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Por: Luis Fernández | El 9 de agosto de cada año fue establecido
por las Naciones Unidas para reconocer los
derechos, culturas, tradiciones, lenguas y
aportes de los indígenas del mundo, la
fecha que fue aprobada en 1994 también
busca crear conciencia sobre problemas que
todavía enfrentan, como la discriminación,
la pérdida de sus territorios, la desigualdad
y las amenazas a sus lenguas y culturas.
En América Latina, esta fecha permite
reflexionar sobre la historia de los pueblos
originarios y su situación en la región, donde se han hecho algunos
avances mínimos reconociendo sus derechos jurídicos y políticos,
(caso Bolivia reconocimiento constitucional del Estado plurinacional)
pero persiste la pobreza, desigualdad, discriminación, despojo
territorial, exclusión política y brechas importantes en educación,
salud, empleo, seguridad alimentaria, vivienda y servicios públicos.
Los pueblos indígenas según datos de la CEPAL representan alrededor
del 10.4%, de la población de América Latina, más de 58.5 millones
de personas, la pobreza alcanzaba al 43.1% de la población indígena
en 2022, históricamente estos pueblos han sido sometidos a despojo
territorial, sometimiento, discriminación y marginación, lo que viene
ocurriendo desde la conquista de América y posteriormente con la
formación de los Estados nacionales.
Aunque han transcurridos siglos muchas de esas desigualdades
continúan presentes y aun siendo una parte significativa de la
población latinoamericana, con importancia demográfica y cultural, no
se corresponde su participación en la distribución de la riqueza y del
poder político, lo que tiene una relación directa con la historia de
exclusión y con la falta de reconocimiento real de sus derechos
colectivos, aunque estos estén consagrados por las Naciones Unidas.
La Organización de las Naciones Unidas mediante la Declaración
sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, estableció a partir de
1994 el derecho a la igualdad y no discriminación, derecho a la
identidad cultural, derecho al territorio y a los recursos naturales,
derecho a la libre determinación, derecho a la educación y la salud,
Derecho a la participación y consulta y derecho a preservar su
organización social.
Los derechos de los pueblos indígenas son derechos humanos
colectivos e individuales que buscan proteger su identidad, cultura,
territorios y formas de vida, estos pueblos son comunidades
originarias que preservan una identidad y una forma de vida propias,
vinculadas históricamente a sus territorios, además desempeñan un
importante papel en la protección de los bosques y la biodiversidad.
En este año 2026 el lema de la conmemoración es, “Honrar a las
parteras indígenas: salvaguardar la vida y el bienestar”, con el
objetivo de reconocer el papel fundamental de estas como guardianas
de conocimientos ancestrales y de prácticas de la salud materna e
infantil y de la continuidad cultural de sus pueblos, reconocimiento de
sus conocimientos y de una atención sanitaria culturalmente
apropiada.
Los indígenas están indicados entre los sectores más pobres, por lo
que la pobreza y la desigualdad son unos de los principales desafíos
que enfrentan, en muchos países las comunidades indígenas
presentan mayores niveles de precariedad económica, debido al
despojo histórico de sus territorios, discriminación, falta de
oportunidades económicas y exclusión de las decisiones políticas.
Los pueblos indígenas están presentes en toda Latinoamérica, los
mayas en México, Guatemala y Belice, Miskitos en Honduras y
Nicaragua, Lencas en el Salvador, Bribris Costa Rica, Embera Panamá
y Colombia, Wayuu Venezuela, Quechuas Ecuador, Perú y Bolivia,
mapuches Chile y Argentina, guaraníes en Paraguay, cientos de
pueblos en la Amazonia Brasileña y numerosas poblaciones indígenas
diseminadas en toda América Latina.
El 9 De agosto debe ser un día para hablar de derechos, democracia,
tierra, justicia social y poder, Latinoamérica no podrá superar sus
profundas desigualdades, si continúa dejando a los pueblos indígenas
en los márgenes del desarrollo, la región necesita avanzar hacia
sociedades donde la diversidad cultural sea reconocida como un
componente fundamental de la democracia.
La fecha también es propicia para denunciar las formas de
discriminación, exclusión y despojo que todavía enfrentan muchos
pueblos indígenas y destacar su contribución a la protección de la
naturaleza, la diversidad cultural y el conocimiento ancestral, la
defensa de los pueblos indígenas debería formar parte de una nueva
concepción del desarrollo latinoamericano.
América Latina tiene una deuda histórica con los pueblos originarios,
que durante generaciones han sido discriminados, esta población no
debe ser vista únicamente como beneficiaria de programas sociales,
sino que debe ser reconocida como sujeto político y de derechos, los
pueblos indígenas no son una expresión del pasado, forman parte del
presente y deben ser protagonistas del futuro de América Latina.
Los pueblos indígenas no necesitan que solamente los recordemos en
una fecha determinada, lo que se demanda es que los Estados
respeten sus derechos, protejan sus territorios y garanticen su
participación en las decisiones que determinan su futuro, condiciones
fundamentales para construir una América latina más democrática,
más justa y verdaderamente inclusiva.






