{"id":85780,"date":"2026-01-28T10:28:57","date_gmt":"2026-01-28T14:28:57","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=85780"},"modified":"2026-01-28T10:28:57","modified_gmt":"2026-01-28T14:28:57","slug":"el-sube-y-baja-del-dolar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/el-sube-y-baja-del-dolar\/","title":{"rendered":"El sube y baja del d\u00f3lar"},"content":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Durante mucho tiempo, el d\u00f3lar fue tratado como un santo. No se le discut\u00eda, no se le tocaba, no se le bajaba la voz.<\/p>\n<p>Era fuerte porque deb\u00eda serlo, no porque hiciera falta. Su fortaleza no se med\u00eda en f\u00e1bricas abiertas ni en barcos cargados, sino en una fe casi religiosa que confund\u00eda prestigio con poder real.<\/p>\n<p>Pero los imperios, cuando envejecen lo suficiente, aprenden una lecci\u00f3n inc\u00f3moda: las monedas no gobiernan al mundo; lo gobiernan quienes producen.<\/p>\n<p>En este punto de la historia, la econom\u00eda de Estados Unidos ha comenzado a hablar en un idioma menos solemne y m\u00e1s pr\u00e1ctico. El d\u00f3lar \u2014ese viejo t\u00f3tem\u2014 ha dejado de ser intocable y ha empezado, discretamente, a trabajar.<\/p>\n<p>No es un accidente. Tampoco una debilidad. Es una decisi\u00f3n. Bajo la l\u00f3gica pol\u00edtica de Donald Trump, el d\u00f3lar no est\u00e1 llamado a lucirse en los salones de la ortodoxia financiera europea, sino a servir en los talleres, los puertos y las plantas industriales.<\/p>\n<p>Un d\u00f3lar un poco m\u00e1s barato no humilla a Estados Unidos; lo vuelve exportador, competitivo, inc\u00f3modo para sus rivales y \u00fatil para sus trabajadores.<\/p>\n<p>Cuando el d\u00f3lar baja la voz, las exportaciones estadounidenses hablan m\u00e1s alto. Los productos viajan con menos peso. Las importaciones se encarecen y dejan de aplastar a la industria local. El empleo respira.<\/p>\n<p>La econom\u00eda real \u2014esa que no sale en las pantallas de Bloomberg\u2014 recupera protagonismo frente a la econom\u00eda de los s\u00edmbolos.<\/p>\n<p>El mundo, por supuesto, escucha. No entra en p\u00e1nico, pero toma nota. Y cuando la moneda hegem\u00f3nica deja de presentarse como dogma eterno, los mercados hacen lo que siempre han hecho desde Babilonia: diversifican.<\/p>\n<p>El oro vuelve a caminar con paso firme, no por miedo apocal\u00edptico, sino por prudencia antigua.<\/p>\n<p>Los BRICS avanzan sin ruido, sin discursos incendiarios.<\/p>\n<p>China, con paciencia milenaria, no sue\u00f1a con un d\u00f3lar muerto, sino con un d\u00f3lar predecible mientras fortalece su m\u00fasculo productivo.<\/p>\n<p>Europa, mientras tanto, se incomoda: su moneda es fuerte, pero su industria flaquea.<\/p>\n<p>Y en medio de este reordenamiento silencioso aparece el Caribe. Aparece la Rep\u00fablica Dominicana.<\/p>\n<p>Para un pa\u00eds como el nuestro, el d\u00f3lar m\u00e1s d\u00e9bil no es una amenaza, sino una ventana hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Mientras muchos viven sobresaltados por devaluaciones y crisis, la Rep\u00fablica Dominicana mantiene previsibilidad, estabilidad y cercan\u00eda estrat\u00e9gica con Estados Unidos.<\/p>\n<p>El nearshoring devuelve valor a la geograf\u00eda. El tiempo vuelve a importar. Estar cerca es una ventaja.<\/p>\n<p>Un d\u00f3lar menos r\u00edgido permite competir sin trauma social, fortalecer exportaciones, turismo e industria. Pero nada ocurre solo.<\/p>\n<p>Sin pol\u00edtica industrial inteligente, la ventana se cierra. Con ella, el pa\u00eds escala.<\/p>\n<p>No estamos viendo el fin del d\u00f3lar. Estamos viendo el fin del d\u00f3lar sagrado. Y cuando una moneda deja de ser altar y vuelve a ser herramienta, el mundo no se cae: se reacomoda.<\/p>\n<p>En los reacomodos, ganan los que saben leer el viento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Durante mucho tiempo, el d\u00f3lar fue tratado como un santo. No se le discut\u00eda, no se le tocaba, no se le bajaba la voz. Era fuerte porque deb\u00eda serlo, no porque hiciera falta. 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