{"id":92176,"date":"2026-10-10T01:13:15","date_gmt":"2026-10-10T05:13:15","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=92176"},"modified":"2026-10-10T01:13:15","modified_gmt":"2026-10-10T05:13:15","slug":"europa-en-la-encrucijada-o-cuando-la-juventud-se-planta-ante-los-fantasmas-del-rearme","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/europa-en-la-encrucijada-o-cuando-la-juventud-se-planta-ante-los-fantasmas-del-rearme\/","title":{"rendered":"Europa en la encrucijada, o cuando la juventud se planta ante los fantasmas del rearme"},"content":{"rendered":"<p>Por: Isc\u00e1nder Santana | El paisaje social de Europa est\u00e1 temblando. Desde los institutos franceses, que se caen a pedazos por falta de recursos, hasta las huelgas escolares en m\u00e1s de un centenar de ciudades alemanas contra el retorno encubierto de la mili, pasando por el hartazgo de una juventud espa\u00f1ola que no puede pagar un alquiler, los j\u00f3venes europeos han decidido cambiar las aulas por la calle.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed empieza el cuento. Desde los despachos del poder y los grandes circuitos medi\u00e1ticos se agita el viejo comod\u00edn de la \u00abinjerencia externa\u00bb o el miedo a una invasi\u00f3n rusa inminente para justificar lo que, de otro modo, no se justifica. Conviene mirar m\u00e1s all\u00e1 del discurso oficial. Ni estas protestas obedecen a manipulaciones extranjeras, ni existe una amenaza real de invasi\u00f3n rusa a Europa occidental que justifique militarizar el futuro de toda una generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Agravios reales, no fantasmas geopol\u00edticos<\/p>\n<p>Atribuir las movilizaciones a una \u00abinfluencia rusa\u00bb es un insulto a la inteligencia de los j\u00f3venes \u2014y una manera muy c\u00f3moda de los gobiernos de esquivar su responsabilidad\u2014. Nadie en Berl\u00edn, Par\u00eds o Madrid recibe consignas desde Mosc\u00fa. Lo que recibe, y de sobra, son las consecuencias de decisiones muy concretas tomadas en sus propias capitales.<\/p>\n<p>En Alemania, el rechazo a la nueva ley del servicio militar (Wehrdienstmodernisierungsgesetz), con sus cuestionarios y sus ex\u00e1menes m\u00e9dicos a los 18 a\u00f1os, nace del temor fundado a ver la vida hipotecada por una escalada belicista. Saben que cada euro del rearme es un euro menos para la educaci\u00f3n, la sanidad y la transici\u00f3n ecol\u00f3gica. En Francia, los institutos colapsados, los profesores que faltan y las aulas abarrotadas retratan el desmontaje paulatino del Estado de bienestar. En Espa\u00f1a, la vivienda imposible y la precariedad laboral cierran la puerta a cualquier proyecto de vida propia.<\/p>\n<p>Una juventud as\u00ed de ahogada no se niega a ser la infanter\u00eda de una nueva carrera armamentista por obra de una conspiraci\u00f3n. Se niega porque tiene sentido com\u00fan. Decir lo contrario es una falacia para callar el debate democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>La falacia de la \u00abinminencia b\u00e9lica\u00bb<\/p>\n<p>Que Europa est\u00e9 al borde de una invasi\u00f3n rusa carece de sustento t\u00e1ctico y real. Pero sirve de maravilla \u2014es el paraguas perfecto\u2014 para justificar un giro autoritario y militarista en la Uni\u00f3n Europea. Las potencias europeas y la OTAN alimentan un miedo fabricado para transformar sus sociedades en econom\u00edas de guerra.<\/p>\n<p>Montar centros de evaluaci\u00f3n militar masiva, empujar el reclutamiento y reintroducir obligaciones bajo la fachada de la \u00abvoluntariedad\u00bb no responde a una necesidad defensiva urgente. Responde a una deriva geopol\u00edtica que prefiere la confrontaci\u00f3n a la diplomacia. Con ello, los gobiernos europeos rompen el pacto social t\u00e1cito que, tras la Guerra Fr\u00eda, garantiz\u00f3 d\u00e9cadas de paz y puso el desarrollo civil por encima de los cuarteles.<\/p>\n<p>Una brecha generacional que ya no cierra<\/p>\n<p>Este pulso entre una clase pol\u00edtica aferrada a la l\u00f3gica de bloques y una juventud que se niega a ser instrumento ha abierto un abismo. Son dos realidades incompatibles. Los gobernantes calculan a gran escala y ven los recortes sociales como da\u00f1os colaterales de la crisis y del rearme. Los estudiantes piden otra cosa: aulas dignas, profesores suficientes, alquileres justos y una paz que haga valer la pena planificar una vida.<\/p>\n<p>Cuando las instituciones responden a esas demandas con desd\u00e9n o criminalizaci\u00f3n, quiebran la confianza democr\u00e1tica. El aumento de las solicitudes de objeci\u00f3n de conciencia en Alemania y la contundencia de las marchas anticipan que cualquier intento de forzar el reclutamiento, o de ignorar el malestar, chocar\u00e1 con una resistencia civil ingobernable.<\/p>\n<p>El futuro no se decide en un cuartel<\/p>\n<p>Las protestas estudiantiles no son un fuego pasajero. Son el s\u00edntoma de un continente que camina desorientado. Cuando el discurso del \u00abenemigo exterior\u00bb se desgaste frente a los problemas de todos los d\u00edas \u2014la renta, el aula, la n\u00f3mina\u2014, los gobiernos tendr\u00e1n cada vez m\u00e1s dif\u00edcil justificar recortes en nombre de la defensa.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes europeos nos recuerdan algo elemental. El futuro del continente no se decide en los ministerios de defensa, bajo la sombra de guerras lejanas, sino en las aulas, en los barrios y en la dignidad de quienes lo han de habitar. Que se enteren.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Isc\u00e1nder Santana | El paisaje social de Europa est\u00e1 temblando. 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