El ataque al hotel Matum

Por: Fsrid Cury | A las cinco de la mañana de aquel 19 de diciembre de 1965, una caravana de 30 vehículos con alrededor de cien constitucionalistas saldría desde Santo Domingo hacia Santiago de los Caballeros. El objetivo era para participar en una misa en memoria de quien fuera el fundador del movimiento constitucionalista, coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, y también visitar su tumba.

Francisco Alberto Caamaño fue advertido sobre la imprudencia de ese viaje. Incluso, el propio presidente García Godoy le pidió suspenderlo. Más aún, le comunicó que poseía informes de un supuesto atentado contra su vida. Con todo, el coronel Caamaño mantuvo su decisión. Prefería arriesgarse antes que ceder a las amenazas.

A las ocho la caravana llegaría a la iglesia de Nuestra Señora de la Altagracia. Las medidas de seguridad eran notorias. Pero todo transcurrió en calma. De allí saldrían al cementerio donde reposaban los restos de Fernández Domínguez, y solo minutos después hubo de desactivar una bomba colocada sobre la cripta desde donde se pronunciarían algunos discursos.

Del cementerio la caravana se dirigió al hotel Matum donde desayunarían. Pero apenas se habían acomodado cuando centenares de soldados del Ejército y de la Fuerza Aérea, empiezan a rodear el hotel y a avanzar en una actitud provocadora. Al rático disparan. Entonces el coronel Caamaño ordenó a todos subir al segundo piso para mayor protección y defensa. Al mismo tiempo les dice: «No contesten, no tiren. Nos quieren provocar».

Sólo quince minutos esa orden pudo ser acatada. Los atacantes seguían disparando y peligrosamente se acercaban al hotel. El comandante Montes Arache, consciente del peligro, le pide a Caamaño autorización para responder al ataque. Concedida la orden, sus Hombres Ranas disparan y de inmediato varios atacantes mueren.

Pero aquello apenas era el comienzo de una agresión mayor. Minutos después comienzan a llegar más y más tropas, apoyadas por tanques y carros blindados. Los primeros en disparar fueron los tanques, y uno de esos disparos alcanza el coronel Juan Lora Fernández, quién había sido jefe del ejército constitucionalista y a cuyo cargo estuvo la toma de la Fortaleza Ozama al inicio de la Revolución Constitucionalista.

Poco después del mediodía los atacantes acogieron un receso para permitir la entrada al hotel del cónsul norteamericano de la ciudad de Santiago, que pretendía sacar los norteamericanos que se encontraban allí. A esa solicitud, Montes Arache, con dignidad y valentía, respondió: «Quién le dijo a usted que un americano valía más que un dominicano? Como seres humanos, todos somos iguales y si vamos a establecer diferencias, ustedes valdrían menos que nosotros porque están en tierra dominicana perturbando el proceso democrático de este país».

El cónsul es obligado a mantenerse en el hotel. Alrededor de las dos de la tarde cinco militares norteamericanos entran al hotel y tras conversar con Caamaño y su Estado Mayor lo sacan. Dos horas después se presentan ante Caamaño los mismos militares y le informan que el presidente Godoy había dispuesto el traslado de todos los combatientes constitucionalistas hacia Santo Domingo, pero desarmados. La respuesta de Caamaño fue categórica: no, no aceptaremos salir desarmados. Seguiremos la fiesta».

Al final se aceptó desarmar solo a los civiles. A las 5.30 de la tarde evacuaron los heridos, los niños, los norteamericanos y un grupo de civiles. Pero es a las diez de la mañana del otro día cuando son evacuados todos los combatientes. El ultimo en abordar el helicóptero rumbo a Santo Domingo fue el coronel Caamaño. El resultado de ese ataque artero, según la Cruz Roja, fue 70 muertos y 32 heridos, de ellos sólo tres eran constitucionalistas

Fracasa así ese intento de matar a Caamaño y de aniquilar el mando constitucionalista. Entonces empieza a plantearse la idea de que, por la pacificación nacional, militares de ambos mandos debían abandonar el país. Una lista de 34 militares constitucionalistas sería elaborada. El primero en hacerlo sería el propio Caamaño, y antes de terminar el mes de enero todos los militares constitucionalistas señalados lo harían. No pasaría lo mismo con los militares que apoyaron la intervención norteamericana.