERTA. Un grandioso poema de Eur\u00eddice Cana\u00e1n<br \/>\nLlueve torrencialmente. Ruedan el agua y el barro juntos como si la alegr\u00eda del cielo formara diluidas estatuas l\u00edquidas y rumorantes por el fren\u00e9tico y brutal ruido del trueno que retumba en los elementos como un ca\u00f1onazo terriblemente crudo.<\/p>\n<p>Un \u00e1rbol muere cercenado su tronco por la bestial aguja el\u00e9ctrica. Un nido flota sobre la corriente de cieno a punto de ahogar tres humedecidos pichones.<br \/>\nSthephani hunde sus rodillas en el agua.<br \/>\nExtiende sus manos suaves y dulces.<br \/>\nSus ojos mecen la ternura de las ramas y su pecho blanco y resbaladizo por el agua acoge los pichones y los acurruca.<br \/>\nSonr\u00ede.<br \/>\nAmplio y grande.<br \/>\nLos besa con los ojos sin tristezas.<br \/>\nSthephani siente la vida de las alas y murmura:<br \/>\n\u2014Ahora es el ruido de mi coraz\u00f3n que se calma . Ahora son las aguas renunciantes de mis ojos que te protegen\u2026 yo soy un \u00e1rbol\u2026 \u00e1mame\u2026 Si fui brutal, repr\u00e9ndeme; Sthephani tiene p\u00e1jaros en el alma y en las manos y si acaso el amor por los hombres ha dejado en mis c\u00e1scaras una hendidura, c\u00faralas\u2026 s\u00e1name t\u00fa, rumor de la m\u00fasica en la garganta, sabor del viento en los p\u00e1rpados, l\u00edmpiame de impurezas como tus plumas, sac\u00fademe la carne y purif\u00edcame con tu silencio insepulto\u2026<\/p>\n<p>\u00a1Mi l\u00e1mpara\u2026 mi l\u00e1mpara enciende al pecado una d\u00e9bil luz para que el recinto h\u00famedo de mis brutalidades se ilumine y conduzca los desgarramientos de la pasi\u00f3n\u2026 por el camino de la pureza y el ritmo sosegado de la paz esencial\u2026!<\/p>\n<p>Pero Rosa era de carne.<br \/>\nRosa era de carne y misterio.<br \/>\nEl misterio iba de manos con la Noche tumultuosa y guerrera.<br \/>\nAfilaban sus pu\u00f1ales los luceros suspendidos y tr\u00e1nsfugas. El silbido hipnotizante de los horizontes de la lujuria perforaba la piel de Sthephani que hu\u00eda de la Noche irremediable maldiciendo las estrellas t\u00fargidas y voluptuosas, sintiendo debajo de sus plantas que la tierra h\u00fameda y magn\u00e9tica se pegaba a sus huellas que retroced\u00eda y le conduc\u00edan a la Aldea. Ese nidal humano lleno de gorriones voluptuosos y jaulas libertinas en donde la m\u00fasica de las manos y las guitarras eran cautivantes, como tratando de consagrar templos profanos a los \u00e1rboles y a la Carne que temblaba. Y lirios de otros mundos terriblemente<br \/>\nblancos y brazos horriblemente dulces le llamaban: Ven\u2026 ofrendamos al Hombre y a la Mujer un holocausto de impurezas\u2026 Sthephani gem\u00eda.<br \/>\nGem\u00eda frente a la silueta pecadora de la Aldea.<br \/>\nApretaba contra s\u00ed los gorriones.<br \/>\nAlgo de p\u00e1jaro y verde hab\u00eda en sus entra\u00f1as.<br \/>\nMurmuraba la canci\u00f3n de lo increado.<br \/>\nBalbuc\u00eda las oraciones que apartaban al hombre del pi\u00e9lago abismal de la carne y sus servidores nocturnos. Y en la desnuda calle, Rosa y Sthephani se encontraron. Entre el fragante templo de un cuerpo de mujer ansioso, los h\u00edbridos rayos de tristeza que interpon\u00eda Sthephani entre los nidos y los pichones ya encendidos por el efluvio de volar hacia el humeante lecho de las constelaciones bestiales que tienden a las alas su polvoriento mar de cenizas trepidantes.<\/p>\n<p>Rosa abri\u00f3 las manos entregando la simulada ofrenda de unas rosas delirantes. Sthephani cerr\u00f3 los ojos y sinti\u00f3 el quejido casi estrepitoso de sus cristales \u00edntimos, cayendo horripilantes y graves, casi alegres y fren\u00e9ticos por la masacre de renunciaciones. Junto a las vestiduras de Rosa, cayeron las hilachas que cubr\u00edan la carne n\u00fabil de Sthephani y los gorriones muertos por el horrendo abrazo del Hombre que sent\u00eda aquel deslumbramiento de la bestia humana que lam\u00eda sus entra\u00f1as y las llenaba de espinas, estrellas, p\u00e9talos y nidos, en el asesinato Sagrado de las pasiones amamantadas por un fest\u00edn lleno de limo y mu\u00e9rdago, piedras, tierra, saliva vegetal, rosas y espasmos\u2026! Y frente al cataclismo consagrado al Deseo, algo de odio y ternura gorgojeaba frente al combate de los cuerpos y los cautivantes perfumes del Delirio\u2026! \u00a1Se consagr\u00f3 el olor masculino y a ella le brotaron espinas doradas como el trigo para completar su armon\u00eda tr\u00e1gica de Rosa de carne y locura!<\/p>\n<p>Fue un jard\u00edn devastado por el ritual diab\u00f3lico de sus maestr\u00edas. Fue un deambular por los resbalosos laberintos y encontrar en las grutas rosadas de las pulpas en ciernes el taciturno alimento irreal que fluy\u00f3 de lo inmortal como una gigantesca bofetada de estrellas\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed ten\u00eda que ser el grito de los Conquistadores. \u00a1Grito honesto y anunciaci\u00f3n de cosas desconocidas\u2026 \u00a1Ard\u00edan las fogatas del misterio, y la frase: Te amo parec\u00eda doblegarse ante la guarida de un cuerpo varonil sacrificado ante las garras de una pantera. Taciturna y ebria lo arrastr\u00f3 hacia su cueva. Sthephani era un \u00e1rbol irremediable con la fronda de unos ojos lustrosos por la bestial alegr\u00eda de saberse destruido. \u00a1Era la musculatura del j\u00fabilo que jaspeaba de triunfo su sangre llena de manchas verdes\u2026!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Juam Freddy Armando | STHEPHANI\u2026 LAS HOJAS. SEGUNDA PARTE Rebuznan las burras y sus hocicos est\u00e1n llenos del polvo del largo camino que une al Mundo con ese lugar remoto y olvidado. Vienen dos hombres y otra cosa. La noche ha ca\u00eddo como una fruta en ciernes y se ha abierto. Las chozas est\u00e1n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":47133,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[53],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48049"}],"collection":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=48049"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48049\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/media\/47133"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=48049"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=48049"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=48049"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}