{"id":85743,"date":"2026-01-27T11:18:23","date_gmt":"2026-01-27T15:18:23","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=85743"},"modified":"2026-01-27T11:18:23","modified_gmt":"2026-01-27T15:18:23","slug":"en-defensa-del-multilateralismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/en-defensa-del-multilateralismo\/","title":{"rendered":"En defensa del multilateralismo"},"content":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | La reuni\u00f3n anual del Foro Econ\u00f3mico Mundial en Davos vuelve a poner sobre la mesa la paradoja inquietante de los problemas que enfrenta la humanidad, que son cada vez m\u00e1s globales, como la crisis clim\u00e1tica, las tensiones geopol\u00edticas y disrupciones tecnol\u00f3gicas, las migraciones masivas y vulnerabilidades financieras. Hoy en d\u00eda, las respuestas pol\u00edticas tienden a ser cada vez m\u00e1s nacionales, fragmentadas y, en muchos casos, abiertamente confrontacionales. Nunca como ahora el mundo hab\u00eda necesitado tanto del multilateralismo; y, sin embargo, pocas veces hab\u00eda estado tan debilitado.<\/p>\n<p>   Diversos l\u00edderes que participaron en Davos han coincidido en que estamos atravesando un cambio de \u00e9poca. El primer ministro de Canad\u00e1 lo expres\u00f3 con claridad al advertir sobre la ruptura del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial, indicando que el orden basado en reglas preexistentes muestra signos evidentes de agotamiento. Ese orden, basado en reglas compartidas, instituciones multilaterales y una cierta racionalidad cooperativa, es hoy cuestionado por una ola de liderazgos con rasgos autocr\u00e1ticos, para quienes la pol\u00edtica internacional no es un espacio de negociaci\u00f3n sino un campo de imposici\u00f3n.<br \/>\n La figura de Donald Trump simboliza, quiz\u00e1s como ninguna otra, este giro. Su visi\u00f3n del mundo, centrada en el proteccionismo, el repliegue nacional y la l\u00f3gica transaccional de suma cero, ha contribuido a erosionar principios b\u00e1sicos del sistema multilateral como la cooperaci\u00f3n, el respeto a los acuerdos, la soluci\u00f3n pac\u00edfica de controversias y la primac\u00eda del derecho internacional. Pero Trump no es una excepci\u00f3n aislada, sino parte de una tendencia m\u00e1s amplia que incluye a l\u00edderes que, desde distintos contextos, privilegian el discurso identitario, el nacionalismo econ\u00f3mico y la desconfianza hacia cualquier forma de gobernanza global.<\/p>\n<p>  El resultado es un multilateralismo en crisis. Los organismos internacionales parecen cada vez m\u00e1s incapaces de cumplir su misi\u00f3n original. El Consejo de Seguridad de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas, en particular, enfrenta un descr\u00e9dito creciente, marcado por la par\u00e1lisis de los vetos cruzados, atrapada en l\u00f3gicas burocr\u00e1ticas y desbordada por conflictos que no logra prevenir ni resolver. La guerra en Ucrania, el drama persistente en Medio Oriente, la incapacidad de articular una respuesta efectiva frente al cambio clim\u00e1tico o de garantizar m\u00ednimos consensos en materia de derechos humanos son s\u00edntomas de una arquitectura institucional que ha perdido eficacia y legitimidad.<br \/>\nNo se trata \u00fanicamente de un problema de dise\u00f1o institucional, sino de voluntad pol\u00edtica. Los Estados m\u00e1s poderosos han aprendido a instrumentalizar o a ignorar las reglas multilaterales cuando estas entran en conflicto con sus intereses inmediatos. Aunque se mantiene el discurso de la cooperaci\u00f3n, en la realidad, se practica la pol\u00edtica del hecho consumado.<\/p>\n<p>Frente a este escenario, adquiere especial relevancia el papel de aquellos liderazgos que, sin idealizar el multilateralismo, siguen apostando por \u00e9l como \u00fanica v\u00eda racional para gestionar un mundo interdependiente. Un ejemplo de ello es Lula da Silva, quien ha asumido una diplomacia activa, orientada a recomponer puentes, reducir tensiones y promover el di\u00e1logo incluso entre actores enfrentados. Sus llamados a mejorar las relaciones entre pa\u00edses con visiones opuestas, su \u00e9nfasis en el Sur Global y su defensa de una gobernanza internacional m\u00e1s inclusiva representan una excepci\u00f3n en un clima dominado por la confrontaci\u00f3n. Lula reconoce las asimetr\u00edas de poder y las limitaciones reales de las instituciones multilaterales, partiendo de un mundo profundamente interconectado, donde nadie gana solo.<\/p>\n<p>Defender el multilateralismo hoy no implica defender un statu quo fallido, sino rescatar su esp\u00edritu original y reformarlo con realismo. Significa repensar instituciones como la ONU, dotarlas de mayor representatividad, transparencia y capacidad de acci\u00f3n. Pero, sobre todo, implica reconstruir una cultura pol\u00edtica internacional basada en la cooperaci\u00f3n, la empat\u00eda estrat\u00e9gica y el reconocimiento de la interdependencia.<\/p>\n<p>Davos, m\u00e1s all\u00e1 de su simbolismo elitista, funciona como un term\u00f3metro del clima global. Y lo que revela es un mundo tensionado entre dos l\u00f3gicas, la primera, que es la del repliegue, la segunda, que es la del entendimiento. En esa encrucijada, el multilateralismo no es una opci\u00f3n ideol\u00f3gica, sino una necesidad hist\u00f3rica. Su crisis es real, pero su desaparici\u00f3n ser\u00eda, sencillamente, una receta para el desorden permanente. En tiempos de incertidumbre, defenderlo es, parad\u00f3jicamente, un acto de realismo pol\u00edtico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | La reuni\u00f3n anual del Foro Econ\u00f3mico Mundial en Davos vuelve a poner sobre la mesa la paradoja inquietante de los problemas que enfrenta la humanidad, que son cada vez m\u00e1s globales, como la crisis clim\u00e1tica, las tensiones geopol\u00edticas y disrupciones tecnol\u00f3gicas, las migraciones masivas y vulnerabilidades financieras. 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