{"id":85572,"date":"2026-01-20T12:15:26","date_gmt":"2026-01-20T16:15:26","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=85572"},"modified":"2026-01-20T12:15:26","modified_gmt":"2026-01-20T16:15:26","slug":"encrucijada-europea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/encrucijada-europea\/","title":{"rendered":"Encrucijada europea"},"content":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | Europa vive hoy una encrucijada geopol\u00edtica que, parad\u00f3jicamente, resulta m\u00e1s ilustrativa para Am\u00e9rica Latina por contraste que por semejanza. El continente europeo enfrenta tensiones externas como la guerra en Ucrania, la redefinici\u00f3n de la relaci\u00f3n transatl\u00e1ntica, la forma de gobierno de Donald Trump, las tarifas arancelarias, el ascenso de China, las presiones sobre Groenlandia y la presi\u00f3n migratoria, pero lo hace desde una arquitectura institucional que, con todas sus imperfecciones, existe. Por el contrario, Am\u00e9rica Latina atraviesa sus propias crisis sin un andamiaje regional capaz de generar coincidencias estrat\u00e9gicas m\u00ednimas ni de sostener una visi\u00f3n compartida de futuro.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n europea es compleja, pero no ca\u00f3tica. La Uni\u00f3n Europea, junto a sus organismos regionales y suprarregionales, ha permitido que pa\u00edses con historias, lenguas, intereses econ\u00f3micos y tradiciones pol\u00edticas muy distintas encuentren espacios de coordinaci\u00f3n. No existe la unanimidad ni la armon\u00eda permanente, pero s\u00ed se puede verificar la existencia de reglas, foros y mecanismos que canalizan las diferencias. Europa discute, negocia y, muchas veces, se paraliza; pero rara vez se desintegra del todo. Incluso en los momentos de mayor tensi\u00f3n, como el caso del Brexit, el desacuerdo se proces\u00f3 dentro de marcos institucionales y democr\u00e1ticos.<\/p>\n<p>La Europa de hoy acu\u00f1\u00f3 la advertencia de Tony Judt, cuando dec\u00eda que Europa no deb\u00eda entenderse como un proyecto sentimental, sino como una construcci\u00f3n pol\u00edtica basada en la memoria hist\u00f3rica y en el miedo compartido al retorno de sus propios demonios. Esa conciencia del pasado, forjada tras dos guerras mundiales, sigue operando como pegamento. Las divergencias ideol\u00f3gicas entre socialdem\u00f3cratas, conservadores, liberales y nacionalistas no implican la anulaci\u00f3n del adversario, sino su coexistencia conflictiva dentro del sistema. En Europa, la alternancia es regla; la sustituci\u00f3n total del otro, excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Am\u00e9rica Latina ofrece el espejo invertido. A pesar de compartir lengua, herencia cultural y problemas estructurales similares, la regi\u00f3n avanza cada vez m\u00e1s fragmentada. Los mecanismos de integraci\u00f3n han sido fr\u00e1giles, intermitentes o directamente instrumentalizados por coyunturas ideol\u00f3gicas. En lugar de consolidar pol\u00edticas de largo plazo, relacionadas a la infraestructura, el comercio, la energ\u00eda o la defensa democr\u00e1tica, se han convertido en extensiones del ciclo electoral. Cada cambio de gobierno redefine alianzas, desmonta lo anterior y vuelve a empezar desde cero.<\/p>\n<p>La diferencia es institucional y profundamente pol\u00edtica. En gran parte de Am\u00e9rica Latina, la disputa ideol\u00f3gica tiende a ser excluyente. No se concibe al adversario como un actor leg\u00edtimo con el que se compite y se convive, sino como una anomal\u00eda que debe ser desplazada, neutralizada o, en el peor de los casos, eliminada del sistema. La alternancia democr\u00e1tica se vuelve as\u00ed una revancha, no un relevo. Un sector del espectro ideol\u00f3gico sustituye al otro, no lo reemplaza temporalmente.<\/p>\n<p>Judt tambi\u00e9n se\u00f1alaba que la democracia liberal no sobrevive s\u00f3lo por sus normas, sino por la cultura pol\u00edtica que las respalda. Europa, con todas sus crisis, ha preservado una cultura del compromiso, del pacto inc\u00f3modo y de la renuncia parcial. Am\u00e9rica Latina, en cambio, parece atrapada en una l\u00f3gica de suma cero, donde gobernar implica refundar y oponerse implica destruir. Esa din\u00e1mica erosiona la confianza, debilita las instituciones y hace inviable cualquier proyecto de integraci\u00f3n sostenida.<\/p>\n<p>La encrucijada europea, entonces, no es solo geopol\u00edtica; es una lecci\u00f3n pol\u00edtica. Europa muestra que es posible sostener diferencias profundas sin romper el marco com\u00fan y que la integraci\u00f3n no elimina los conflictos, pero los ordena. Am\u00e9rica Latina enfrenta el desaf\u00edo contrario, que es aprender a construir lo m\u00ednimo compartido antes de pretender grandes consensos, adem\u00e1s de aceptar que la democracia no consiste en derrotar definitivamente al otro, sino en convivir con \u00e9l.<\/p>\n<p>Mientras Europa debate su lugar en un mundo cada vez m\u00e1s multipolar desde instituciones que la contienen, Am\u00e9rica Latina sigue navegando sus crisis en soledad fragmentada. La paradoja es que quienes m\u00e1s se parecen, menos se integran; quienes m\u00e1s difieren, han aprendido, al menos parcialmente, a tener coincidencias. Esa es la verdadera an\u00e9cdota geopol\u00edtica que la regi\u00f3n deber\u00eda tomarse en serio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | Europa vive hoy una encrucijada geopol\u00edtica que, parad\u00f3jicamente, resulta m\u00e1s ilustrativa para Am\u00e9rica Latina por contraste que por semejanza. 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