{"id":92634,"date":"2026-10-30T09:08:29","date_gmt":"2026-10-30T13:08:29","guid":{"rendered":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/?p=92634"},"modified":"2026-10-30T09:08:29","modified_gmt":"2026-10-30T13:08:29","slug":"los-cadaveres-y-los-testigos-del-caso-galindez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pldaldia.com\/portada\/los-cadaveres-y-los-testigos-del-caso-galindez\/","title":{"rendered":"Los cad\u00e1veres y los testigos del caso Gal\u00edndez"},"content":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Un crimen pol\u00edtico no termina necesariamente con la muerte de su v\u00edctima. Puede continuar en la desaparici\u00f3n del cad\u00e1ver, en la intimidaci\u00f3n de quienes saben lo ocurrido y en la fabricaci\u00f3n de una explicaci\u00f3n destinada a sustituir la verdad. El caso de Jes\u00fas de Gal\u00edndez, del piloto estadounidense Gerald Lester Murphy y de las personas vinculadas a sus desapariciones obliga a investigar esas tres dimensiones de la violencia trujillista.<\/p>\n<p>En mi libro Sangre en el Barrio del Jefe, publicado en 2007 y del cual se han vendido m\u00e1s de doce mil ejemplares, relacion\u00e9 el secuestro de Gal\u00edndez con otros asesinatos y con la cadena de conflictos que desemboc\u00f3 en la muerte de Rafael Le\u00f3nidas Trujillo. Releer aquellos documentos y testimonios junto a las revelaciones del excongresista estadounidense Charles O. Porter permite volver sobre una pregunta que las narraciones m\u00e1s conocidas suelen dejar en segundo plano: \u00bfqu\u00e9 ocurri\u00f3 con los cuerpos y con quienes pod\u00edan explicar su destino?<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n debe comenzar antes del secuestro de Nueva York. El 8 de agosto de 1955 fue asesinado en La Habana el exiliado dominicano Manuel de Jes\u00fas Hern\u00e1ndez Santana, conocido como Pip\u00ed. En mi libro examin\u00e9 ese crimen y la relaci\u00f3n que Germ\u00e1n Emilio Ornes estableci\u00f3 entre las sospechas de los exiliados contra un personaje apodado El Cojo y la posterior aparici\u00f3n de este en el entorno de Gal\u00edndez. La conexi\u00f3n que all\u00ed estudi\u00e9 sit\u00faa el rapto dentro de una actividad de infiltraci\u00f3n y persecuci\u00f3n que atravesaba fronteras.<\/p>\n<p>F\u00e9lix W. Bernardino reaparece en esa trama. Tambi\u00e9n aparece Gloria Viera, cuyo nombre recog\u00ed as\u00ed en mi libro y que debe conservarse correctamente al examinar las distintas versiones del caso. Sin embargo, reconocer la continuidad de una maquinaria represiva no autoriza a atribuir a todas las personas el mismo conocimiento de sus operaciones. La intervenci\u00f3n material, la complicidad consciente y la condici\u00f3n de testigo son cuestiones que deben demostrarse por separado.<\/p>\n<p>El art\u00edculo de The New York Times del 6 de abril de 1964 inform\u00f3 que Porter hab\u00eda recogido en Santo Domingo, durante el mes anterior, el testimonio de un antiguo funcionario penitenciario. Seg\u00fan la noticia, este declar\u00f3 ante el exrepresentante por Oreg\u00f3n y dos funcionarios de la Embajada de Estados Unidos. Afirmaba haber presenciado el asesinato de Murphy: un golpe lo derrib\u00f3 y dos hombres lo estrangularon con una cuerda. Su cuerpo habr\u00eda sido colocado en un saco y trasladado al cementerio de Arroyo Salado.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed surge una primera distinci\u00f3n decisiva. Una declaraci\u00f3n sobre un entierro clandestino no equivale a la identificaci\u00f3n de una sepultura. La noticia atribuy\u00f3 a Porter la posesi\u00f3n de una copia del registro del cementerio correspondiente al entierro nocturno de un desconocido el 2 de diciembre de 1956. Pero en su art\u00edculo de agosto de 1965, publicado en Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, Porter situ\u00f3 el asesinato en la noche del 5 de diciembre. A su vez, un memorando secreto del Departamento de Estado, fechado el 24 de enero de 1957, registr\u00f3 la desaparici\u00f3n de Murphy el d\u00eda 3.<\/p>\n<p>Las fechas requieren cotejo. No pueden fundirse en una cronolog\u00eda aparentemente exacta. Hay que recuperar la declaraci\u00f3n original, el registro funerario y los informes de los investigadores para establecer d\u00f3nde se produjo la discrepancia.