El Hambre Cero y la Realidad Dominicana

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Por: Luis Fernández | Recientemente el director general de la
Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO), Qu
Dongyu, informó que República Dominicana
logró reducir la prevalencia de la
subalimentación por debajo del umbral
internacional que define la condición de
hambre, de acuerdo con los datos
publicados en su Informe sobre el Estado
de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición
en el Mundo (SOFI 2026).

El funcionario del organismo internacional
afirmó que, “República Dominicana se ha movido por debajo del 2.5%
del umbral de desnutrición y fuera del mapa del hambre”, en un
trabajo anterior sobre este tema afirmamos, que esto ha sido
utilizado por el gobierno dominicano de una manera selectiva para
justificar el supuesto éxito de sus políticas alimentarias.

Y agregamos que,” al ver el informe de manera selectiva y política el
gobierno ha obviado y minimizado, otros indicadores del mismo
documento que evidencian desafíos importantes de seguridad
alimentaria, acceso económico a una dieta saludable y desigualdades
sociales, pretendiendo confundir proyectando la imagen de una
República Dominicana, que ha superado el problema del hambre.
Lo que la FAO ha reconocido es un logro estadístico, que no se
traduce en una realidad en la que ningún dominicano pase
precariedades alimentarias, la situación de los dominicanos es bien
diferente, para diversos sectores de la sociedad civil, partidos
políticos de oposición y ciudadanos de a pie, el término «Hambre
Cero» es calificado como un discurso triunfalista alejado de la
cotidianidad.

La FAO no ha dicho que en República Dominicana desaparecieron la
pobreza, la inseguridad alimentaria o todos los casos de personas que
pasan hambre, la propia FAO ha señalado en otras ocasiones que
alcanzar el objetivo de Hambre Cero requiere mantener políticas de
protección social, producción sostenible y acceso a alimentos
nutritivos para los grupos más vulnerables.

La verdad es que las estadísticas por si solas no garantizan que el
país disponga de suficientes alimentos y que todas las familias tengan
los recursos económicos para comprarlos, asimismo los constantes
aumentos de la canasta familiar y los bajos salarios vigentes
sumados a la informalidad laboral, dificultan el acceso estable a una
dieta balanceada, por lo que muchos hogares vulnerables se ven

obligados a reducir la calidad de sus comidas o a saltarse raciones
diarias debido a la inflación.

La precariedad con la cual están viviendo los dominicanos, contrasta
con todas las estadísticas oficiales que tratan de reflejar una supuesta
mejora en ciertos renglones nacionales de hambre y pobreza, que
demuestran el supuesto éxito de sus políticas económicas, por el
contrario, las familias dominicanas no han superado sus dificultades
alimentarias, ni tienen garantizado el acceso a una alimentación
suficiente, nutritiva y asequible.

Todo esto queda reflejado en un nuevo informe realizado por la
facultad de ciencias económicas y sociales de la UASD, su instituto de
investigación socioeconómica (INISE) y la fundación Juan Bosch,
titulado “Cuando trabajar no basta: productividad creciente, salarios
insuficientes y pobreza laboral en la Republica Dominicana”, que
señala “la pobreza laboral alcanzo en 2025 al 39.7% de la población
nacional y la pobreza laboral extrema llegó al 12.1%.

La pobreza laboral es mayor en las mujeres llegando al 43% y una
pobreza extrema de 13.6%, el informe señala que la pobreza laboral
es alta en varias regiones del país entre ellas la frontera terrestre
oeste, en el valle alcanza el 54.2%, en el Higuamo 53.0%, en Ozama
que incluye la capital 41.1% y en Yuma 35.9%, en todas estas zonas
del país los salarios no cubren la canasta básica y ni siquiera superan
el límite de la pobreza.

En un país como lo señala el informe, donde el ingreso mensual
promedio del sector formal es RD$ 38,891.00, ni el del informal RD$
24,761.00 logran cubrir la canasta familiar, hacen que este informe
“cuando trabajar no basta”, sea un importante esfuerzo para hacer
conciencia sobre la necesidad urgente de un modelo de crecimiento
económico justo que reparta la riqueza y permita a todos y todas
vivir dignamente.

La realidad dominicana se caracteriza por altos niveles de pobreza,
subalimentación, inseguridad alimentaria y dificultades para el acceso
a los alimentos, lo que constituyen barreras para la población acceder
regularmente a una alimentación suficiente y nutritiva, por lo que es
necesario que se tengan ingresos suficientes para adquirir alimentos
que mantengan una dieta saludable sin sacrificar medicamentos,
educación u otras necesidades esenciales.

La eficacia de una política contra el hambre y la miseria no se mide
únicamente por la reducción coyuntural de un porcentaje, sino
también por su capacidad de garantizar permanentemente que
ninguna familia quede excluida del derecho a una alimentación
suficiente y digna. Esa es la diferencia entre alcanzar una meta
estadística y resolver de manera sostenible el problema social.