{"id":88039,"date":"2026-04-21T09:23:07","date_gmt":"2026-04-21T13:23:07","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=88039"},"modified":"2026-04-21T09:23:07","modified_gmt":"2026-04-21T13:23:07","slug":"cuando-la-calle-sustituye-al-estado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/cuando-la-calle-sustituye-al-estado\/","title":{"rendered":"Cuando la calle sustituye al Estado"},"content":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | La violencia cotidiana en la Rep\u00fablica Dominicana no siempre nace de grandes conflictos estructurales. Muchas veces emerge de lo peque\u00f1o, de lo aparentemente trivial, de un roce, una imprudencia o un malentendido. Lamentablemente, muchos de estos peque\u00f1os incidentes obtienen una respuesta que genera violencia desmedida, como sucedi\u00f3 en el reciente caso en Santiago, donde un chofer de cami\u00f3n perdi\u00f3 la vida tras un altercado menor con un grupo de motociclistas. Esto no es un hecho que se pueda considerar aislado, por el contrario, es un s\u00edntoma muy preocupante de la presencia de la ley de la selva y de la ausencia de cultura ciudadana.<\/p>\n<p>La cultura ciudadana, entendida como el conjunto de normas informales, valores compartidos y comportamientos que permiten la convivencia pac\u00edfica, es el tejido invisible que sostiene el orden social. No se impone por decreto ni se garantiza \u00fanicamente con leyes. Se construye en la pr\u00e1ctica diaria, en la forma en que los individuos reaccionan ante el conflicto, en su capacidad de autocontrol y, sobre todo, en su disposici\u00f3n a reconocer al otro como un igual con derechos.<\/p>\n<p>Cuando esa cultura falla, lo que emerge es la ley del m\u00e1s fuerte, como en el caso de Santiago, donde el punto de quiebre no fue el incidente de tr\u00e1nsito, sino la decisi\u00f3n colectiva de escalar el conflicto hasta la muerte. Lo que pudo resolverse con una discusi\u00f3n amigable, o incluso con la intervenci\u00f3n de una autoridad, degener\u00f3 en una acci\u00f3n violenta de grupo.<\/p>\n<p>La turba diluye la responsabilidad individual. En grupo, el umbral moral baja. Lo que una persona dif\u00edcilmente har\u00eda sola se vuelve posible cuando la acci\u00f3n se comparte, se justifica y se amplifica colectivamente. Este fen\u00f3meno, ampliamente estudiado en psicolog\u00eda social, encuentra terreno f\u00e9rtil en sociedades donde la institucionalidad es d\u00e9bil o percibida como ausente.<\/p>\n<p>Pero ser\u00eda un error reducir el problema \u00fanicamente a la falta de autoridad. La cultura ciudadana tambi\u00e9n implica autocontenci\u00f3n. Implica reconocer que no todo conflicto debe escalarse, que no toda ofensa requiere respuesta, y que la violencia nunca puede ser el mecanismo de resoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este tipo de episodios tambi\u00e9n refleja un problema de incentivos sociales. En ausencia de sanci\u00f3n efectiva, la violencia se normaliza. Cuando quienes participan en estos actos no enfrentan consecuencias claras y oportunas, el mensaje impl\u00edcito es peligroso: actuar al margen de la ley puede salir gratis.<\/p>\n<p>Sin embargo, la soluci\u00f3n no pasa exclusivamente por endurecer penas. El enfoque debe ser m\u00e1s integral. La construcci\u00f3n de cultura ciudadana requiere pol\u00edticas p\u00fablicas sostenidas que integren educaci\u00f3n c\u00edvica, campa\u00f1as de sensibilizaci\u00f3n y, crucialmente, el ejemplo desde el liderazgo pol\u00edtico y social. No se puede exigir comportamiento ciudadano en la base si en la c\u00faspide se legitiman pr\u00e1cticas de confrontaci\u00f3n, irrespeto o abuso.<\/p>\n<p>En ciudades como Bogot\u00e1, el concepto de cultura ciudadana se utiliz\u00f3 como eje de transformaci\u00f3n social, apelando a mecanismos pedag\u00f3gicos, simb\u00f3licos y conductuales para modificar h\u00e1bitos colectivos y fortalecer el sistema de normas morales. El resultado no fue inmediato, pero s\u00ed sostenido: menos violencia, mayor respeto por las normas y una ciudadan\u00eda m\u00e1s consciente de su rol en el orden p\u00fablico.<\/p>\n<p>La Rep\u00fablica Dominicana necesita avanzar en esa direcci\u00f3n. Porque lo que est\u00e1 en juego no es solo la reducci\u00f3n de incidentes violentos, sino la calidad misma de la vida en sociedad. Una comunidad donde cualquier conflicto menor puede escalar hasta consecuencias fatales es una comunidad donde la incertidumbre domina, donde el miedo sustituye la confianza y donde el espacio p\u00fablico deja de ser un lugar de convivencia para convertirse en un terreno de riesgo visible y constante.<\/p>\n<p>El caso de Santiago debe servir como punto de inflexi\u00f3n. No basta con indignarse ni con exigir justicia. Es imprescindible preguntarnos qu\u00e9 tipo de sociedad estamos construyendo y qu\u00e9 comportamientos estamos tolerando. Hay que actuar ya o la ley de la selva se impondr\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Margarita Cede\u00f1o | La violencia cotidiana en la Rep\u00fablica Dominicana no siempre nace de grandes conflictos estructurales. Muchas veces emerge de lo peque\u00f1o, de lo aparentemente trivial, de un roce, una imprudencia o un malentendido. 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