|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Por: Emerson Vegazo | La decisión del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) de dejar formalmente iniciado el proceso interno de consulta para definir cuál de los aspirantes presidenciales actuales cuenta con mayor respaldo no es un simple trámite organizativo. Es, en realidad, un movimiento estratégico que revela comprensión del momento político y visión de mediano y largo plazo.
Iniciar este mismo año la medición del liderazgo con mayor nivel de aceptación —tanto dentro de la organización como entre ciudadanos independientes— envía una señal clara: el PLD ha decidido actuar con tiempo, método y racionalidad política. No se trata aún de una proclamación formal, sino de una fase de evaluación que permitirá posicionar con antelación a quien de los aspirantes inscritos posea mejores condiciones competitivas y luego legitimarlo dentro del marco que establecen la ley y los plazos electorales.
El impacto positivo de esta decisión ha sido evidente. Las bases partidarias han reaccionado con dinamismo; los medios de comunicación han colocado el tema en el centro del debate; y sectores importantes de la sociedad han comenzado a observar nuevamente al PLD como una opción real de poder. La política, al final, es percepción, organización y oportunidad. Y cuando estos tres elementos se alinean, el escenario cambia.
Sin embargo, el verdadero reto comienza ahora.
El PLD atraviesa un proceso de fortalecimiento y reorganización institucional, producto de las decisiones adoptadas en su Congreso Nacional. La implementación de una nueva línea organizativa y electoral, definida en ese máximo organismo, constituye el eje de su reconstrucción estratégica. Concluir este año esa fase organizativa es indispensable para que la consulta no sea un hecho aislado, sino parte de una arquitectura política coherente.
La organización acumula un capital político significativo tras dos décadas de gestión gubernamental que dejaron huellas concretas en infraestructura, crecimiento económico y modernización del Estado. Amplios sectores sociales reconocen en el PLD experiencia, conocimiento del arte de gobernar y capacidad para conducir al país hacia su desarrollo. No obstante, ese capital no es automático ni eterno: debe administrarse con inteligencia.
Por eso, el desafío central no es solo medir quién encabeza las preferencias. El desafío es generar confianza entre los aspirantes presidenciales, sus equipos y la militancia; consolidar la cohesión interna; y evitar que la competencia natural erosione la fortaleza colectiva. La consulta debe producir legitimidad, no fractura.
Si el proceso se conduce con madurez política, el partido podría llegar a 2027 con un aspirante fortalecido, respaldado por la estructura nacional y apoyado por una estrategia de comunicación integral diseñada para potenciar su ventaja comparativa. En ese escenario, la selección del candidato único no sería un punto de tensión, sino la culminación de un método.
La historia política demuestra que los partidos que planifican con tiempo reducen riesgos y aumentan probabilidades. El PLD ha dado el primer paso. Ahora corresponde demostrar que podemos convertir esa decisión en cohesión, esa cohesión en confianza y esa confianza en mayoría.
El proceso de consulta no es el final del camino. Es el inicio de una prueba mayor: la capacidad de transformar reorganización en competitividad y experiencia en renovación.
Emerson Vegazo
Miembro del Comité Central
Miembro de la Comisión Nacional LOE






