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Por: Asiaraf Serulle | Cada vez que sale una encuesta, muchos se enfocan en quién va arriba y quién va abajo. Pero, sinceramente, hay un dato que debería preocuparnos más que cualquier candidatura: la gran cantidad de personas que hoy responden “ninguno”.
Y la verdad es que hay que entenderlos.
Mucha gente se cansó de escuchar promesas que nunca llegan. Otros sienten que los políticos solo aparecen en campaña y desaparecen después de ganar. También hay ciudadanos que sienten que ya nadie los escucha de verdad.
Ese “ninguno” no sale de la nada. Es una señal clara de que algo no estamos haciendo bien.
La política también tiene que hacer conciencia. Quienes participamos en ella debemos reconocer que muchas veces nos alejamos de la gente y dejamos de escuchar sus necesidades reales. Y cuando eso pasa, la confianza se pierde poco a poco.
La población está cansada de la confrontación política vacía. Hoy la gente espera líderes más responsables, más prudentes y enfocados en resolver problemas que en destruir adversarios o compañeros.
Además, la política dominicana no vive aislada del mundo. La geopolítica hoy influye directamente en la economía, en el costo de la vida, en la migración, en la seguridad y hasta en la manera en que los ciudadanos ven a sus gobiernos. En muchos países estamos viendo crecer el desencanto hacia los partidos tradicionales y la desconfianza hacia la clase política. La República Dominicana no es ajena a esa realidad.
Por eso hoy la gente quiere otra forma de hacer política. Una política más cercana, más humana y menos llena de discursos vacíos. La gente quiere representantes que expliquen las cosas claras y que entiendan los problemas que vive la población todos los días.
En Santiago lo vemos constantemente. La ciudadanía quiere saber qué pasa con las obras que se anuncian, cómo se invierten los recursos públicos y por qué muchos problemas siguen igual año tras año. La gente merece transparencia, respeto y respuestas claras.
Fiscalizar, exigir cuentas y defender los intereses de la ciudadanía no debería depender de partidos ni de momentos electorales. Debería ser parte del compromiso de todo el que decide participar en la vida pública.
La política no puede seguir viendo al ciudadano solo como un voto cada cuatro años. El pueblo quiere sentirse escuchado, respetado y tomado en cuenta todos los días, no únicamente en tiempos de campaña.
Yo sigo creyendo en la política, pero en una política con propósito. Una política que sirva para ayudar, para educar, para fiscalizar y para volver a construir confianza entre la gente y quienes ocupan posiciones públicas.
Porque al final, el ciudadano no está pidiendo perfección. Lo que está pidiendo es sinceridad, cercanía y compromiso real.
Escuchar más, hablar menos y servir mejor: quizás por ahí sea que la política dominicana pueda volver a recuperar la confianza de su gente.





