{"id":86565,"date":"2026-02-26T11:06:15","date_gmt":"2026-02-26T15:06:15","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=86565"},"modified":"2026-02-26T11:06:15","modified_gmt":"2026-02-26T15:06:15","slug":"se-acaba-el-tiempo-del-lawfare","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/se-acaba-el-tiempo-del-lawfare\/","title":{"rendered":"Se acaba el tiempo del lawfare"},"content":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | A Donald Trump pretendieron derrotarlo antes de volver a ganar las elecciones atentando contra su vida y buscando inhabilitarlo en los tribunales.<\/p>\n<p>Fracasaron como est\u00e1n fracasando en otros lugares del planeta los promotores del lawfare al que se le acaba el tiempo.<\/p>\n<p>La USAID y sus programas tuvieron que ver mucho con esta moda de politiquer\u00eda judicial que se extendi\u00f3 por el planeta. Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden fueron  sus padrinos.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en la penumbra solemne de los tribunales europeos, donde las palabras se pronuncian con la gravedad de los dogmas y los expedientes se apilan como si fueran libros de una teolog\u00eda laica, comenz\u00f3 hace tres d\u00e9cadas una historia que todav\u00eda no termina. <\/p>\n<p>Fue una historia de fiscales que hablaban como cruzados, de partidos que se desmoronaban como catedrales de cart\u00f3n, de pueblos que celebraban la ca\u00edda de sus \u00e9lites sin sospechar que, al hacerlo, abr\u00edan tambi\u00e9n la puerta a un nuevo poder: el de la justicia convertida en protagonista de la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Todo empez\u00f3 en Italia, en aquellos d\u00edas en que el nombre de Antonio Di Pietro sonaba como una trompeta de juicio final y los ciudadanos repet\u00edan \u201cMani Pulite\u201d con la fe con que se repiten las oraciones aprendidas en la infancia. <\/p>\n<p>Los viejos partidos de la Primera Rep\u00fablica, aquellos que hab\u00edan nacido bajo la sombra protectora de la Guerra Fr\u00eda, cayeron uno tras otro, como generales derrotados en una guerra que nadie hab\u00eda declarado. <\/p>\n<p>La Democracia Cristiana, columna vertebral del sistema, se desvaneci\u00f3 como una reliquia que ya no pod\u00eda sostener el peso de su propia historia. Y en ese derrumbe, la justicia adquiri\u00f3 un prestigio casi m\u00edstico: era la espada que limpiaba la corrupci\u00f3n y la promesa de una nueva pureza republicana.<\/p>\n<p>Pero la historia, como las mareas, nunca se detiene en el mismo puerto. Lo que en Italia fue visto como regeneraci\u00f3n moral, en otros pa\u00edses se convirti\u00f3 en una revelaci\u00f3n peligrosa: el poder pol\u00edtico pod\u00eda ser demolido desde los tribunales. <\/p>\n<p>No con tanques, no con golpes de Estado, sino con autos de procesamiento, filtraciones selectivas y titulares que hac\u00edan m\u00e1s da\u00f1o que cualquier decreto. Y as\u00ed comenz\u00f3 un fen\u00f3meno que a\u00f1os despu\u00e9s recibir\u00eda un nombre ambiguo y pol\u00e9mico: lawfare, la guerra jur\u00eddica, esa zona gris donde la justicia se mezcla con la pol\u00edtica hasta que resulta imposible distinguir cu\u00e1l de las dos conduce el proceso.<\/p>\n<p>En Am\u00e9rica Latina, donde las democracias eran j\u00f3venes y los partidos viejos, el eco italiano fue interpretado como una se\u00f1al del destino. <\/p>\n<p>Venezuela, que durante d\u00e9cadas hab\u00eda vivido bajo el pacto t\u00e1cito de sus dos grandes partidos, vio c\u00f3mo el sistema bipartidista se agrietaba desde adentro, fatigado por la crisis econ\u00f3mica, el desgaste moral y el desencanto popular. <\/p>\n<p>Algunos dir\u00edan despu\u00e9s que los venezolanos imitaron a los italianos; otros, m\u00e1s prudentes, sostendr\u00edan que ambos pa\u00edses obedecieron a una misma fatalidad hist\u00f3rica: el derrumbe de las \u00e9lites centristas que hab\u00edan gobernado el mundo occidental desde la posguerra. <\/p>\n<p>En Italia cay\u00f3 la DC; en Venezuela se fue al abismo COPEI; en ambos casos, el vac\u00edo fue ocupado por liderazgos populistas, de izquierda o de derecha, que se presentaban como redentores de un sistema que ya nadie cre\u00eda incorruptible.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en los salones discretos de la diplomacia y las agencias de cooperaci\u00f3n internacional, se consolidaba otro proceso menos visible pero igualmente decisivo. <\/p>\n<p>Durante treinta a\u00f1os, programas financiados por organismos occidentales \u2014entre ellos la siempre influyente USAID\u2014 promovieron reformas judiciales, fortalecieron fiscal\u00edas, introdujeron sistemas acusatorios y formaron generaciones de jueces y fiscales convencidos de que su misi\u00f3n no era solo aplicar la ley, sino tambi\u00e9n limpiar la pol\u00edtica. <\/p>\n<p>Nadie firm\u00f3 un documento que dijera: \u201cvamos a judicializar la pol\u00edtica mundial\u201d. No hac\u00eda falta. Bastaba con fortalecer el poder del Ministerio P\u00fablico en sistemas pol\u00edticos fr\u00e1giles para que, tarde o temprano, los conflictos electorales terminaran resolvi\u00e9ndose en los tribunales.