Distribuir los sacrificios

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Por: José Méndez Luzón | Las altas tasas de interés se han convertido en una de las decisiones económicas de mayor impacto para las familias, las pequeñas y medianas empresas y los sectores productivos. Aunque se presentan como una medida técnica para controlar la inflación, sus efectos llegan directamente al bolsillo de la población.

El Gobierno sostiene que mantener tasas elevadas es un sacrificio temporal y necesario. Pero surge una pregunta: ¿quién está asumiendo el mayor costo? Lo pagan las familias que enfrentan cuotas más altas, los jóvenes que posponen la compra de su primera vivienda y las parejas que retrasan sus proyectos de formar un hogar.

También lo pagan las PYMES. Cuando el crédito es demasiado costoso, el pequeño empresario reduce sus inversiones, limita su crecimiento y evita crear nuevos empleos. No se puede hablar de producción y desarrollo mientras el financiamiento se convierte en un lujo.

La construcción también siente el impacto. Menos proyectos significan menos empleos, menor demanda de cemento y varillas y menos actividad para el transporte, los colmados y otros pequeños negocios. Cuando se detiene la construcción, se desacelera una parte importante de la economía.

El consumo tampoco queda al margen. Con tarjetas de crédito y préstamos más caros, las familias compran menos, reducen sus gastos y posponen inversiones. La estabilidad económica no puede medirse únicamente con cifras, porque también debe reflejarse en la capacidad de la gente para vivir, producir y progresar.

Por eso, las medidas monetarias deben acompañarse de políticas que protejan a los sectores más afectados: créditos preferenciales para la primera vivienda, fondos de garantía para las PYMES, incentivos para la construcción, mecanismos de renegociación de deudas y programas de educación financiera. No basta con controlar la inflación; también hay que proteger el empleo y estimular la producción.

La política económica debe equilibrar estabilidad, crecimiento y justicia social. Un Gobierno no se fortalece solamente con buenos indicadores macroeconómicos, sino cuando la población siente que las cargas se distribuyen de manera justa. Gobernar es elegir, y ya es hora de elegir una economía que proteja a las familias, apoye a quienes producen y distribuya los sacrificios con equidad.