{"id":89814,"date":"2026-07-02T07:40:30","date_gmt":"2026-07-02T11:40:30","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=89814"},"modified":"2026-07-02T08:52:33","modified_gmt":"2026-07-02T12:52:33","slug":"venezuela-se-aferra-a-la-vida-a-la-fe-y-a-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/venezuela-se-aferra-a-la-vida-a-la-fe-y-a-la-esperanza\/","title":{"rendered":"Venezuela se aferra a la vida, a la fe y a la esperanza"},"content":{"rendered":"<p>El doblete de sismos del 24 de junio en Venezuela sorprendi\u00f3 a todos de forma impredecible y aterradora, en segundos la naturaleza puso a siete estados al rev\u00e9s sin que nadie pudiera alertar o prevenir la fuerza tel\u00farica.<br \/>\nEse d\u00eda era uno m\u00e1s como otro cualquiera, con la distinci\u00f3n, de ser feriado por conmemorarse los 205 a\u00f1os de la Batalla de Carabobo de 1821 y D\u00eda del Ej\u00e9rcito Nacional Bolivariano, por lo que una buena parte de los venezolanos estaban en sus hogares compartiendo en familia.<\/p>\n<p>La tarde de ese mi\u00e9rcoles inolvidable a las 18:04:33, hora local, Caracas y otras seis regiones del litoral costero norte, se estremecieron con dos fort\u00edsimos sismos de 7,2 y 7,5 grados de magnitud en la escala abierta de Richter con una diferencia de solo 39 segundos entre uno y el otro, que la ciencia considera uno de los eventos m\u00e1s peligrosos en la sismolog\u00eda.<\/p>\n<p>El segundo se\u00edsmo dur\u00f3 23 segundos que parecieron eternos en un tiempo indetenible, y experimentarlo, a una altura de 22 pisos, fue sentir la sensaci\u00f3n de la fragilidad del ser humano ante una fuerza potente, avasalladora e inhumana que te hace pensar hasta en la muerte.<\/p>\n<p>Vivir ese ruido ensordecedor, el movimiento irrefrenable de paredes y objetos de todo tipo que caen, los gritos aterradores de personas pidiendo a Dios, clamando por sus seres queridos, no es igual a percibirlo en im\u00e1genes y leerlo, aunque tambi\u00e9n se sufre a la distancia.<\/p>\n<p>Descender por las escaleras corriendo (literalmente volando), a\u00fan bande\u00e1ndote de un lado a otro, ver a mujeres, ancianos, algunos desvalidos, padres con hijos en brazos por su condici\u00f3n f\u00edsica, estremece y conmueve, pero ratifica ese instinto que llevamos dentro por la supervivencia.<\/p>\n<p>Ya en los bajos del edificio, supuestamente protegidos, percibes el pavor, desamparo y el miedo en los rostros de cada ser que pasa a tu lado, reparas en las l\u00e1grimas de no pocos que, con tel\u00e9fono en mano, intentan comunicarse con familiares y amigos, son minutos donde la incertidumbre se apodera del coraz\u00f3n y la mente, sin encontrar consuelo.<\/p>\n<p>Aunque la calma va regresando al cuerpo, poco a poco, el miedo se escabulle sin irse del todo, y la esperanza de estar vivo \u201cpor milagro de alguien o no s\u00e9 qu\u00e9\u201d, es entonces cuando comienzan las historias que hacen llorar o re\u00edr como la amiga que cont\u00f3 que \u201cestaba bien, pero su gato se resguard\u00f3 en el closet sin querer salir\u201d.<\/p>\n<p>La noche del 24 de junio fueron miles los que pernoctaron a la intemperie, en calles, parques y plazas p\u00fablicas, muchos de los cuales permanecen hoy, ante el temor de las heridas dejadas en sus viviendas o edificios, a los cuales temen regresar por las insistentes r\u00e9plicas que en m\u00e1s de 600 mantienen la zozobra.<\/p>\n<p>Si bien los segundos de impacto del movimiento de tierra son espeluznantes, no menos resultan los acomodamientos posteriores de las placas tect\u00f3nicas, que de forma caprichosa te mantienen en vilo, bajo permanente desasosiego y estr\u00e9s, que nada ni nadie puede pretender cambiar.<\/p>\n<p>El haber sido reconocido este evento como la \u201ctragedia natural\u201d m\u00e1s grande en la historia de Venezuela, no es poca cosa, cuando se miran los n\u00fameros de fallecidos, heridos, destrozos de infraestructuras de todo tipo y, en especial el alma, que queda marcada para toda la existencia.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del dolor imperturbable del momento y sus secuelas que te calan: d\u00edas, horas, semanas, meses y quiz\u00e1s hasta a\u00f1os, qui\u00e9n sabe hasta d\u00f3nde, vemos entonces que la fuerza del ser humano no tiene fin y la esperanza se mantiene firme en medio de tanto desconsuelo.<\/p>\n<p>Cada ni\u00f1o, mujer, hombre o animal de compa\u00f1\u00eda rescatado bajo los escombros se transforma en aplauso, risa, llanto, en algo m\u00e1gico indescriptible; la solidaridad alcanza el paroxismo en todas sus formas, aunque tambi\u00e9n sale a relucir, en mucha menor cuant\u00eda, esa parte oscura de algunos como si el \u201cdiablo\u201d de verdad existiera.<\/p>\n<p>Caracas, Falc\u00f3n, Aragua, Carabobo, Yaracuy, Miranda y La Guaira, sobre todo este \u00faltimo territorio, lloran hoy a sus hijos, madres, padres, abuelos, primos, amigos y conocidos muertos, pero por doquier se escucha una sola voz como indicativo de que \u201cestamos vivos y nos recuperaremos\u201d.<\/p>\n<p>La naturaleza tiene caprichos imprevistos e impredecibles, el Hombre: la fe, la esperanza, el consuelo y fuerza para subsistir junto a ella, no importa lo dif\u00edcil, ma\u00f1ana ser\u00e1 mejor, aferrarse a ello es el reto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El doblete de sismos del 24 de junio en Venezuela sorprendi\u00f3 a todos de forma impredecible y aterradora, en segundos la naturaleza puso a siete estados al rev\u00e9s sin que nadie pudiera alertar o prevenir la fuerza tel\u00farica. 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