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Por: Héctor Olivo | Cursando ya la segunda quincena de octubre, con pronósticos de lluvias, consecuencias de fenómenos atmosféricos característicos de esta época, los residentes en el Distrito Nacional entran en pánico; presentes tienen los dos últimos noviembre, 2022 y 2023, con un trágico balance, fruto de las inundaciones por las precipitaciones en la capital de la República.
Y no se trata de los barrios carenciados, cercanos a los ríos que circundan la ciudad capital o las cañadas que cruzan esas demarcaciones, si no las zonas residenciales.
Torres de apartamentos, plazas comerciales, oficinas y viviendas de sectores de clase media se anegaron en los dos diluvios de noviembre, motivo de preocupación, porque, a pesar de esos daños, con muertes incluidas, no se ha visto un mínimo de esfuerzo para prevenir una nueva desgracia.
Una gestión municipal cosmética se ha mantenido inaugurando remodelaciones de parques, con auspicios del banco comercial del Gobierno y otras empresas comerciales privadas.
En verdad las plazas inauguradas son bonitas, pero esa no es la prioridad de los munícipes de la capital entre los que el pánico se apodera cada vez que se anuncia una vaguada o una onda tropical.
Son solo letreros que anuncian la limpieza de los imbornales, sin que se vean brigadas cumpliendo la labor que se publicita en los carteles que informan de una tarea que no se cumple.
La incertidumbre domina a los munícipes capitaleños ante la temporada lluviosa que el cambio climático ha trasladado al último trimestre del año en República Dominicana, que asociando esos medios y temores a los generados con el anuncio de la reforma fiscal, es para permanecer en un estado estacionario de estrés y pánico.
Crucemos los dedos para evitar un nuevo diluvio sobre la ciudad capital dirigida por una gestión municipal cosmética.