<\/p>\n<p>Fue en ese clima donde ocurri\u00f3 uno de los episodios m\u00e1s controvertidos de la historia reciente: la prisi\u00f3n de Luiz In\u00e1cio Lula da Silva en Brasil, dictada por el juez S\u00e9rgio Moro en el marco de la operaci\u00f3n Lava Jato. <\/p>\n<p>Para unos, se trat\u00f3 de la demostraci\u00f3n de que la justicia pod\u00eda alcanzar incluso a los l\u00edderes m\u00e1s poderosos; para otros, fue la prueba de que el derecho penal se hab\u00eda convertido en un arma capaz de alterar el curso de elecciones presidenciales y reconfigurar el mapa pol\u00edtico de una naci\u00f3n entera. <\/p>\n<p>La discusi\u00f3n sobre si hubo o no influencias externas, sobre si el clima geopol\u00edtico internacional favoreci\u00f3 ese proceso o simplemente lo acompa\u00f1\u00f3, a\u00fan divide a juristas y polit\u00f3logos, pero lo que nadie discute es que el episodio marc\u00f3 un antes y un despu\u00e9s en la relaci\u00f3n entre justicia y pol\u00edtica en el continente.<\/p>\n<p>Sin embargo, la historia no se content\u00f3 con esa iron\u00eda. Cuando las \u00e9lites globales se presentaban como guardianes de la moral institucional y promotores de la transparencia universal, estall\u00f3 el esc\u00e1ndalo de Jeffrey Epstein, que arroj\u00f3 sobre ciertos c\u00edrculos del gran capital una sombra tan espesa que ning\u00fan comunicado oficial pudo disiparla del todo. <\/p>\n<p>De repente, quienes hablaban de gobernanza, \u00e9tica y lucha contra la corrupci\u00f3n aparec\u00edan vinculados, al menos en la percepci\u00f3n p\u00fablica, a redes de poder y privilegio que desment\u00edan su autoridad moral. <\/p>\n<p>No fue una prueba jur\u00eddica contra el sistema, pero s\u00ed un golpe simb\u00f3lico devastador: el discurso de la pureza institucional comenzaba a sonar hueco cuando proven\u00eda de salones donde tambi\u00e9n habitaban esc\u00e1ndalos \u00e9ticos insondables.<\/p>\n<p>Hoy, mientras Italia se prepara para decidir en las urnas una reforma de su magistratura y figuras provenientes del propio poder judicial, como Di Pietro y el ministro Carlo Nordio, se pronuncian a favor del \u201cs\u00ed\u201d, el mundo parece cerrar un ciclo iniciado hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os. <\/p>\n<p>Aquella \u00e9poca en que los fiscales eran vistos como h\u00e9roes incontestables empieza a mostrar sus l\u00edmites; el p\u00e9ndulo hist\u00f3rico, que hab\u00eda oscilado hacia la supremac\u00eda judicial tras el descr\u00e9dito de los partidos, comienza a moverse de regreso hacia la pol\u00edtica democr\u00e1tica, en busca de un equilibrio que nunca llega del todo y nunca se pierde completamente.<\/p>\n<p>La gran pregunta que flota sobre este tiempo no es si la judicializaci\u00f3n de la pol\u00edtica desaparecer\u00e1 \u2014porque no desaparecer\u00e1\u2014, sino si las democracias lograr\u00e1n domesticarla, integrarla en un sistema de controles y equilibrios que impida que la ley sea utilizada como espada partidista o como refugio de impunidades selectivas. <\/p>\n<p>La justicia seguir\u00e1 investigando la corrupci\u00f3n real, porque la corrupci\u00f3n real existe; los tribunales seguir\u00e1n interviniendo en la vida p\u00fablica, porque las sociedades contempor\u00e1neas desconf\u00edan de sus partidos y buscan en las instituciones t\u00e9cnicas una moral que la pol\u00edtica ya no garantiza. Pero la fascinaci\u00f3n casi religiosa por los fiscales salvadores, por los jueces providenciales capaces de redimir a las naciones, parece entrar en una etapa de fatiga hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 dentro de algunos a\u00f1os, cuando los historiadores miren hacia atr\u00e1s con la serenidad que solo concede el tiempo, dir\u00e1n que la era del lawfare no fue una conspiraci\u00f3n universal ni una simple invenci\u00f3n ret\u00f3rica, sino una consecuencia compleja de la globalizaci\u00f3n jur\u00eddica, del debilitamiento de los partidos tradicionales y de la ilusi\u00f3n de que la ley pod\u00eda sustituir a la pol\u00edtica como mecanismo de regeneraci\u00f3n moral. Y entonces comprender\u00e1n que las consecuencias \u2014esas consecuencias que hoy preocupan y dividen a tantos\u2014 fueron el precio inevitable de haber cre\u00eddo que la justicia, por s\u00ed sola, pod\u00eda salvar a las democracias de sus propios pecados.<\/p>\n<p>Porque las democracias, como los viejos imperios, no caen solo por la corrupci\u00f3n de sus \u00e9lites ni se salvan solo por el celo de sus fiscales: sobreviven o perecen seg\u00fan la capacidad de equilibrar el poder, de contener los excesos de cada instituci\u00f3n y de recordar, incluso en los momentos de mayor indignaci\u00f3n moral, que ninguna espada judicial puede sustituir la lenta, imperfecta y siempre necesaria legitimidad de la voluntad popular expresada en las urnas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | A Donald Trump pretendieron derrotarlo antes de volver a ganar las elecciones atentando contra su vida y buscando inhabilitarlo en los tribunales. 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