Elegir también se aprende

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Por: Asiaraf Serulle | Porque una buena democracia también se construye con ciudadanos que aprenden a pensar antes de decidir.
Hay decisiones que cambian el rumbo de un país y, sin embargo, solo toman unos segundos. Una de ellas ocurre cuando un ciudadano llega a su mesa de votación para ejercer el derecho al voto. Parece un momento cualquiera, pero detrás de ese instante hay meses de información, conversaciones, dudas, emociones y reflexiones. Sin embargo, la decisión más importante no se toma cuando recibimos la boleta. Esa decisión comienza mucho antes.
En nuestro país es cada vez más frecuente escuchar frases como: «Todos son iguales», «Ninguno sirve» o «Ya no creo en los políticos». Detrás de esas expresiones hay decepción, frustración y, en muchos casos, cansancio. Son sentimientos comprensibles, pero debemos preguntarnos si la decepción puede convertirse en el criterio con el que elegimos el futuro de la República Dominicana.
La respuesta es no.

La decepción puede explicar cómo nos sentimos, pero nunca debería decidir por nosotros. Ahí es donde cobra importancia una palabra que merece volver al centro de la conversación: criterio.
Tener criterio no significa votar por un partido determinado ni dejarse llevar por quien habla más fuerte o promete más. Significa asumir la responsabilidad de conocer la trayectoria de quienes aspiran a servir, analizar sus propuestas, observar su conducta y evaluar si realmente poseen la preparación, la capacidad, la experiencia y la integridad necesarias para ejercer el cargo al que aspiran.
Pero tener criterio también significa mirar más allá de una sola persona.

Con frecuencia evaluamos únicamente al candidato y olvidamos que ningún presidente gobierna solo, ningún alcalde transforma un municipio por sí mismo y ningún legislador trabaja aislado. Detrás de cada buena gestión existen hombres y mujeres que elaboran políticas públicas, administran recursos, diseñan soluciones y convierten las ideas en resultados.

Por eso también debemos hacernos preguntas importantes. ¿Con quién piensa gobernar? ¿Quiénes integran su equipo? ¿Quiénes elaboraron su programa de gobierno? ¿Tiene la capacidad de convertir sus promesas en resultados? ¿Está rodeado de personas honestas, preparadas y comprometidas con el servicio público? Un buen gobernante no solo se reconoce por lo que promete hacer, sino también por las personas que escoge para hacerlo posible.
Sería un error pensar que la preparación, por sí sola, garantiza un buen gobierno. La experiencia demuestra que han existido personas muy capaces que terminaron defraudando la confianza ciudadana. Pero también hemos visto cómo la improvisación y la falta de preparación producen decisiones que afectan a todo un país. Por eso no debemos elegir entre capacidad o integridad; debemos exigir ambas. Quien aspire a servir debe demostrar que posee el conocimiento para gobernar y los valores para hacerlo con honestidad, responsabilidad y un verdadero compromiso con la gente.
El mayor peligro no es dejar de creer; es dejar de distinguir.

Porque cuando dejamos de distinguir entre unos y otros, cualquiera puede terminar pareciendo la mejor opción.
Cada vez que ejercemos el derecho al voto no elegimos solamente un nombre. Elegimos quién administrará recursos que pertenecen a todos, quién tomará decisiones sobre la educación de nuestros hijos, la seguridad de nuestras familias, el crecimiento de nuestras comunidades y el futuro de nuestro país. Por eso nuestro voto tiene un valor que no puede medirse por una emoción pasajera, una promesa de último momento o una necesidad circunstancial.
Elegir también se aprende. Y cuando aprendemos a elegir, también aprendemos a valorar nuestro voto. Un ciudadano que valora su voto entiende que no es una simple marca en una boleta, sino una decisión que puede influir en la vida de millones de personas. Por eso, antes de elegir, debemos informarnos; antes de decidir, debemos analizar; y antes de votar, debemos pensar.

Hoy no quiero invitarle a pensar como yo. Quiero invitarle a pensar mejor. A informarse antes de creer, a analizar antes de decidir y a exigir más de quienes aspiran a servir a nuestro país.
El país que soñamos no comenzará cuando aparezca el candidato perfecto. Comenzará el día en que cada ciudadano decida ejercer su derecho al voto con mayor conciencia, mayor criterio y un profundo sentido de responsabilidad. Porque cuando una ciudadanía aprende a valorar su voto, comprende que el verdadero cambio de una nación no comienza en los gobiernos, sino en cada ciudadano que decide ejercer su derecho con conciencia, criterio y responsabilidad.

Una democracia fuerte no depende únicamente de buenos gobernantes. Se construye, sobre todo, con ciudadanos que aprenden a elegir con conciencia, criterio y responsabilidad.

Política con Propósito RD
Construyendo ciudadanía para fortalecer la democracia.