{"id":89548,"date":"2026-06-22T08:12:31","date_gmt":"2026-06-22T12:12:31","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=89548"},"modified":"2026-06-22T08:12:31","modified_gmt":"2026-06-22T12:12:31","slug":"se-derrumba-el-dolar-1-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/se-derrumba-el-dolar-1-5\/","title":{"rendered":"\u00bfSe derrumba el d\u00f3lar? 1\/5"},"content":{"rendered":"<p>Por: Guarocuya F\u00e9lix | El d\u00f3lar no necesita caer para que el sistema monetario internacional cambie. Basta con que sus usuarios perciban que la eficiencia de operar en d\u00f3lares trae consigo un costo pol\u00edtico mayor que antes. Esa es la tensi\u00f3n que suele perderse cuando el debate se reduce a una alternativa simple: o la moneda estadounidense conserva intacto su poder, o se aproxima a una sustituci\u00f3n hist\u00f3rica. El proceso en curso es distinto: el d\u00f3lar sigue siendo necesario, pero la confianza en las reglas que administran su poder se ha vuelto menos autom\u00e1tica.<\/p>\n<p>Los datos obligan a distinguir entre p\u00e9rdida de peso y p\u00e9rdida de centralidad. En las reservas oficiales de divisas, la participaci\u00f3n del d\u00f3lar ha bajado de manera gradual desde comienzos de siglo. La \u00faltima lectura de Currency Composition of Official Foreign Exchange Reserves, o Composici\u00f3n Monetaria de las Reservas Oficiales de Divisas (COFER, por sus siglas en ingl\u00e9s), base del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre composici\u00f3n monetaria de reservas, situ\u00f3 la cuota del d\u00f3lar en 56.77% en el cuarto trimestre de 2025, frente a 56.93% en el trimestre anterior. El euro represent\u00f3 20.25% y el renminbi 1.95%.<\/p>\n<p>La se\u00f1al es clara: los bancos centrales diversifican. Pero el alcance de esa diversificaci\u00f3n sigue siendo limitado: ninguna moneda alternativa se acerca al peso acumulado del d\u00f3lar. Adem\u00e1s, el FMI advierte que una parte de la composici\u00f3n monetaria de las reservas debe estimarse porque no todos los pa\u00edses reportan el detalle completo por moneda. Por eso, la participaci\u00f3n del d\u00f3lar debe leerse como una medici\u00f3n s\u00f3lida, pero no exacta al \u00faltimo decimal; en el cuarto trimestre de 2025 esa proporci\u00f3n fue 10.75%, lo que exige cautela al comparar series largas.<\/p>\n<p>El funcionamiento diario del mercado muestra otra cosa. Seg\u00fan la Encuesta Trienal del Bank for International Settlements, o Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en ingl\u00e9s), el mercado cambiario global movi\u00f3 9.6 billones de d\u00f3lares diarios en abril de 2025, frente a 7.5 billones tres a\u00f1os antes. Las participaciones por moneda no suman 100%, porque cada operaci\u00f3n cambiaria involucra dos monedas; en esta medici\u00f3n, el total por monedas suma 200 %. Con esa metodolog\u00eda, el d\u00f3lar particip\u00f3 en 89.2% de las operaciones, por encima del 88.4% registrado en 2022. El euro particip\u00f3 en 28.9%, el yen en 16.8%, la libra esterlina en 10.2% y el renminbi en 8.5%. El dato debe leerse con precisi\u00f3n: aunque el peso del d\u00f3lar en reservas oficiales baja, su uso operativo sigue ocupando el centro del mercado cambiario global.<\/p>\n<p>Esa diferencia es el centro del problema. Las reservas son una decisi\u00f3n de cartera. Expresan c\u00f3mo los bancos centrales distribuyen riesgos, liquidez y exposici\u00f3n geopol\u00edtica. El mercado cambiario, los derivados, los pagos internacionales, la deuda corporativa y el comercio de materias primas revelan otra cosa: qu\u00e9 moneda permite cerrar transacciones, cubrir balances, fijar precios y obtener liquidez cuando el mercado se estresa. En esa dimensi\u00f3n, el d\u00f3lar no es solo una moneda. Es una infraestructura.