Indignados

Aunque no se trata de un tema político, que por lo general resaltamos en estos comentarios, pero la indignación colectiva nos lleva a su abordaje.

En todos los núcleos sociales se respira un aire de frustración, de rabia, de irritación con el acto de barbarie confesado por un joven mecánico contra una mujer, quien era su pareja sentimental y tres niños.

A su cónyuge la asesinó a puñaladas y guardó su cuerpo, a dos niñas las mató una por una y luego de pasar un día completo con un adolescente también lo asesinó.

Un perrito mascota del hogar fue también acribillado para que el silencio se convirtiera en su cómplice.
Para colmo este sicópata, como han dicho los siquiatras, duró tres días compartiendo con los cadáveres y hasta disfrutó de un baño de playa con otra joven, sin arrepentirse de su horrendo acto.

Es apresado sin resistencia alguna y dice que lo hizo por problemas económicos, una forma hipócrita de querer justificar su crueldad y salvajismo.

Este cuádruple asesinato es un acto que le da una señal a la sociedad de que se hacen necesarios ciertos reajustes.
Se ha ido perdiendo la capacidad de asombro, la sensibilidad, el temor porque muchas de las cosas se dejan pasar.
En muchas de las infracciones y bochornos, de manera politiquera, se quiere culpar al gobierno, cuando es de todo conocido que toda la sociedad está involucrada.

Las autoridades nacionales, los partidos políticos, las academias, los gremios, los empresarios, profesionales, deportistas, mujeres, jóvenes, los medios de comunicación, el país tienen que dimensionar el peligro que nos asecha con estas malas señales que manifiestan insensibilidad y degeneración. La indignación tiene que llevarnos a abrir los ojos.