{"id":83702,"date":"2025-11-04T12:08:33","date_gmt":"2025-11-04T16:08:33","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=83702"},"modified":"2025-11-04T12:08:33","modified_gmt":"2025-11-04T16:08:33","slug":"reflexiones-sobre-el-auge-del-autoritarismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/reflexiones-sobre-el-auge-del-autoritarismo\/","title":{"rendered":"Reflexiones sobre el auge del autoritarismo"},"content":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | En pleno siglo XXI, la democracia, alguna vez considerada la forma culminante de gobierno, vive un momento de vulnerabilidad. Michael Ignatieff advierte que, incluso en sociedades que han adoptado instituciones democr\u00e1ticas, persisten patrones autoritarios, como h\u00e1bitos burocr\u00e1ticos de obediencia, estructuras de poder que no desaparecen con el pluralismo y una cultura pol\u00edtica que teme m\u00e1s a la libertad que a la arbitrariedad.<\/p>\n<p>En el contexto dominicano, af\u00edn al de buena parte de Am\u00e9rica Latina, estos riesgos adquieren expresi\u00f3n concreta. La tensi\u00f3n entre forma y sustancia democr\u00e1tica revela al menos tres dimensiones del peligro autoritario y una misma conclusi\u00f3n: no basta con defender instituciones, hay que transformarlas desde dentro.<\/p>\n<p>En democracia, cambiar leyes o celebrar elecciones no garantiza libertad si permanecen los h\u00e1bitos de sumisi\u00f3n y obediencia que sobreviven al autoritarismo formal. En Rep\u00fablica Dominicana, pese a contar con contrapesos normativos de control externo, interno, social y pol\u00edtico, la cultura pol\u00edtica sigue operando, muchas veces, como si el poder estuviera por encima de la ciudadan\u00eda.<\/p>\n<p>Esa inercia se manifiesta en la captura pol\u00edtica de organismos de control, la debilidad de la rendici\u00f3n de cuentas real y el uso partidario de instituciones que deber\u00edan ser aut\u00f3nomas. Por tanto, el riesgo autoritario no proviene solo de l\u00edderes carism\u00e1ticos o de golpes expl\u00edcitos, sino de la normalizaci\u00f3n de relaciones de dependencia, de la tolerancia a la impunidad y, sobre todo, de la resignaci\u00f3n ciudadana.<\/p>\n<p>El autoritarismo contempor\u00e1neo rara vez se impone por la fuerza bruta. Hoy avanza de forma incremental, a trav\u00e9s del debilitamiento progresivo de los \u00f3rganos de control y la erosi\u00f3n de la confianza p\u00fablica. Quiz\u00e1s hemos sobrevalorado la alternancia como signo de salud democr\u00e1tica, cuando en realidad la democracia vive de la calidad de sus procesos, de la eficacia de sus instituciones y de la credibilidad de sus mecanismos de control.<\/p>\n<p>La degradaci\u00f3n no ocurre en un solo acto, sino en una secuencia de concesiones: una reforma legal que concentra poder aqu\u00ed, una autoridad que se acomoda all\u00e1, un silencio social que legitima la arbitrariedad. As\u00ed, el autoritarismo se instala no como ruptura, sino como costumbre.<\/p>\n<p>El siglo XXI ha visto emerger una nueva versi\u00f3n del autoritarismo: el que opera dentro del Estado democr\u00e1tico. Se expresa en el control pol\u00edtico sobre funciones esenciales, la fragilidad del Estado de derecho, la manipulaci\u00f3n del discurso populista y la institucionalizaci\u00f3n de la \u201cexcepci\u00f3n\u201d, esa excusa permanente que justifica concentrar poder y debilitar la oposici\u00f3n.<\/p>\n<p>El resultado es una crisis de legitimidad: la ciudadan\u00eda, decepcionada por la ineficacia y la corrupci\u00f3n, se distancia de la pol\u00edtica formal y abre espacio a liderazgos que prometen soluciones inmediatas, pero que en el fondo buscan consolidar poder sin controles. La historia ense\u00f1a que el autoritarismo rara vez irrumpe de golpe; suele volver disfrazado de eficacia.<\/p>\n<p>Enfrentar el auge autoritario requiere m\u00e1s que discursos solemnes. Implica acciones concretas y sostenidas: Reforzar la autonom\u00eda institucional, protegiendo de la captura pol\u00edtica a los \u00f3rganos de fiscalizaci\u00f3n y justicia; garantizar transparencia y rendici\u00f3n de cuentas, para que la verdad institucional sea m\u00e1s fuerte que la propaganda; promover una educaci\u00f3n c\u00edvica de calidad, que forme ciudadanos cr\u00edticos y conscientes de su poder y; vigilar los mecanismos de excepci\u00f3n, para que la emergencia no se convierta en costumbre.<\/p>\n<p>Son conceptos que pueden parecer trillados, pero cada uno encierra un acto de resistencia democr\u00e1tica. Su vigencia demuestra que la lucha por la libertad nunca se archiva.<\/p>\n<p>Como bien recordaba Ignatieff, \u201clos patrones autoritarios perduran en sociedades democr\u00e1ticas\u201d. Las instituciones pueden existir en el papel, pero los modos de operar pueden seguir siendo autoritarios. La democracia no se agota en el voto: requiere cultura pol\u00edtica, ciudadan\u00eda activa, instituciones s\u00f3lidas y controles efectivos.<\/p>\n<p>Si estos componentes fallan, el autoritarismo no regresar\u00e1 con tanques ni decretos, sino por la puerta de atr\u00e1s, disfrazado de orden, eficiencia o estabilidad. Y cuando eso ocurre, la libertad no se pierde de un d\u00eda para otro: se acostumbra su ausencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | En pleno siglo XXI, la democracia, alguna vez considerada la forma culminante de gobierno, vive un momento de vulnerabilidad. 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