{"id":85950,"date":"2026-02-03T11:32:06","date_gmt":"2026-02-03T15:32:06","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=85950"},"modified":"2026-02-03T11:32:06","modified_gmt":"2026-02-03T15:32:06","slug":"el-gran-saqueo-del-oro-de-la-republica-dominicana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/el-gran-saqueo-del-oro-de-la-republica-dominicana\/","title":{"rendered":"El Gran Saqueo del Oro de la Rep\u00fablica Dominicana"},"content":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Hay frases que no se gastan con el tiempo; se afilan. La de Danilo Vicioso, dicha casi en susurro en febrero de 1973, frente al Banco Central de la Rep\u00fablica Dominicana y bajo la sombra vigilante de la casa del embajador estadounidense, pertenece a esa estirpe peligrosa de verdades tempranas.<\/p>\n<p> \u201cEste pa\u00eds es una mina, V\u00edctor\u2026 debajo de nuestros pies el territorio dominicano es oro\u2026 oro\u2026 oro\u201d. <\/p>\n<p>No era una met\u00e1fora para levantar el \u00e1nimo ni una hip\u00e9rbole de sobremesa: era un diagn\u00f3stico dicho a contraluz de la historia.<\/p>\n<p>Cincuenta y tantos a\u00f1os despu\u00e9s, los peri\u00f3dicos \u2014los mismos que han ido archivando como se guardan las pruebas de un juicio que nunca termina\u2014 confirman aquella intuici\u00f3n con cifras que no admiten lirismo. <\/p>\n<p>Diecisiete provincias en exploraci\u00f3n aur\u00edfera. Exportaciones que suben y bajan al ritmo nervioso del precio internacional. Mapas donde el territorio nacional aparece punteado como un cuerpo marcado para la cirug\u00eda. <\/p>\n<p>Visto desde la geolog\u00eda y no desde la ret\u00f3rica, el pa\u00eds parece un archivo abierto de vetas, concesiones y promesas. El suelo habla, pero la pregunta \u2014siempre la misma\u2014 es qui\u00e9n lo escucha y para qu\u00e9.<\/p>\n<p>El recuerdo de 1973 no es inocente. Aquellos d\u00edas estaban cargados de una electricidad pol\u00edtica que se sent\u00eda en la piel: el anuncio del retorno de Francisco Caama\u00f1o, la ciudad en vigilancia permanente, las miradas largas frente a las sedes diplom\u00e1ticas. <\/p>\n<p>En ese clima, Vicioso no hablaba de lingotes ni de cofres, sino de potencial. De un pa\u00eds que, aun sin saberlo del todo, caminaba sobre su mayor activo. La historia dominicana ha sido pr\u00f3diga en ese arte cruel: detectar tarde lo que ten\u00eda temprano.<\/p>\n<p>Hoy, los n\u00fameros han puesto orden donde antes hab\u00eda presentimiento. Gr\u00e1ficas que comparan lo que se recauda con lo que se pudo recaudar. <\/p>\n<p>Porcentajes que le ponen nombre fiscal a una vieja sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida. Titulares que preguntan si seguiremos \u201ccruzados de brazos\u201d, como si el problema fuera la inmovilidad y no la asimetr\u00eda. <\/p>\n<p>Porque el dilema nunca fue si hay oro \u2014eso estaba claro desde aquella acera de 1973\u2014 sino c\u00f3mo se administra el destino que llega con \u00e9l.<\/p>\n<p>Hay una continuidad inquietante entre esa escena y las p\u00e1ginas de 2026. En ambas, el pa\u00eds aparece al mismo tiempo como escenario y como bot\u00edn.<\/p>\n<p>Cambian los actores, los contratos, las siglas y los discursos; no cambia la pregunta moral: \u00bfqu\u00e9 hace una naci\u00f3n con la riqueza que no se ve a simple vista? <\/p>\n<p>La miner\u00eda, cuando se cuenta solo en toneladas y d\u00f3lares, pierde la mitad de su verdad. La otra mitad vive en el equilibrio fr\u00e1gil entre soberan\u00eda, fiscalidad, medio ambiente y memoria.<\/p>\n<p>Por eso la frase vuelve intacta. No como consigna, sino como advertencia. El oro bajo los pies no garantiza prosperidad; exige gobierno. <\/p>\n<p>Exige reglas que resistan el calendario electoral y contratos que no confundan inversi\u00f3n con renuncia. Exige, sobre todo, una mirada larga: la misma que permiti\u00f3 a un hombre, en medio de la incertidumbre de 1973, nombrar lo que muchos prefer\u00edan no ver.<\/p>\n<p>Hubo un tiempo en que el oro dominicano sal\u00eda del coraz\u00f3n de la Cordillera Central como si fuera una mercanc\u00eda sin patria, sin biograf\u00eda y sin cuentas que rendir. No se iba en silencio \u2014las voladuras retumbaban hasta Cotu\u00ed\u2014, pero s\u00ed sin esc\u00e1ndalo p\u00fablico, protegido por contratos opacos, tecnicismos legales y una idea tan conveniente como peligrosa: que el pa\u00eds deb\u00eda conformarse con migajas a cambio de \u201cprogreso\u201d.