{"id":90882,"date":"2026-08-13T14:56:53","date_gmt":"2026-08-13T18:56:53","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=90882"},"modified":"2026-08-13T14:56:53","modified_gmt":"2026-08-13T18:56:53","slug":"la-mochila-a-cuestas-de-las-mujeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/la-mochila-a-cuestas-de-las-mujeres\/","title":{"rendered":"La Mochila A Cuestas De Las Mujeres"},"content":{"rendered":"<p>Por: Cristina Rodr\u00edguez Mota | Titular de la Secretar\u00eda de Igualdad y Equidad de G\u00e9nero del PLD<\/p>\n<p>A medida que una mujer asume responsabilidades familiares, acad\u00e9micas, laborales y sociales, comienza a formarse sobre sus hombros una enorme mochila invisible. Cada d\u00eda la lleva a cuestas, sostenida por sus brazos, su voluntad y una aparente calma que muchas veces oculta el agotamiento acumulado.<\/p>\n<p>La mujer se entrega en cuerpo y alma. Piensa en sus hijos, sus padres, su pareja, sus seres queridos y en todas las personas que dependen de ella. Se convierte en refugio, apoyo y respuesta para los dem\u00e1s, mientras sus propias necesidades van quedando relegadas. Es un sacrificio f\u00edsico, emocional y mental dif\u00edcil de explicar y todav\u00eda m\u00e1s complejo de medir.<\/p>\n<p>A esta carga se suman situaciones que no dependen de ella ni puede controlar por s\u00ed sola. El alto costo de la vida, la factura el\u00e9ctrica, la alimentaci\u00f3n, los medicamentos, el transporte y los gastos escolares aumentan cada d\u00eda el peso de su mochila.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aparecen las preguntas que la acompa\u00f1an desde que despierta: \u00bfQui\u00e9n cuidar\u00e1 a mis hijos mientras trabajo? \u00bfConseguir\u00e9 un cupo en la escuela? \u00bfPuedo permanecer m\u00e1s tiempo fuera de casa? \u00bfA qu\u00e9 hora debo salir? \u00bfHasta qu\u00e9 hora podr\u00e9 trabajar? \u00bfCu\u00e1ndo encontrar\u00e9 tiempo para atender mi hogar?<\/p>\n<p>Porque para muchas mujeres la jornada laboral no termina al salir del trabajo. Al llegar a casa comienza otra: cocinar, limpiar, organizar, cuidar, orientar las tareas escolares y preparar lo necesario para el d\u00eda siguiente. Y cuando los ingresos no alcanzan, deben buscar una segunda fuente de sustento, emprender o aceptar trabajos adicionales.<\/p>\n<p>La mochila duele. Duele mucho. La carga es enorme, pero sienten que no pueden abandonar ninguna responsabilidad, porque de ellas depende, en gran medida, el equilibrio de toda la familia.<\/p>\n<p>Cuando, adem\u00e1s de trabajar y atender el hogar, una mujer decide estudiar porque encuentra en la formaci\u00f3n una oportunidad para transformar su futuro, llegan las noches sin dormir, las ojeras, el agotamiento y los dolores del cuerpo. A sus gastos personales se agregan los medicamentos de sus padres envejecientes y los tratamientos que necesitan sus hijos para crecer y desarrollarse adecuadamente.<\/p>\n<p>En el mejor de los casos, la mujer cuenta con un hombre o una pareja que la acompa\u00f1a, comparte las responsabilidades y sostiene el hogar junto a ella. Esa presencia aligera la mochila, porque la crianza, el cuidado y el sustento se asumen entre dos.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n est\u00e1n las mujeres a quienes les ha tocado convertirse en mam\u00e1 y pap\u00e1 al mismo tiempo: las llamadas \u201cmapas\u201d. Ellas toman solas las decisiones, buscan el sustento, cuidan, educan, corrigen, protegen y responden por cada necesidad de sus hijos. Caminan muchas veces encorvadas por el cansancio, con la espalda adolorida y el alma agotada, pero sienten que no pueden detenerse, porque si ellas se detienen, todo a su alrededor tambi\u00e9n puede detenerse.<\/p>\n<p>Para las \u201cmapas\u201d, la mochila no solamente pesa m\u00e1s: casi nunca existen otros hombros disponibles para ayudarlas a sostenerla.