La aberración de los intercambios de disparos

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Por: Ramón Tejeda Read | Acribillar jóvenes en nuestros barrios pobres no es combatir la delincuencia. Es una aberración.

Si las autoridades saben dónde viven y tienen su prontuario, ¿por qué no los apresan y someten a la justicia?

¿Por qué ese entusiasmo del presidente de la República con el gatillo policial?

¿A qué viene eso de que “entréguense o los buscamos”? El presidente sabe que “los buscamos” en la Policía se lee “los matamos”.

Los asesinatos sumarios violan la Constitución dominicana. El presidente Abinader lo sabe.

Aniquilar jóvenes de nuestros barrios pobres tiene mucho que ver con otros temas. Y también lo sabe el jefe del Estado.

Asesinar supuestos delincuentes tiene que ver con aterrorizar a la población. Sirve para encubrir inconductas. Puede solapar el sicariato. Construye estructuras de poder ingobernables en el Estado y en la Policía, en particular. Y puede prestarse a muchas otras ocurrencias a cual más perniciosa.

Pero ya sabemos cuán aficionado es el presidente Abinader a coger piedra para los más chiquitos. A pretender soluciones simples para problemas complejos.

La delincuencia no es un fenómeno personal: es una lacra social. Nadie nace delincuente. El presidente debe saberlo. La enfermedad se adquiere en el medio social. Es consecuencia del sistema capitalista en una sus peores manifestaciones: la miseria. Que primero es material y después espiritual.

La juventud de nuestros barrios pobres no necesita escuadrones policiales de la muerte. Necesita batallones de sicólogos y trabajadores sociales que la acompañen; necesita atención especial para sus escuelas y abundantes oportunidades de estudio, trabajo, deportes, artes, clubes, etcétera, y que no haya contubernio oficial con el negocio de la droga.

¿No lo saben el Presidente y sus genios de la seguridad?