{"id":86357,"date":"2026-02-18T12:51:52","date_gmt":"2026-02-18T16:51:52","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=86357"},"modified":"2026-02-18T12:51:52","modified_gmt":"2026-02-18T16:51:52","slug":"patas-arriba-con-su-permiso-galeano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/patas-arriba-con-su-permiso-galeano\/","title":{"rendered":"Patas arriba: con su permiso, Galeano"},"content":{"rendered":"<p>Por: Juancito Perez | Hay pa\u00edses que no est\u00e1n al rev\u00e9s por accidente, sino por dise\u00f1o. Sociedades donde la l\u00f3gica se invierte y la injusticia se administra con protocolo. Eduardo Galeano llam\u00f3 a ese fen\u00f3meno el mundo al rev\u00e9s. Hoy, sin pedirle perd\u00f3n sino permiso, volvemos a mirarlo de frente.<\/p>\n<p>En buena parte de la clase pol\u00edtica contempor\u00e1nea, la coherencia dej\u00f3 de ser virtud y el trabajo dej\u00f3 de ser m\u00e9rito. Se premia al que no trabaja y se castiga al militante que s\u00ed suda la camiseta en una campa\u00f1a. Se asciende al desleal y se margina al leal. Se halaga al vago y se sospecha del trabajador. Se corteja al enemigo y se enfr\u00eda al amigo. Y lo m\u00e1s cruel: se fustiga, se aplasta y se humilla a quien cree, a quien defiende, a quien permanece.<\/p>\n<p>Este mundo patas arriba tiene reglas claras, aunque no escritas. La primera: el oportunismo cotiza m\u00e1s alto que la convicci\u00f3n. La segunda: la lealtad estorba. La tercera: pensar demasiado es peligroso. Y la cuarta: trabajar no garantiza nada, excepto cansancio.<\/p>\n<p>En este escenario, el militante \u2014esa figura cada vez m\u00e1s inc\u00f3moda\u2014 pasa de ser columna vertebral a estorbo. Es \u00fatil en campa\u00f1a, invisible en la victoria y prescindible en el gobierno. Se le pide sacrificio, tiempo, recursos, pero se le paga con silencio. Mientras tanto, quienes nunca caminaron un barrio ni defendieron una idea en la calle, aparecen de pronto con oficinas, cargos y micr\u00f3fonos. El mundo al rev\u00e9s no castiga la incoherencia: la celebra.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica, que deber\u00eda ser un ejercicio de servicio, se convierte en una feria de vanidades. Importa m\u00e1s la foto que la obra, m\u00e1s el discurso que el resultado, m\u00e1s la cercan\u00eda circunstancial que la trayectoria probada. Se confunde astucia con inteligencia y c\u00e1lculo con liderazgo. Y as\u00ed, poco a poco, se va desmoralizando a los mejores y empoderando a los peores.<\/p>\n<p>Pero este orden invertido no es inocente. Castigar al que trabaja y premiar al que no, tiene un efecto disciplinador: ense\u00f1a que no vale la pena esforzarse, que creer es ingenuo y que la dignidad no paga facturas. Es una pedagog\u00eda perversa que erosiona la esperanza y vac\u00eda de sentido la participaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s tr\u00e1gico es que, en este mundo patas arriba, se normaliza la ingratitud. Olvidar al que estuvo cuando no hab\u00eda nada se vuelve pr\u00e1ctica com\u00fan. Reescribir la historia para acomodar el presente se vuelve estrategia. Y el cinismo, lejos de avergonzarse, se exhibe como se\u00f1al de madurez pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Sin embargo, incluso en este escenario invertido, hay quienes insisten. Insisten en trabajar, en ser leales, en creer que la pol\u00edtica puede ser algo m\u00e1s que reparto. Son minor\u00eda, s\u00ed, pero tambi\u00e9n son memoria. Y mientras exista memoria, existe posibilidad de enderezar lo torcido.<\/p>\n<p>Galeano nos advirti\u00f3 que el mundo al rev\u00e9s ense\u00f1a a mirar con los pies y a caminar con la cabeza. Tal vez ha llegado el momento de volver a ponerlo de pie. No para idealizar la pol\u00edtica, sino para devolverle algo esencial: la decencia.<\/p>\n<p>Porque cuando se premia al vago y se castiga al trabajador, cuando se exalta al desleal y se pisotea al leal, no solo se traiciona a personas: se traiciona al futuro.Y ning\u00fan pa\u00eds sobrevive mucho tiempo viviendo \u2014y gobern\u00e1ndose\u2014 patas arriba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Juancito Perez | Hay pa\u00edses que no est\u00e1n al rev\u00e9s por accidente, sino por dise\u00f1o. Sociedades donde la l\u00f3gica se invierte y la injusticia se administra con protocolo. Eduardo Galeano llam\u00f3 a ese fen\u00f3meno el mundo al rev\u00e9s. Hoy, sin pedirle perd\u00f3n sino permiso, volvemos a mirarlo de frente. 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