<\/p>\n<p>Algunas mujeres cargan esa mochila hasta que su propia salud las obliga a parar. El cuerpo advierte, la mente se agota y las fuerzas comienzan a faltar. Entonces elevan una oraci\u00f3n: \u201cSe\u00f1or, no permitas que me detenga; dame fuerzas para continuar\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, existen cargas que no pueden vencerse solamente con voluntad y fe. Cuando aparece una enfermedad como el c\u00e1ncer, comienza otra lucha: conseguir una cita m\u00e9dica, realizarse los estudios, obtener un medicamento de alto costo o enfrentar las limitaciones de un seguro que no cubre el tratamiento requerido.<\/p>\n<p>En ese momento, la enfermedad no llega sola. Viene acompa\u00f1ada del miedo, la incertidumbre y la presi\u00f3n econ\u00f3mica. La mujer se preocupa por su salud, pero al mismo tiempo contin\u00faa pregunt\u00e1ndose qui\u00e9n cuidar\u00e1 a sus hijos, qui\u00e9n atender\u00e1 a sus padres y c\u00f3mo sostendr\u00e1 econ\u00f3micamente a su familia si debe dejar de trabajar.<\/p>\n<p>La salud constituye una de las mochilas m\u00e1s pesadas. Pero todav\u00eda m\u00e1s peligrosa puede ser la enfermedad silenciosa: el deterioro de la salud mental, la ansiedad, el estr\u00e9s y la depresi\u00f3n. Es esa carga que no siempre puede observarse, pero que puede derrumbar a una mujer detr\u00e1s de una sonrisa, una mirada o un prolongado silencio.<\/p>\n<p>Por eso no podemos seguir romantizando el sacrificio femenino ni llamar \u201cmujer fuerte\u201d a quien ha sido obligada a soportarlo todo sin recibir ayuda. La fortaleza de las mujeres no puede continuar utiliz\u00e1ndose como excusa para dejarlas solas.<\/p>\n<p>El Gobierno debe asumir su responsabilidad mediante pol\u00edticas p\u00fablicas que alivien verdaderamente esta carga: servicios de salud accesibles, medicamentos garantizados, estancias infantiles, cupos escolares suficientes, empleos dignos, salarios justos, protecci\u00f3n social y programas efectivos de atenci\u00f3n a la salud mental.<\/p>\n<p>El cuidado de las familias no puede continuar descansando casi exclusivamente sobre los hombros de las mujeres. Los hombres, las familias, las instituciones y la sociedad tambi\u00e9n deben aprender a compartir las responsabilidades. Cuidar, educar, sostener y acompa\u00f1ar son compromisos colectivos.<\/p>\n<p>Estas son apenas algunas de las mochilas que pesan sobre la vida de millones de mujeres. Algunas encuentran fuerzas en sus familias; otras, en la fe y en ese gigante llamado Jes\u00fas, que las sostiene cuando sienten que sus rodillas comienzan a doblarse. Pero ninguna deber\u00eda necesitar convertirse en una hero\u00edna para sobrevivir a su propia vida.<\/p>\n<p>Tal vez ha llegado el momento de dejar de preguntarles c\u00f3mo logran soportarlo todo y comenzar a preguntarnos por qu\u00e9 les hemos permitido cargar tanto. Porque detr\u00e1s de cada mujer que afirma estar bien puede existir un cuerpo agotado, una mente sobrecargada y un coraz\u00f3n que tambi\u00e9n necesita ser cuidado.<\/p>\n<p>La verdadera transformaci\u00f3n no consiste en ense\u00f1arles a cargar mejor su mochila, sino en ayudarlas a vaciarla: compartir las responsabilidades, garantizar sus derechos, escuchar sus silencios y sostenerlas antes de que el peso las derrumbe.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s ma\u00f1ana, cuando veamos a una mujer caminar deprisa hacia el trabajo, acompa\u00f1ar a sus hijos, cuidar a sus padres o regresar cansada a su hogar, deber\u00edamos mirar m\u00e1s all\u00e1 de su aparente fortaleza. Tal vez no necesite que volvamos a decirle cu\u00e1nto admiramos su capacidad de resistir. Tal vez solo necesite que alguien se acerque, tome una parte de su carga y le diga:<\/p>\n<p>\u201cNo tienes que poder con todo. No tienes que cargar sola\u201d.<\/p>\n<p>Porque una sociedad verdaderamente justa no es aquella que celebra cu\u00e1nto peso pueden soportar sus mujeres, sino aquella que evita que tengan que llevar el mundo entero sobre sus espaldas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Cristina Rodr\u00edguez Mota | Titular de la Secretar\u00eda de Igualdad y Equidad de G\u00e9nero del PLD A medida que una mujer asume responsabilidades familiares, acad\u00e9micas, laborales y sociales, comienza a formarse sobre sus hombros una enorme mochila invisible. 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