<\/p>\n<p>Esa infraestructura conserva ventajas que no se desmontan por decreto. Tiene profundidad financiera, mercados l\u00edquidos, instrumentos de cobertura, capacidad de absorci\u00f3n y una red de uso acumulada durante d\u00e9cadas. Sus competidores tienen atributos parciales, pero no equivalentes. El euro ofrece escala y credibilidad monetaria, aunque no dispone de una uni\u00f3n fiscal capaz de producir un activo seguro com\u00fan de tama\u00f1o comparable al mercado de deuda estadounidense. El renminbi gana presencia en ciertos corredores comerciales y financieros, pero su internacionalizaci\u00f3n plena sigue limitada por controles de capital, convertibilidad restringida y dudas sobre la previsibilidad institucional. Otras monedas pueden servir para diversificar reservas, no para reemplazar el sistema operativo.<\/p>\n<p>El riesgo, por tanto, no es un derrumbe inminente. Es un cambio en la percepci\u00f3n de neutralidad. Durante d\u00e9cadas, muchos actores trataron la infraestructura del d\u00f3lar como si fuera casi un bien p\u00fablico global: costosa en algunos momentos, dominante siempre, pero suficientemente abierta y previsible. Esa percepci\u00f3n se ha debilitado. El poder financiero asociado al d\u00f3lar es hoy m\u00e1s visible. Tambi\u00e9n es m\u00e1s utilizable como instrumento estrat\u00e9gico.<\/p>\n<p>La Office of Foreign Assets Control, u Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en ingl\u00e9s), adscrita al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, administra programas de sanciones que pueden ser amplios o selectivos, mediante bloqueo de activos y restricciones comerciales, para cumplir objetivos de pol\u00edtica exterior y seguridad nacional. Esa capacidad forma parte del poder estadounidense. Tambi\u00e9n altera los c\u00e1lculos de quienes dependen de la infraestructura financiera en d\u00f3lares. No porque todos teman ser sancionados ma\u00f1ana, sino porque entienden que el acceso a la red monetaria dominante no es pol\u00edticamente neutro.<\/p>\n<p>La respuesta no es abandonar el d\u00f3lar. Es comprar redundancia. Algunos bancos centrales elevan el peso de otras monedas o de activos no sujetos al mismo tipo de riesgo jurisdiccional. Algunas empresas cubren con m\u00e1s cuidado su exposici\u00f3n cambiaria. Algunos gobiernos exploran pagos bilaterales en monedas locales. Otros promueven canales regionales o acuerdos de liquidaci\u00f3n que reducen dependencia operativa. Nada de eso equivale a una sustituci\u00f3n del d\u00f3lar. Pero s\u00ed revela un cambio de preferencia: los usuarios siguen valorando la eficiencia del sistema existente, aunque desean quedar menos expuestos a una sola puerta de entrada.<\/p>\n<p>Esa redundancia tiene costos. Un sistema con m\u00e1s canales paralelos puede ser menos eficiente, menos l\u00edquido y m\u00e1s dif\u00edcil de coordinar en momentos de estr\u00e9s. La diversificaci\u00f3n protege a cada actor frente a ciertos riesgos, pero puede reducir la capacidad colectiva de responder a crisis. Lo que funciona como seguro individual puede convertirse en una carga sist\u00e9mica: m\u00e1s costos de cobertura, m\u00e1s diferenciales entre mercados, menor profundidad en algunas monedas y m\u00e1s incertidumbre sobre qui\u00e9n provee liquidez cuando todos la necesitan al mismo tiempo.