{"id":82265,"date":"2025-09-09T10:08:05","date_gmt":"2025-09-09T14:08:05","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=82265"},"modified":"2025-09-09T10:08:05","modified_gmt":"2025-09-09T14:08:05","slug":"leyes-y-costumbres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/leyes-y-costumbres\/","title":{"rendered":"Leyes y costumbres"},"content":{"rendered":"<p>Por: Sergio Sarita Valdez | Un comportamiento social transmitido de una generaci\u00f3n a otra durante un sinn\u00famero de ciclos se convierte en una costumbre para ese entorno. Por tal raz\u00f3n, a nadie sorprende el dicho com\u00fan de que \u201clas costumbres se vuelven leyes naturales\u201d<\/p>\n<p>Los deberes y los derechos ciudadanos establecidos a trav\u00e9s del Poder Legislativo en los gobiernos democr\u00e1ticos nacionales se registran en la Carta Magna o Constituci\u00f3n. Mediante elecciones, los pa\u00edses establecen gobiernos que, al juramentarse, asumen el sagrado compromiso de cumplir y hacer cumplir todas las leyes contenidas en la ley sustantiva de cada naci\u00f3n. La primera Constituci\u00f3n dominicana se redact\u00f3 el d\u00eda 6 de noviembre de 1844, jurando respetarla y hacerla cumplir nuestro primer presidente constitucional, el general Pedro Santana. Esta acta constitucional naci\u00f3 con un mal cong\u00e9nito para la Rep\u00fablica: el art\u00edculo 210, que dec\u00eda lo siguiente: \u201cDurante la guerra actual y mientras no est\u00e9 firmada la paz, el presidente de la rep\u00fablica puede libremente organizar el ej\u00e9rcito y la armada; movilizar las guardias nacionales y tomar todas las medidas que crea oportunas para la defensa y seguridad de la naci\u00f3n, pudiendo, en consecuencia, dar todas las \u00f3rdenes, providencias y decretos que convengan, sin estar sujeto a responsabilidad alguna\u201d.<\/p>\n<p> Ampar\u00e1ndose en ese art\u00edculo de la Carta Magna, Pedro Santana orden\u00f3 la ejecuci\u00f3n del patricio Francisco del Rosario S\u00e1nchez, de su hermana la hero\u00edna Mar\u00eda Trinidad S\u00e1nchez y de un sinn\u00famero de insignes dominicanos de la \u00e9poca que no comulgaban con la l\u00ednea de pensamiento del jefe de Estado de entonces. El sagrado pergamino que legalmente rige los destinos nacionales ha sufrido las modificaciones que diferentes gobernantes han cre\u00eddo oportunas y convenientes para sus ejecutorias del momento. Tan fr\u00e1gil y vulnerable se ha vuelto nuestro soporte jur\u00eddico, que en una ocasi\u00f3n se oy\u00f3 decir a uno de nuestros gobernantes lo siguiente: \u201cLa Constituci\u00f3n es un pedazo de papel\u201d. El mandato escrito para dirigir los destinos de un pueblo se vuelve letra muerta, susceptible de ser estropeado y pisoteado por el presidente de turno, si no contamos con una poblaci\u00f3n educada, conocedora de sus derechos y deberes ciudadanos, dispuesta a llegar al sacrificio m\u00e1ximo cuando entienda que sus prerrogativas legales han sido vulneradas por las autoridades de turno. Todo pueblo tiene el derecho natural a la rebeli\u00f3n ante la opresi\u00f3n. Nadie est\u00e1 obligado a obedecer mandato alguno que no est\u00e9 amparado por la Constituci\u00f3n. Las escuelas p\u00fablicas y privadas est\u00e1n en el deber de instruir al alumnado acerca del contenido del documento sagrado que rige los destinos del pa\u00eds.   Si hacemos de las leyes una costumbre general, llegaremos al anhelado Estado de derecho en el que ni\u00f1os, ni\u00f1as, hombres, mujeres y ancianos dominicanos se sientan seguros y protegidos por gobiernos que respeten y hagan cumplir las leyes nacionales. Ning\u00fan partido ni coalici\u00f3n de grupos pol\u00edticos deber\u00eda tener luz verde para hacer y deshacer a su antojo con la hacienda p\u00fablica. Desafortunadamente, la historia criolla nos dice que han sido pocos los gobiernos que han completado su per\u00edodo constitucional sin que el virus de la corrupci\u00f3n no haya infectado su tren administrativo.<br \/>\n\u00a1Llegar\u00e1 el d\u00eda en que la honradez, la pulcritud y la transparencia gubernamentales sean ley y costumbre en la tierra de Duarte!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Sergio Sarita Valdez | Un comportamiento social transmitido de una generaci\u00f3n a otra durante un sinn\u00famero de ciclos se convierte en una costumbre para ese entorno. Por tal raz\u00f3n, a nadie sorprende el dicho com\u00fan de que \u201clas costumbres se vuelven leyes naturales\u201d Los deberes y los derechos ciudadanos establecidos a trav\u00e9s del Poder [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":46957,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[53],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/82265"}],"collection":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=82265"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/82265\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":82266,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/82265\/revisions\/82266"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/media\/46957"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=82265"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=82265"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=82265"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}