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Por: Ruddy Pérez | En el año 2021, el exdirector del SENASA, Dr. Chanel Rosa Chupani, publicó un mensaje en su cuenta de X que hoy retumba como una advertencia ignorada: “Van a destruir el SENASA. Guarden este tweet.”
Cuatro años después, lo que entonces parecía una alerta severa se ha convertido en una profecía cumplida, y el país contempla con indignación el colapso institucional que él advirtió a tiempo.
Chanel Rosa fue, sin lugar a duda, un funcionario ético, moral, íntegro y profundamente comprometido con el servicio público. Bajo su dirección, SENASA se convirtió en un referente de eficiencia y calidad en toda Latinoamérica. Su gestión fue reconocida nacional e internacionalmente por la prontitud de las respuestas, la transparencia en los procesos y la calidad del servicio ofrecido a cada afiliado, sin distinción ni privilegios.
Pero su integridad no se limitó al SENASA: también demostró excelencia, transparencia y capacidad gerencial cuando dirigió el Servicio Nacional de Salud (SNS).
Su paso por ambas instituciones dejó una huella de profesionalismo, honestidad y trabajo incansable. Chamel Rosa es, sin dudas, un profesional de los pies a la cabeza, respetado por la sociedad y recordado con gratitud por quienes valoraron su entrega.
Hoy, frente al desastre que vive el SENASA, su advertencia del 2021 cobra un peso histórico y moral. Él lo dijo. Él lo alertó. Él pidió hacer un alto, Pero nadie escuchó.
Por eso la pregunta cae con fuerza: ¿Dónde estaba el presidente de la República? ¿Dónde estaba el ministro de Salud de entonces? ¿Dónde estaban los dirigentes del gobierno? ¿Dónde estaban los organismos de inteligencia, las entidades de veeduría, los mecanismos de control y fiscalización del Estado? ¿Dónde estaba el deber de vigilancia que hoy todos dicen haber cumplido?
Qué pena, y qué vergüenza colectiva, que hoy tengamos este caso que no sólo robó miles de millones del dinero público, sino que robó salud, bienestar y vida.
Porque detrás de cada peso malversado hubo un paciente esperando un medicamento de alto costo, una madre suplicando por una respuesta, un niño necesitando una terapia urgente, un envejeciente contando los minutos para recibir su tratamiento.
Hoy lo único que queda es el llanto de cientos de familias que perdieron seres queridos porque la corrupción les arrebató el derecho más básico: vivir.
Y lo más doloroso es que esas vidas perdidas son innumerables, incontables, y sus historias jamás recibirán justicia plena.
La advertencia de Chanel Rosa no fue más que un acto de responsabilidad y amor por la institucionalidad. El país lo reconoce. Y, en contraste, la indiferencia de quienes tenían la obligación de escuchar lo condena todo.






