{"id":92419,"date":"2026-10-20T22:05:17","date_gmt":"2026-10-21T02:05:17","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=92419"},"modified":"2026-10-20T22:05:17","modified_gmt":"2026-10-21T02:05:17","slug":"el-eco-de-versalles-cuando-la-desconexion-del-poder-enciende-de-nuevo-a-europa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/el-eco-de-versalles-cuando-la-desconexion-del-poder-enciende-de-nuevo-a-europa\/","title":{"rendered":"El eco de Versalles: cuando la desconexi\u00f3n del poder enciende de nuevo a Europa"},"content":{"rendered":"<p>Por: Isc\u00e1nder Santana | La historia no se repite exactamente, pero suele usar las mismas met\u00e1foras cuando los gobernantes pierden el contacto con la realidad. A finales del siglo XVIII, la Francia prerrevolucionaria se ahogaba entre la inflaci\u00f3n, la escasez de alimentos b\u00e1sicos y una presi\u00f3n fiscal insostenible sobre las clases populares, mientras las \u00e9lites habitaban la burbuja de Versalles. De aquella \u00e9poca trascendi\u00f3 la c\u00e9lebre m\u00e1xima atribuida a Mar\u00eda Antonieta sobre el pueblo hambriento: \u00abSi no tienen pan, que coman pasteles\u00bb. Reflejara o no sus palabras exactas, retrataba la falla tect\u00f3nica entre la \u00e9lite gobernante y las necesidades vitales de la ciudadan\u00eda.<\/p>\n<p>M\u00e1s de dos siglos despu\u00e9s, los s\u00edmbolos vuelven a cruzarse con una contundencia casi po\u00e9tica. Hace apenas unas semanas, mientras Par\u00eds volv\u00eda a cubrirse de humo por las protestas desatadas por el malestar estudiantil en aulas sin calefacci\u00f3n y el descontento social desbordado, las c\u00e1maras captaron al presidente Emmanuel Macron asistiendo relajadamente a un concierto. La imagen, al margen del libre derecho al ocio de cualquier mandatario, condens\u00f3 el mismo s\u00edntoma de \u00e9poca \u2014el palacio celebra mientras la calle arde\u2014.<\/p>\n<p>Frente a esta marea de movilizaciones que recorre el continente \u2014con huelgas y marchas masivas, desde las acampadas por el precio de la vivienda en Espa\u00f1a e Italia hasta las protestas de unas 175.000 personas en quince ciudades alemanas contra los ajustes sociales en la otrora locomotora econ\u00f3mica de Europa\u2014, ciertos opinadores de trinchera, como un referente argentino de la derecha radical y otros analistas de ese mismo espectro, han preferido acudir al atajo interpretativo de asegurar que en las calles solo hay \u00abextranjeros\u00bb, agitadores externos o grup\u00fasculos de la extrema izquierda.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta narrativa no solo es simplista; es profundamente ciega ante los datos.<\/p>\n<p>Pretender que la agitaci\u00f3n europea es un invento ideol\u00f3gico es ignorar las cifras fr\u00edas que desangran el bolsillo de millones de familias. Hoy en la Uni\u00f3n Europea, alimentos esenciales como el pan, la leche o los huevos se han encarecido un 25% de media desde la crisis de 2022. Un 9% de la poblaci\u00f3n no puede permitirse mantener su hogar a una temperatura adecuada durante el invierno, y en la \u00faltima d\u00e9cada los precios de la vivienda subieron m\u00e1s del 60% mientras los salarios permanec\u00edan pr\u00e1cticamente estancados. En capitales europeas como Lisboa, Madrid o Mil\u00e1n, un trabajador joven debe destinar entre el 50% y el 70% de sus ingresos a pagar una habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No estamos presenciando un estallido sectario, sino la rabia acumulada de una clase media y de una juventud que ven c\u00f3mo el contrato social se desmorona. Ciertamente, las protestas actuales no son fen\u00f3menos del todo \u00abespont\u00e1neos\u00bb; existen colectivos articulados, sindicatos en huelga y canales digitales donde la generaci\u00f3n Z se coordina en tiempo real. Pero que una protesta tenga organizaci\u00f3n no anula la legitimidad de su motivo. Tener un tel\u00e9fono inteligente o acudir a una convocatoria nacida en redes no es la causa del malestar; la causa es no poder llegar a fin de mes ni proyectar un futuro digno.<\/p>\n<p>En 1789, la sordera del poder ante una poblaci\u00f3n exhausta desemboc\u00f3 en el colapso del Antiguo R\u00e9gimen. La gran ense\u00f1anza de la historia no es la apolog\u00eda de la violencia, sino la advertencia sobre el peligro inminente de gobernar de espaldas a las necesidades materiales de la gente.<\/p>\n<p>Si las \u00e9lites continentales insisten en tildar cada reclamo de \u00abvandalismo\u00bb o \u00abextremismo\u00bb mientras imponen recortes, cometer\u00e1n el mismo error de c\u00e1lculo que la corte de Versalles, el de asumir que el estruendo de las calles es un ruido pasajero, hasta que la realidad derriba las puertas del palacio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Isc\u00e1nder Santana | La historia no se repite exactamente, pero suele usar las mismas met\u00e1foras cuando los gobernantes pierden el contacto con la realidad. 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