<\/p>\n<p>La historia no comienza con una malicia expl\u00edcita, sino con una desigualdad estructural. Cuando la miner\u00eda industrial del oro tom\u00f3 forma en los a\u00f1os setenta, la Rep\u00fablica Dominicana carec\u00eda del m\u00fasculo t\u00e9cnico, financiero y jur\u00eddico para sentarse de igual a igual frente a las grandes corporaciones mineras. <\/p>\n<p>En ese vac\u00edo se gest\u00f3 un esquema que se repetir\u00eda con obstinaci\u00f3n caribe\u00f1a: concesiones generosas, regal\u00edas irrisorias, exenciones amplias y una fiscalizaci\u00f3n d\u00e9bil. El oro era dominicano; la renta, no.<\/p>\n<p>La mina de Pueblo Viejo se convirti\u00f3 con los a\u00f1os en el s\u00edmbolo de una paradoja nacional. El Estado, al asumir control accionario, crey\u00f3 haber recuperado soberan\u00eda. Pero la soberan\u00eda no se ejerce solo con t\u00edtulos de propiedad; se ejerce con conocimiento, controles, mercados transparentes y decisiones estrat\u00e9gicas. Sin eso, la propiedad puede ser apenas nominal, como una bandera clavada en tierra ajena. El oro sal\u00eda; el valor agregado se quedaba fuera.<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas, los contratos privilegiaron la extracci\u00f3n r\u00e1pida sobre el desarrollo sostenible. Se export\u00f3 metal, no conocimiento. Se vendi\u00f3 concentrado, no se construy\u00f3 una cadena productiva. <\/p>\n<p>Los beneficios prometidos \u2014empleo, infraestructura, transferencia tecnol\u00f3gica\u2014 llegaron a cuentagotas, mientras las comunidades cargaban con el costo ambiental: suelos heridos, aguas enfermas, promesas de remediaci\u00f3n siempre aplazadas para un ma\u00f1ana que no terminaba de llegar.<\/p>\n<p>El gran saqueo no fue un asalto nocturno ni una escena de piratas. Fue un proceso legalizado, paciente y pulcro. No hubo cofres robados, sino balances maquillados. <\/p>\n<p>El pa\u00eds recibi\u00f3 ingresos, s\u00ed, pero muy por debajo del valor real del recurso extra\u00eddo. Y lo m\u00e1s grave: se normaliz\u00f3 la idea de que eso era lo \u201crazonable\u201d, lo \u201cposible\u201d, lo \u201cque se pod\u00eda conseguir\u201d en un mundo dominado por capitales globales. La resignaci\u00f3n tambi\u00e9n fue parte del contrato, aunque nunca apareciera escrita.<\/p>\n<p>Hubo voces que advirtieron. Economistas, t\u00e9cnicos, dirigentes pol\u00edticos y sociales insistieron en que el oro no pod\u00eda seguir siendo una simple exportaci\u00f3n primaria sin estrategia nacional. <\/p>\n<p>Hablaron de renegociaciones, auditor\u00edas, participaci\u00f3n efectiva en la comercializaci\u00f3n, fondos soberanos para convertir renta minera en desarrollo humano. <\/p>\n<p>Pero esas voces chocaron con inercias poderosas: intereses creados, miedo a litigios internacionales y una cultura pol\u00edtica m\u00e1s c\u00f3moda con el corto plazo que con la historia.<\/p>\n<p>Con el tiempo, el guion se repiti\u00f3 bajo nuevas siglas y nuevos discursos. Cambiaron los operadores, se modernizaron los equipos, se ajustaron porcentajes. <\/p>\n<p>Pero la pregunta de fondo sigui\u00f3 intacta, como una piedra en el zapato nacional: \u00bfcu\u00e1nto del oro dominicano se transforma realmente en bienestar dominicano? \u00bfCu\u00e1nto queda en escuelas, hospitales, ciencia, infraestructura productiva? \u00bfY cu\u00e1nto se pierde en la larga cadena de intermediaciones, exenciones y precios que nadie termina de explicar?<\/p>\n<p>El gran saqueo del oro no es solo una cuenta pendiente con el pasado; es una advertencia para el presente. Los recursos naturales no son una maldici\u00f3n ni una bendici\u00f3n autom\u00e1tica. <\/p>\n<p>Son una prueba. Sin instituciones fuertes, transparencia contractual y visi\u00f3n de largo plazo, el oro puede brillar en las estad\u00edsticas de exportaci\u00f3n mientras empobrece la soberan\u00eda econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>La Rep\u00fablica Dominicana aprendi\u00f3 \u2014a un costo alto\u2014 que el verdadero valor del oro no est\u00e1 en el metal, sino en lo que un pa\u00eds es capaz de construir con \u00e9l. <\/p>\n<p>El d\u00eda que esa lecci\u00f3n se convierta en pol\u00edtica de Estado y consenso nacional, el saqueo dejar\u00e1 de ser una historia recurrente y pasar\u00e1, por fin, a ser una p\u00e1gina cerrada. <\/p>\n<p>Mientras tanto, seguimos caminando sobre el oro, pregunt\u00e1ndonos si esta vez aprenderemos a mirarlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Hay frases que no se gastan con el tiempo; se afilan. 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