<\/p>\n<p>Porter describi\u00f3 adem\u00e1s una dificultad material. \u00c9l y el abogado Henry F. Dressel hab\u00edan visitado el cementerio y consultado sus libros. Seg\u00fan le explicaron, los cuerpos no identificados pod\u00edan enterrarse en sepulturas ya ocupadas; despu\u00e9s de cinco a\u00f1os, los restos se trasladaban a un dep\u00f3sito com\u00fan. Cre\u00eda posible reconocer los de Murphy, particularmente por su dentadura, pero afirm\u00f3 que sus gestiones ante Juan Bosch, Donald Reid Cabral y las autoridades estadounidenses no hab\u00edan logrado que se realizaran las indagaciones necesarias.<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis de un entierro identificable se convert\u00eda as\u00ed en una b\u00fasqueda entre restos trasladados o mezclados. La demora pod\u00eda destruir las posibilidades de comprobaci\u00f3n incluso sin una nueva orden de encubrimiento.<\/p>\n<p>El destino de Gal\u00edndez exige todav\u00eda mayor cautela. El informante de Porter no hab\u00eda presenciado su muerte. La noticia de 1964 le atribuy\u00f3 una versi\u00f3n procedente de Gloria Viera, seg\u00fan la cual el profesor fue llevado a La Fundaci\u00f3n y muerto a tiros despu\u00e9s de una confrontaci\u00f3n con Trujillo. En 1965, Porter escribi\u00f3 que aquel hombre pod\u00eda ayudar a localizar a dos personas: una conoc\u00eda las circunstancias del asesinato y otra habr\u00eda acompa\u00f1ado el cad\u00e1ver, colocado en un ata\u00fad especial, hasta un barco desde el cual fue arrojado al mar.<\/p>\n<p>Ese relato se\u00f1ala una pista; no demuestra por s\u00ed mismo el destino final del cuerpo. La distinci\u00f3n importa: respecto de Murphy, el declarante se presentaba como testigo presencial del homicidio; respecto de Gal\u00edndez, transmit\u00eda informaci\u00f3n ajena y ofrec\u00eda conducir a otros informantes. Convertir ambos niveles de conocimiento en una sola certeza borra precisamente lo que necesitamos investigar.<\/p>\n<p>Gloria Viera ocupa un lugar especialmente doloroso. Los relatos examinados la vinculan al traslado del secuestrado y describen su posterior muerte dentro de un autom\u00f3vil accidentado. A\u00f1aden que no sab\u00eda conducir. La noticia del Times habla de un veh\u00edculo destrozado e incendiado, encontrado en un barranco; Porter refiere una r\u00e1pida inhumaci\u00f3n despu\u00e9s de su liberaci\u00f3n de la c\u00e1rcel. Son versiones que justifican buscar el acta de defunci\u00f3n, el informe del supuesto accidente, el registro de entierro y cualquier examen m\u00e9dico disponible. No permiten afirmar, sin esos documentos, que conocemos la localizaci\u00f3n y la identificaci\u00f3n de sus restos.<\/p>\n<p>Octavio de la Maza representa otra forma de encubrimiento: un cad\u00e1ver devuelto a la familia acompa\u00f1ado de una explicaci\u00f3n oficial que deb\u00eda cerrar el caso Murphy. En mi entrevista de 2000, reproducida en Sangre en el Barrio del Jefe, su viuda, Maruxa R\u00faa, record\u00f3 la llegada de los polic\u00edas en la madrugada del 7 de enero de 1957: \u00abVenga a recibir un cad\u00e1ver que le mandan\u00bb.<\/p>\n<p>Maruxa describi\u00f3 marcas de sogas en brazos y pies, un golpe en el costado y se\u00f1ales que interpret\u00f3 como pinchazos de inyecci\u00f3n. Eran sus observaciones del cuerpo de su esposo, no una autopsia. Su testimonio conserva, sin embargo, una evidencia humana que la versi\u00f3n del suicidio pretend\u00eda clausurar. Ella neg\u00f3 tambi\u00e9n que Tavito hubiera intervenido en el traslado de Gal\u00edndez.<\/p>\n<p>El testimonio del general y piloto Euclides Amancio Hern\u00e1ndez, recogido en el mismo libro, aporta otro elemento: relat\u00f3 presiones para responder conforme a un papel preparado y para firmar una carta sin leerla durante las diligencias relacionadas con el caso. Seg\u00fan su declaraci\u00f3n, la atribuci\u00f3n de responsabilidad a Tavito formaba parte de una operaci\u00f3n impuesta desde el poder. La investigaci\u00f3n deb\u00eda examinar no solo qui\u00e9n hab\u00eda muerto, sino c\u00f3mo se produc\u00edan las declaraciones destinadas a explicar esas muertes.