{"id":84973,"date":"2025-12-25T01:33:58","date_gmt":"2025-12-25T05:33:58","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=84973"},"modified":"2025-12-25T01:33:58","modified_gmt":"2025-12-25T05:33:58","slug":"europa-frente-a-rusia-cuando-el-miedo-sustituye-a-la-diplomacia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/europa-frente-a-rusia-cuando-el-miedo-sustituye-a-la-diplomacia\/","title":{"rendered":"Europa frente a Rusia cuando: el miedo sustituye a la diplomacia"},"content":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Conoc\u00ed a Jeffrey D. Sachs en la Academia Pontificia de las Ciencias, en la Santa Sede.<\/p>\n<p>Coincidimos all\u00ed en distintas fechas, en encuentros que no ten\u00edan nada de superficiales ni de ceremoniales. Eran espacios de reflexi\u00f3n seria, convocados por el Vaticano, donde cient\u00edficos, economistas, pol\u00edticos y diplom\u00e1ticos debat\u00edamos sobre desarrollo, desigualdad, medio ambiente, \u00e9tica y, sobre todo, paz. En una de esas ocasiones estuve tambi\u00e9n con Bernie Sanders.<\/p>\n<p>No se trataba de posar para fotograf\u00edas, sino de confrontar ideas en un clima poco frecuente en la pol\u00edtica contempor\u00e1nea: sin consignas, sin histeria, sin necesidad de aplausos inmediatos.<\/p>\n<p>Traigo a colaci\u00f3n esa experiencia porque el reciente ensayo de Sachs, European Russophobia and Europe\u2019s Rejection of Peace: A Two-Century Failure, no surge del oportunismo ni del alineamiento autom\u00e1tico con ning\u00fan poder. Es el fruto de una reflexi\u00f3n de largo aliento, anclada en la historia europea y en la convicci\u00f3n de que la paz no se construye con discursos morales abstractos, sino con arquitectura pol\u00edtica realista. Sachs no escribe para agradar; escribe para incomodar. Y Europa, hoy, necesita ser incomodada.<\/p>\n<p>La tesis central de Sachs es tan simple como perturbadora: durante m\u00e1s de dos siglos, Europa ha mostrado una tendencia recurrente a rechazar acuerdos de paz o arreglos de seguridad con Rusia incluso en momentos en que esos acuerdos eran posibles. No porque Rusia fuera irreprochable, sino porque reconocer sus intereses de seguridad se volvi\u00f3 pol\u00edticamente inaceptable. A esa actitud persistente Sachs la denomina \u201crusofobia estructural\u201d. No se trata de odio cultural ni de prejuicio emocional, sino de algo m\u00e1s profundo: una deformaci\u00f3n del pensamiento estrat\u00e9gico europeo que considera leg\u00edtimas sus propias alianzas, expansiones institucionales y despliegues militares, mientras interpreta como intr\u00ednsecamente amenazantes o ileg\u00edtimos los movimientos rusos, sobre todo cuando se producen cerca de sus fronteras.<\/p>\n<p>Este doble rasero ha tenido consecuencias devastadoras. Europa ha confundido el juicio moral con la pol\u00edtica de seguridad, y al hacerlo ha ido estrechando el espacio de la diplomacia hasta convertir la confrontaci\u00f3n en una profec\u00eda autocumplida. La historia ofrece ejemplos claros. En el siglo XIX, la Guerra de Crimea marc\u00f3 el inicio de una l\u00f3gica en la que Rusia dej\u00f3 de ser tratada como un actor europeo m\u00e1s para convertirse en una amenaza casi metaf\u00edsica. En el per\u00edodo de entreguerras, el fracaso de una verdadera seguridad colectiva que incluyera a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica abri\u00f3 el camino a la cat\u00e1strofe del fascismo. Tras la Segunda Guerra Mundial, la divisi\u00f3n y remilitarizaci\u00f3n de Europa consolidaron un orden de bloques que convirti\u00f3 al continente en el principal teatro de la Guerra Fr\u00eda. Y tras 1991, cuando parec\u00eda posible una arquitectura de seguridad inclusiva, Europa opt\u00f3 por un sistema construido alrededor de Rusia, pero no con Rusia.