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Por: Lic Ruddy Pérez | La oposición dominicana tiene que decidir si seguirá atrapada entre egos, heridas políticas y diferencias personales, o si finalmente asumirá con madurez histórica la responsabilidad de construir un verdadero frente opositor capaz de rescatar a la República Dominicana del atraso, el abandono y el deterioro institucional que vive hoy el país.

Resulta increíble que los dos principales partidos de oposición, integrados por hombres y mujeres que sí conocen el Estado y saben gobernar, todavía no logren comprender que el momento político exige más país y menos individualismo.

Durante los años en que el PLD se mantuvo unido como un solo cuerpo político, la República Dominicana avanzó:

– crecimiento económico,
– desarrollo turístico,
– estabilidad,
– obras de infraestructura,
– programas sociales,
– modernización del Estado,
– y oportunidades para millones de dominicanos.

Hoy, en cambio, vemos un país donde los servicios públicos se deterioran, el costo de la vida golpea a la gente, la economía pierde dinamismo y el pueblo comienza a sentir nuevamente desesperanza.

Y mientras eso ocurre, sectores de la oposición siguen enfrascados en disputas internas, alimentando divisiones que solo favorecen a quienes hoy gobiernan.

Hay diferencias, sí. Hay heridas políticas, también. Y quizás muchas cosas del pasado no se manejaron de la mejor manera. Pero ya no se trata de intereses individuales ni de orgullos personales. Se trata de la República Dominicana.

Porque si por egos, resentimientos o cálculos políticos se permite que el país continúe hundiéndose en el retroceso, entonces los únicos responsables no serán quienes hoy gobiernan, sino también aquellos que teniendo la posibilidad de unirse para producir un cambio, no fueron capaces de ponerse de acuerdo.

La historia será dura con quienes prefieran proyectos personales antes que pensar en el futuro del país. Porque la República Dominicana necesita una oposición fuerte, madura, estratégica y unificada. No para destruir, sino para reconstruir una nación que merece volver a avanzar.