Protestas y paros

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Por: Héctor Olivo | Durante esta semana de septiembre de 2026, la República Dominicana experimentó diversas jornadas de protestas y paros sectoriales que deberían servirle al Gobierno como termómetro de la inconformidad que generan el incumplimiento de promesas y las preocupaciones de la población.

Maestros de distintos municipios encendieron velas en horas nocturnas y organizaron los llamados «bocinazos» en protesta por el deterioro de las escuelas y en demanda de reivindicaciones, entre ellas mejoras salariales, todo esto sin suspender la docencia.

Por su parte, los municipios de Salcedo y Villa Tapia, en la provincia Hermanas Mirabal, paralizaron el comercio y el transporte en demanda de obras viales y comunitarias, logrando un gran respaldo.

En Santo Domingo Oeste, organizaciones comunitarias marcharon por las calles en contra del precio de la canasta básica, los medicamentos, los apagones y las altas facturas eléctricas.

A ritmo de cacerolazos, otro grupo de personas se manifestó en la carretera Mella, en Santo Domingo Este, para exigir el restablecimiento del servicio eléctrico; los manifestantes salieron de sus viviendas para reclamar una solución definitiva ante la falta de energía.

Asimismo, en el distrito municipal de Santiago Oeste se reportó un paro de actividades para exigir a las autoridades la terminación de los centros educativos intervenidos, ya que más de cinco mil estudiantes no han podido iniciar las clases.

La semana cierra marcada por una notoria presión ciudadana que se expresa en protestas y paros simultáneos en distintos puntos del país.

Estos movimientos han puesto en el centro del debate temas económicos, sociales, de seguridad y el reiterado incumplimiento de promesas y compromisos.

En sus seis años de gestión, el PRM —que en el pasado utilizó las protestas contra el PLD, incluyendo las movilizaciones de la «Marcha Verde»— se muestra hoy indiferente ante estos justos reclamos, insistiendo en una práctica comunicativa de engaño y manipulación mediática. Ante esto, la ciudadanía le recuerda que «ya la pava no pone donde ponía».