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n es esta: el d\u00f3lar sigue siendo el activo operativo dominante porque ninguna alternativa ofrece la misma combinaci\u00f3n de liquidez, escala, convertibilidad y uso acumulado. Pero esa misma centralidad vuelve m\u00e1s visible el poder de quien controla buena parte de la infraestructura. Cuanto m\u00e1s necesario es el d\u00f3lar, mayor es el incentivo de otros actores para reducir su vulnerabilidad. Y cuanto m\u00e1s buscan reducirla, m\u00e1s costoso y menos coordinado puede volverse el sistema sin que el d\u00f3lar deje de ocupar el centro.<\/p>\n<p>La historia monetaria ense\u00f1a que las monedas dominantes rara vez pierden su papel en un solo episodio. Primero se erosiona la confianza marginal, luego aparecen arreglos parciales, despu\u00e9s suben los costos de sostener la arquitectura existente y solo mucho m\u00e1s tarde se consolida un nuevo equilibrio. Pero la analog\u00eda hist\u00f3rica no debe exagerarse. Hoy no existe un heredero monetario claro. Tampoco hay un acuerdo internacional comparable a Bretton Woods capaz de reorganizar reglas, responsabilidades y mecanismos de respaldo. Lo que emerge no es un nuevo orden coherente, sino una convivencia m\u00e1s costosa entre dependencia y desconfianza.<\/p>\n<p>Para las econom\u00edas peque\u00f1as y abiertas, esta distinci\u00f3n no es acad\u00e9mica. Un pa\u00eds que no emite la moneda dominante, que necesita financiamiento externo y que importa buena parte de los precios que enfrenta no puede interpretar mal el problema. Si espera una ca\u00edda s\u00fabita del d\u00f3lar, se prepara para un escenario improbable. Si asume que todo seguir\u00e1 igual, ignora el aumento de fricciones que ya afecta reservas, cobertura cambiaria, financiamiento, comercio y percepci\u00f3n de riesgo. El desaf\u00edo pr\u00e1ctico es operar en un sistema donde el d\u00f3lar contin\u00faa siendo necesario, pero las garant\u00edas que lo rodeaban son menos autom\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Eso exige otra forma de prudencia. No se trata de apostar contra el d\u00f3lar ni de refugiarse en discursos de reemplazo monetario. Se trata de construir capacidad interna para absorber choques externos, financiarse en condiciones menos favorables, manejar mejor los pasivos en moneda extranjera, conservar reservas adecuadas, regular exposiciones financieras y reducir la improvisaci\u00f3n fiscal. Cuando la moneda dominante se vuelve menos neutral, la calidad de las instituciones dom\u00e9sticas pesa m\u00e1s.<\/p>\n<p>El punto de partida de esta serie es preciso: el problema central no es si el d\u00f3lar desaparece del centro del sistema, sino qu\u00e9 ocurre cuando la moneda que organiza buena parte de la econom\u00eda mundial sigue siendo necesaria, pero la gobernanza de su poder se percibe como menos previsible. Ese cambio no produce necesariamente una crisis visible. Puede manifestarse de manera acumulativa: primas de riesgo m\u00e1s altas, liquidez m\u00e1s selectiva, mercados m\u00e1s segmentados, mayor costo de cobertura y menor margen para errores de pol\u00edtica econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>El siguiente eslab\u00f3n est\u00e1 en Washington. Si el d\u00f3lar depende no solo de mercados profundos, sino tambi\u00e9n de la credibilidad del Estado que lo emite, la trayectoria fiscal de Estados Unidos deja de ser un asunto dom\u00e9stico. Se convierte en una variable del orden monetario internacional.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Guarocuya F\u00e9lix | El d\u00f3lar no necesita caer para que el sistema monetario internacional cambie. Basta con que sus usuarios perciban que la eficiencia de operar en d\u00f3lares trae consigo un costo pol\u00edtico mayor que antes. 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