Cuando la economía asfixia al amor en los hogares dominicanos

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Por: Carlos Rodríguez | La cosa está tan dura en las calles que ya ni las parejas se salvan de la crisis, porque cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Hoy en día, bregar con los precios de la comida en el colmado, el super y los mercados se ha vuelto un dolor de cabeza diario que está sacando de quicio a más de uno en los colmados y las esquinas. Mientras los números fríos dicen una cosa en los papeles, la realidad de la Calle del dominicano a pie es otra muy distinta, con una canasta familiar que no da abasto y unos chelitos que se esfuman apenas toca cobrarlos a fin de mes.

Entre el platico del día por las nubes y los artículos de primera necesidad carísimo, el presupuesto familiar se cae a pedazos y las discusiones en la casa están a la orden del día. Ya no se trata solo de estirar el sueldo, sino de ver cómo inventar para resolver las tres LA de cada jornada sin terminar peleados con la pareja por no poder pagar las deudas o comprar lo del sustento. La presión de las cuentas acumuladas y la falta de circulante están minando la paz de muchos hogares, transformando el ambiente de tranquilidad en una pura tensión que afecta la convivencia de la familia entera.

Para rematar, la situación con los parientes y los hijos se pone cuesta arriba cuando los padres se ven con las manos atadas ante las necesidades básicas que no perdonan. Ver que el dinero no alcanza ni para lo más elemental quita el sueño a cualquiera, generando un desgaste emocional tan fuerte que muchas relaciones terminan rompiéndose por el simple peso de la estrechez económica. Al final, el dominicano se faja de sol a sol buscando el moro diario, pero la dura realidad de esté gobierno con el costo de la vida nos está cobrando una factura muy alta que lacera lo más sagrado que tenemos: la unión de la familia.