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Por: Luis Fernández | La lucha contra el hambre y la pobreza constituye uno de los principales desafíos sociales de la República Dominicana y de los demás países del mundo, que al igual que el nuestro padecen de difíciles condiciones de existencia, desigualdad en la distribución de la riqueza, desempleo, bajos salarios, corrupción, debilidad institucional, discriminación, exclusión social y oportunidades insuficientes.
Muchos países tienen problemas estructurales en sus economías y una dependencia de la exportación de materias primas, la escasa industrialización y la limitada diversificación productiva, dificultan la creación de empleos de calidad, a lo que debemos agregar el peso del servicio de la deuda, lo que reduce los recursos disponibles para salud, educación e inversión social y condiciona la capacidad de los Estados.
El hambre, la pobreza y las ayudas sociales están estrechamente relacionados por lo que deben ser correctamente tratados con una política integral de verdadero desarrollo humano, que garantice alimentación suficiente, empleos dignos, salarios adecuados y servicios públicos de calidad, que alivien las necesidades inmediatas que tiene la población y le permita vivir con dignidad.
En la República Dominicana el crecimiento económico y la expansión de determinadas áreas productivas, no eliminan automáticamente los problemas y dificultades de los hogares dominicanos para alimentarse adecuadamente, siempre es necesario distinguir entre la disponibilidad de alimentos en los mercados y la capacidad real de la población para comprarlos, la pobreza tiene una relación directa con la insuficiencia de ingresos.
Cuando los ingresos familiares no crecen al mismo ritmo que el costo de la vida, las familias se ven obligadas a reducir sus gastos en alimentación, educación y salud, lo que aumenta las desigualdades y limita las oportunidades de superación muy especialmente entre niños, jovenes, mujeres y hogares vulnerables, dificultando el acceso a una vivienda digna y a empleos bien remunerados.
Combatir la pobreza requiere políticas que no se limiten a ofrecer asistencia económica temporal, politiquera y demagógica, sino que también promuevan empleos dignos, mejores salarios, servicios públicos de calidad y una distribución mas equitativa de las oportunidades, que permita que los que verdaderamente sufren pobreza, puedan superarla de manera sostenible.
La pobreza es una expresión de la desigualdad económica y social, frente a ella la ayuda social cumple una función importante al proporcionar recursos a las familias mas vulnerables, para cubrir necesidades esenciales, pero la asistencia social por si sola, no elimina ni supera las causas estructurales de la pobreza, ni la desigualdad social, las oportunidades y los derechos entre diferentes grupos de una sociedad.
La ayuda social es un derecho a la protección del Estado, para quienes verdaderamente la necesitan, pero esta no debe sustituir una política de desarrollo capaz de generar independencia económica, reducir la desigualdad, mejores condiciones de vida para los sectores históricamente excluidos y garantizar una vida digna para todos los dominicanos y sus familias.
El problema de fondo no es cuanto crece una economía, sino como se distribuye la riqueza que se produce y en que medida ese crecimiento mejora las condiciones de vida de la mayoría, superar la pobreza estructural exige políticas sostenidas de empleo digno, salarios suficientes, educación de calidad, protección social y reducción real de las desigualdades económicas y territoriales.
La asistencia social alivia las necesidades de los sectores mas empobrecidos ante el encarecimiento de los artículos de primera necesidad en la República Dominicana y otros países del mundo, pero esta acción es limitada cuando no esta acompañada de políticas que mejoren los salarios, fortalezcan los servicios públicos y garanticen la distribución mas equitativa de la riqueza nacional.
La pobreza y el hambre no pueden resolverse únicamente mediante subsidios y ayudas monetarias o de otra índole, es necesario examinar las prioridades del gasto publico, la calidad de las instituciones, la política fiscal, las condiciones del mercado laboral y la capacidad del Estado para garantizar derechos y oportunidades, que permitan a los sectores vulnerables, superar sus condiciones de pobreza.
La desigualdad en América Latina que es una de las regiones mas desiguales del mundo, profundiza la pobreza y nuestro país no es una excepción, en la mayoría de nuestros países la riqueza se concentra en manos de unos pocos privilegiados, mientras la gran mayoría de las poblaciones latinoamericanas, de niños, adultos mayores, mujeres y personas con discapacidad, padecen múltiples necesidades.
Erradicar el hambre en América latina y en nuestro país es garantizar que todas las personas tengan los ingresos y los medios necesarios para acceder a los alimentos indispensables, lo que debe ser una prioridad del Estado y una condición indispensable para combatir la pobreza, reducir la desigualdad y garantizar una vida digna, para todos los latinoamericanos y sus familias.






