{"id":87539,"date":"2026-03-31T09:48:13","date_gmt":"2026-03-31T13:48:13","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=87539"},"modified":"2026-03-31T09:48:13","modified_gmt":"2026-03-31T13:48:13","slug":"sobran-las-razones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/sobran-las-razones\/","title":{"rendered":"Sobran las razones"},"content":{"rendered":"<p>Por: Sergio Sarita Valdez | A mediados del siglo pasado, era natural ver a j\u00f3venes y adultos con un cigarrillo o una pipa echando bocanadas de humo de tabaco desde primeras horas de la ma\u00f1ana y a lo largo del d\u00eda. Recuerdo que uno de los regalos m\u00e1s frecuentes que recib\u00eda mi bisabuela materna consist\u00eda en un paquete de los entonces famosos cigarros Aurora, de La Tabacalera. En el ba\u00fal de mi memoria vislumbro, all\u00e1 por los a\u00f1os sesenta, a mi distinguido catedr\u00e1tico de psiquiatr\u00eda en el paraninfo de la facultad de medicina dictando sus clases con un cigarrillo entre los dedos, cuya mano se llevaba a los labios con la frecuencia exacta del mejor reloj. El adolescente que cumpl\u00eda 18 a\u00f1os lo evidenciaba con la se\u00f1al de fumar en p\u00fablico. A nadie asombraba que muchos adultos tuvieran una tos productiva cr\u00f3nica o que mucha gente padeciera de bronquitis. Los jarabes expectorantes se vend\u00edan sin receta en todas las farmacias de entonces.<\/p>\n<p>Una nueva panor\u00e1mica se vive m\u00e1s de sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, casi a nivel planetario. En centros urbanos y rurales del mundo se puede ver a ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos sentados o deambulando, con la vista fija y el o\u00eddo pendiente de la pantalla de un tel\u00e9fono inteligente, enviando o recibiendo mensajes de voz e imagen. Todo ello de forma tan natural que se desplazan sin chocar ni interferir durante la locomoci\u00f3n. Cada persona marcha ensimismada en su celular, sin que parezca importarle un comino lo que sucede a su alrededor. En el autob\u00fas, el tren e incluso al conducir, vemos a personas desplazarse con la vista fija en la pantalla rectangular.<\/p>\n<p>Tan distra\u00edda y enajenada est\u00e1 la gente que vive la tragedia como una comedia de entretenimiento. Los sucesos que ayer asombraban y preocupaban a todos, hoy se experimentan con un morbo complaciente que se comparte con las amistades afines. Temas que antes eran intimidades de pareja, ahora circulan por las redes a la velocidad del rayo, contagiando hasta a las almas que est\u00e1n por nacer. Nada es privado y todo es com\u00fan. Menores y adultos consumen productos medi\u00e1ticos que otrora estaban restringidos a personas maduras.<\/p>\n<p>Las guerras, con sus catastr\u00f3ficas consecuencias, en vez de generar un rechazo total y universal, son seguidas como una serie de entretenimiento de Netflix. El dolor y el sufrimiento humano se viven como un espect\u00e1culo adictivo. Los terremotos, huracanes, inundaciones y los accidentes a\u00e9reos ya no generan dolor ni piedad, sino m\u00e1s bien curiosidad.<\/p>\n<p>Habiendo vivido otras \u00e9pocas y estableciendo comparaciones, podemos concluir que el Homo sapiens ha ampliado su visi\u00f3n al tiempo que ha perdido gran parte de su sensibilidad humanista, hasta convertirse en un solista que se autocomplace con un narcisismo extraordinario. No perdemos la esperanza de que, como moda al fin, este per\u00edodo evolucione hacia otro en el que el ser social despierte, abra los ojos y mire a sus semejantes con amor, sin odio ni temor, sino como parte de la hermandad terrenal unida a la madre naturaleza.<\/p>\n<p>Mientras tanto, sobran las razones para estar preocupados por el ambiente de violencia que se vive en varios continentes ante millones de miradas complacientes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Sergio Sarita Valdez | A mediados del siglo pasado, era natural ver a j\u00f3venes y adultos con un cigarrillo o una pipa echando bocanadas de humo de tabaco desde primeras horas de la ma\u00f1ana y a lo largo del d\u00eda. 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