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Por: César Peña Bonilla | En la República Dominicana, los apagones han sido una constante en la vida de muchos ciudadanos. Sin embargo, el reciente corte de energía ha transcendido lo meramente electrónico y ha expuesto las profundas fallas del Gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Este evento ha desnudado la oscuridad que rodea a una administración que prometió la luz, pero que, en su lugar, ha traído sombras.
Desde su llegada al poder, el PRM ha estado marcado por promesas incumplidas y una falta de transparencia en su gestión. La crisis eléctrica no es un problema tan nuevo; es el resultado de años de desinversión y mala planificación, hasta que el gobierno del PLD lo resolvió, pero esta administración ha llegado a su punto más bajo al no implementar soluciones efectivas.
El apagón no solo simboliza la falta de energía física, sino también la falta de respuestas claras y soluciones a las necesidades de la población. La desinformación y la incapacidad de los funcionarios para afrontar la realidad han sumido a los ciudadanos en la incertidumbre. Cada corte de luz no es solo un inconveniente, sino un grito de desesperación que refuerza la idea de un Gobierno desconectado de la realidad del pueblo.
La oposición, liderada por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), reclamamos cambios significativos. Es fundamental señalar que el PRM ha fracasado en la gestión de uno de los recursos más vitales para el desarrollo del país: la energía eléctrica. Las promesas de una revolución energética se han visto desvanecidas, dejándonos sumidos en la penumbra.
Es momento de exigir al PRM que asuma su responsabilidad y que trabaje para garantizar un suministro eléctrico estable y eficiente, como lo hacía el PLD. No podemos permitir que la oscuridad se convierta en la norma. La política de soluciones improvisadas debe ser reemplazada por un plan estructurado que aborde las raíces del problema.
El apagón que hemos experimentado no es un simple incidente más en la historia eléctrica de nuestro país; es una llamada de atención. La ciudadanía debe mantenerse alerta y exigir no solo respuestas, sino también acciones concretas que nos lleven hacia una verdadera transformación energética.
El futuro del país está en juego. El PRM no toma medidas decisivas para enfrentar esta crisis, por lo que corremos el riesgo de que las sombras de la incompetencia sigan cubriendo nuestras vidas. La luz del cambio debe llegar, y depende de nosotros, como ciudadanos, no solo exigirla, sino también trabajar para encender esa llama de esperanza. Con el PLD había 24 horas de electricidad y es por eso que vivíamos mejor.