<\/p>\n<p>Porter a\u00f1adi\u00f3 una acusaci\u00f3n particularmente grave: que el cad\u00e1ver de Octavio hab\u00eda sido exhumado y despojado de tejidos para impedir que un examen posterior revelara las huellas del maltrato. Esa afirmaci\u00f3n debe investigarse como tal; no puede presentarse como comprobada \u00fanicamente porque Porter la public\u00f3. Precisamente por su gravedad exige documentos y testimonios independientes.<\/p>\n<p>La relectura de mi libro ofrece una v\u00eda concreta para avanzar. En su relaci\u00f3n documental figuran el oficio n\u00famero 5707, del 23 de marzo de 1962, dirigido al secretario de Justicia, y el n\u00famero 9301, del 27 de abril de aquel a\u00f1o, dirigido al encargado de Relaciones Exteriores. El primero rese\u00f1a la solicitud de la Embajada estadounidense para que representantes del Departamento de Justicia revisaran los archivos del SIM e interrogaran a agentes detenidos, con miras a reabrir el caso Gal\u00edndez-Requena. El segundo registra la aprobaci\u00f3n de esa solicitud. Ambos aparecen con la referencia 10491-7.<\/p>\n<p>Estas entradas no sustituyen los oficios completos, pero permiten buscarlos con precisi\u00f3n. Tambi\u00e9n ampl\u00edan la cronolog\u00eda: las gestiones estadounidenses consignadas en el libro anteceden a las entrevistas que Porter describi\u00f3 en 1963 y 1964. La pregunta es qu\u00e9 documentos se consultaron, a qui\u00e9nes se interrog\u00f3 y d\u00f3nde quedaron los resultados.<\/p>\n<p>Tampoco debemos suponer que todos los testigos fueron asesinados. El informante de Porter sobrevivi\u00f3 para declarar y, seg\u00fan este, buscaba protecci\u00f3n y la posibilidad de refugiarse en Estados Unidos. Su identidad era conocida por las autoridades estadounidenses. En los materiales examinados no queda establecido qu\u00e9 ocurri\u00f3 despu\u00e9s con \u00e9l, ni si llegaron a comparecer las dos personas que pod\u00edan aportar informaci\u00f3n sobre Gal\u00edndez y su cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>La reserva documental tambi\u00e9n ha prolongado el problema. En 2019, una corte federal de apelaciones confirm\u00f3 la negativa a entregar al investigador Stuart McKeever los materiales del gran jurado de 1957 relacionados con John Joseph Frank. La sentencia cit\u00f3 precisamente la noticia del Times de abril de 1964. Aquellos papeles judiciales no deben confundirse con los informes diplom\u00e1ticos de la visita de Porter, pero recuerdan que una parte de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica depende del acceso a expedientes concretos.<\/p>\n<p>En Sangre en el Barrio del Jefe relacion\u00e9 estos cr\u00edmenes con las pasiones, las represalias y las decisiones que condujeron al 30 de mayo de 1961. La muerte de Tavito dej\u00f3 en Antonio de la Maza una herida inseparable de su enfrentamiento con Trujillo. El intento de encubrir una desaparici\u00f3n contribuy\u00f3 a producir nuevas v\u00edctimas y nuevas razones para combatir al dictador.<\/p>\n<p>Recuperar hoy esa historia exige seguir el rastro de cada cuerpo y de cada declaraci\u00f3n. Murphy conduce al cementerio y a sus registros; Gal\u00edndez, a los testimonios sobre La Fundaci\u00f3n y el supuesto traslado mar\u00edtimo; Gloria Viera, al accidente y al entierro; Octavio de la Maza, a las huellas que su familia vio y a las denuncias de una posterior manipulaci\u00f3n de sus restos. Los testigos supervivientes conducen a los archivos donde debieron quedar sus palabras. All\u00ed est\u00e1 todav\u00eda una parte de la tarea pendiente: devolver a las v\u00edctimas su historia comprobable y a las familias las respuestas que el terror les neg\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: V\u00edctor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes | Un crimen pol\u00edtico no termina necesariamente con la muerte de su v\u00edctima. Puede continuar en la desaparici\u00f3n del cad\u00e1ver, en la intimidaci\u00f3n de quienes saben lo ocurrido y en la fabricaci\u00f3n de una explicaci\u00f3n destinada a sustituir la verdad. 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