<\/p>\n<p>El final de la Guerra Fr\u00eda fue una oportunidad hist\u00f3rica \u00fanica. La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica se disolvi\u00f3 sin una derrota militar directa; Rusia acept\u00f3 la p\u00e9rdida de su control sobre Europa del Este y habl\u00f3, en boca de Mija\u00edl Gorbachov, de una \u201ccasa com\u00fan europea\u201d basada en la seguridad indivisible. En lugar de aprovechar ese momento para construir un orden compartido, Europa \u2014siguiendo en gran medida la l\u00f3gica atl\u00e1ntica\u2014 acept\u00f3 la ampliaci\u00f3n progresiva de la OTAN como si fuera un proceso natural, inevitable y moralmente indiscutible. Las objeciones rusas fueron descartadas no como preocupaciones de seguridad, sino como nostalgia imperial o mala fe. As\u00ed, el desacuerdo dej\u00f3 de ser negociable y se transform\u00f3 en una cuesti\u00f3n moral absoluta.<\/p>\n<p>El resultado de esa elecci\u00f3n es el que hoy padecemos. Europa es m\u00e1s insegura que hace veinte a\u00f1os, no menos. Es m\u00e1s dependiente energ\u00e9ticamente de proveedores lejanos, m\u00e1s vulnerable industrialmente, m\u00e1s dividida pol\u00edticamente y m\u00e1s subordinada estrat\u00e9gicamente a decisiones tomadas fuera de su territorio. El rearme se presenta como soluci\u00f3n, cuando en realidad es un s\u00edntoma del fracaso pol\u00edtico. Y lo m\u00e1s inquietante es el regreso del riesgo nuclear al centro de la vida europea, algo que las generaciones nacidas despu\u00e9s de 1989 cre\u00edan superado.<\/p>\n<p>Nada de esto implica justificar la guerra ni absolver responsabilidades. La invasi\u00f3n de Ucrania es una tragedia humana y pol\u00edtica. Pero negar el contexto hist\u00f3rico y estrat\u00e9gico que la precede no acerca la paz; al contrario, la aleja. Sachs insiste \u2014y con raz\u00f3n\u2014 en que la paz no requiere confianza ciega, sino reconocimiento de realidades. Reconocer que Rusia, nos guste o no, es un actor central de la seguridad europea no equivale a rendirse ante ella. Equivale a aceptar que ning\u00fan orden estable puede construirse ignorando los temores del otro, por inc\u00f3modos que resulten.<\/p>\n<p>Desde Am\u00e9rica Latina y el Caribe, esta reflexi\u00f3n deber\u00eda interpelarnos profundamente. Nuestra historia est\u00e1 marcada por los costos de las pol\u00edticas de bloques, por la sustituci\u00f3n de la diplomacia por la fuerza y por la tendencia de las grandes potencias a definir la seguridad sin escuchar a quienes quedan en medio. Sabemos que cuando el di\u00e1logo se abandona y la pol\u00edtica se moraliza, los pueblos pagan el precio.<\/p>\n<p>Europa, que fue capaz de reconciliar a enemigos hist\u00f3ricos despu\u00e9s de 1945, parece hoy haber perdido esa audacia pol\u00edtica. Confunde firmeza con rigidez, valores con consignas y seguridad con militarizaci\u00f3n permanente. La verdadera fortaleza europea no resid\u00eda en los misiles, sino en su capacidad de transformar conflictos en acuerdos duraderos. Al renunciar a esa tradici\u00f3n, el continente se debilita a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>En la Academia de Ciencias del Vaticano aprend\u00ed algo que hoy cobra renovada vigencia: la paz no nace de la unanimidad ni del silencio del adversario, sino del coraje de sentarse a hablar con quien piensa distinto. Europa necesita recuperar ese coraje. Si no lo hace, seguir\u00e1 atrapada en un ciclo de confrontaci\u00f3n que la empobrece, la divide y la relega a un papel secundario en el mundo. Rechazar la paz cuando a\u00fan es posible nunca ha sido una demostraci\u00f3n de principios; siempre ha sido, m\u00e1s bien, una forma de renunciar a la pol\u00edtica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Conoc\u00ed a Jeffrey D. Sachs en la Academia Pontificia de las Ciencias, en la Santa Sede. Coincidimos all\u00ed en distintas fechas, en encuentros que no ten\u00edan nada de superficiales ni de ceremoniales. 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