{"id":87113,"date":"2026-03-17T10:58:19","date_gmt":"2026-03-17T14:58:19","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=87113"},"modified":"2026-03-17T10:58:19","modified_gmt":"2026-03-17T14:58:19","slug":"europa-el-continente-que-teme-desaparecer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/europa-el-continente-que-teme-desaparecer\/","title":{"rendered":"Europa: el continente que teme desaparecer"},"content":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Europa no se derrumba con estruendo. No hay explosiones, ni columnas de humo elev\u00e1ndose sobre sus capitales, ni ej\u00e9rcitos atravesando sus fronteras como en los viejos tiempos.<\/p>\n<p>Europa se apaga de otra manera: lentamente, como una l\u00e1mpara que todav\u00eda alumbra, pero cuya luz ya no alcanza para iluminar el mundo.<\/p>\n<p>En una oficina tranquila de Bolonia, el profesor Romano Prodi \u2014uno de los \u00faltimos arquitectos de la Europa que crey\u00f3 en s\u00ed misma\u2014 ha pronunciado una frase que no es un diagn\u00f3stico, sino una advertencia: \u201cSolos estamos destinados a desaparecer.\u201d<\/p>\n<p>Hablando para el diario cat\u00f3lico Avvenire, Prodi No lo dice con dramatismo. Lo dice como quien recuerda una verdad inc\u00f3moda que todos conocen, pero que pocos se atreven a repetir en voz alta.<\/p>\n<p>Hubo un tiempo \u2014no tan lejano\u2014 en que Europa era un proyecto. No un continente, sino una idea. La idea de que la historia pod\u00eda corregirse a s\u00ed misma; de que las guerras pod\u00edan ser sustituidas por tratados; de que los pueblos, cansados de matarse, pod\u00edan aprender a convivir sin renunciar a su identidad.<\/p>\n<p>Ese tiempo tuvo nombres propios. Tuvo moneda com\u00fan. Tuvo ampliaciones hacia el Este que parec\u00edan cerrar definitivamente la herida de la Guerra Fr\u00eda. Tuvo incluso un aura moral: Europa no impon\u00eda su modelo con tanques, sino que otros pueblos ped\u00edan entrar en \u00e9l.<\/p>\n<p>Hoy ese recuerdo se parece a esas fotograf\u00edas antiguas donde todos sonr\u00eden sin saber que el futuro los est\u00e1 esperando con otra cara.<\/p>\n<p>Porque el mundo ha cambiado. Y Europa no.<\/p>\n<p>Mientras Donald Trump habla el lenguaje del poder directo \u2014negociar desde la fuerza, presionar hasta doblegar\u2014 y Vladimir Putin act\u00faa con la l\u00f3gica fr\u00eda de los imperios que no piden permiso, Europa sigue creyendo que la historia se resuelve en mesas de di\u00e1logo donde todos respetan las reglas.<\/p>\n<p>Pero las reglas han cambiado.<\/p>\n<p>Y en ese cambio se revela la mayor paradoja europea: un continente que invent\u00f3 la pol\u00edtica moderna, hoy parece incapaz de practicarla en el nuevo mundo.<\/p>\n<p>Prodi lo dice sin rodeos. Europa ha pasado de depender del gas ruso a depender de la energ\u00eda estadounidense. Ha sustituido una dependencia por otra, como quien cambia de amo creyendo que ha conquistado la libertad.<\/p>\n<p>Y sin embargo, en esa aparente contradicci\u00f3n se esconde una verdad m\u00e1s profunda:<\/p>\n<p>Europa ya no decide. Europa reacciona.<\/p>\n<p>El gas \u2014ese hilo invisible que conecta la geopol\u00edtica con la vida cotidiana\u2014 se ha convertido en s\u00edmbolo de esa p\u00e9rdida de autonom\u00eda. Ayer ven\u00eda de Mosc\u00fa. Hoy llega en barcos desde Am\u00e9rica. Ma\u00f1ana, quiz\u00e1, volver\u00e1 a fluir desde Rusia si los intereses de Washington y Mosc\u00fa coinciden en alg\u00fan punto inesperado de la historia.