Sin que ello signifique sorpresa el papa Francisco volvió a impactar con un mensaje lleno de optimismo y racionalidad, muy distante de predicas amañadas y políticamente comprometidas.
Abordó en la homilía de la misa de Resurrección celebrada en la Plaza de San Pedro las situaciones de conflictos internacionales, hablándonos de la esperanza que tiene para los católicos la resurrección de Jesús.
Deseó que “en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas”.
Situaciones que laceran, conflictos que generan víctimas mortales que demandan alivio y consuelo, que es una de las misiones de los religiosos y pastores de almas.
El papa rogó para que se conceda la paz “a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen” y recordó “Sudán del Sur, Somalia y la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África”.
Asimismo deseó “que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia”.
Esa es la esencia del evangelio. Jesús predicó y enseño con su ejemplo. Desde el pulpito se ha de ser realista, procurar soluciones a los males y predicar siempre con la verdad, sin resquemores y resentimientos. Que ejemplo para el mundo religioso ofrece Francisco en un lenguaje llano y comprometido con los que menos pueden.