<\/p>\n<p>Porque, como sugiere Prodi, el mundo no se organiza ya en funci\u00f3n de principios, sino de conveniencias.<\/p>\n<p>Y Europa, atrapada entre su memoria moral y su impotencia estrat\u00e9gica, corre el riesgo de quedarse sin ambas.<\/p>\n<p>El drama no es solo externo. Tambi\u00e9n es interno.<\/p>\n<p>Europa se ha fragmentado en peque\u00f1as prioridades nacionales. Cada gobierno mira su calendario electoral, sus encuestas, sus crisis dom\u00e9sticas. Falta una figura capaz de pensar el continente como un todo, como lo hicieron en su momento quienes entendieron que la unidad no era una opci\u00f3n, sino una necesidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Hoy, en cambio, la unanimidad \u2014ese mecanismo que exige que todos est\u00e9n de acuerdo para avanzar\u2014 se ha convertido en una trampa. Un sistema que, en nombre de la democracia, paraliza la decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y mientras Europa duda, otros deciden.<\/p>\n<p>China avanza con paciencia milenaria. Estados Unidos redefine sus alianzas sin sentimentalismos. Rusia resiste, presiona, negocia. El mundo se reorganiza como un tablero donde las piezas se mueven con rapidez.<\/p>\n<p>Europa observa.<\/p>\n<p>Prodi propone soluciones que, en otro tiempo, habr\u00edan parecido impensables: compartir deuda, construir una defensa com\u00fan, integrar incluso el poder nuclear franc\u00e9s en una l\u00f3gica europea. Es decir, transformar la Uni\u00f3n en algo m\u00e1s que un mercado: en un verdadero sujeto pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Pero esas ideas, como \u00e9l mismo reconoce, ya no emocionan. Y ese es quiz\u00e1 el s\u00edntoma m\u00e1s grave de todos.<\/p>\n<p>Porque los proyectos hist\u00f3ricos no se sostienen solo con c\u00e1lculos. Se sostienen con fe.<\/p>\n<p>Y Europa ha perdido la fe en s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en el horizonte, se acumulan las se\u00f1ales de un mundo en tensi\u00f3n: guerras que no terminan, conflictos que se expanden, estrechos mar\u00edtimos \u2014como Ormuz\u2014 que pueden decidir el precio de la energ\u00eda y el equilibrio global, decisiones que ya no se toman en Bruselas, sino en Washington, Mosc\u00fa o Pek\u00edn.<\/p>\n<p>Europa, que una vez quiso ser \u00e1rbitro, corre el riesgo de convertirse en espectador.<\/p>\n<p>No es un colapso inmediato. Es algo m\u00e1s sutil. M\u00e1s peligroso.<\/p>\n<p>Es la lenta p\u00e9rdida de relevancia.<\/p>\n<p>Como esas grandes ciudades que fueron capitales del mundo y que un d\u00eda descubren, sin que nadie se los anuncie, que las decisiones importantes ya no se toman en sus salones.<\/p>\n<p>Al final, la advertencia de Prodi no es solo sobre el gas, ni sobre Trump, ni sobre Rusia.<\/p>\n<p>Es sobre el tiempo.<\/p>\n<p>Sobre la capacidad \u2014o la incapacidad\u2014 de un continente para entender en qu\u00e9 momento de la historia se encuentra.<\/p>\n<p>Porque los pueblos no desaparecen de un d\u00eda para otro.<\/p>\n<p>Desaparecen cuando dejan de ser necesarios.<\/p>\n<p>Y Europa, si no vuelve a pensarse como unidad, corre el riesgo de convertirse en eso: una memoria admirable, pero irrelevante.<\/p>\n<p>Una civilizaci\u00f3n que ense\u00f1\u00f3 al mundo a organizarse, pero que ya no sabe organizarse a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Y entonces, sin ruido, sin guerra, sin derrota visible, simplemente dejar\u00e1 de contar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Europa no se derrumba con estruendo. 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