Haití, una crisis que nos obliga a mirar más lejos

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Por: Margarita Cedeño | La situación que vive Haití nos preocupa profundamente y nos plantea desafíos que no podemos ignorar. Lo que ocurre al otro lado de nuestra frontera tiene consecuencias para la seguridad, la economía y la tranquilidad de los dominicanos. Y aunque todos deseamos que el pueblo haitiano pueda recuperar la paz y la estabilidad, debemos reconocer que encontrar una solución duradera podría tomar muchos años.

No estamos frente a una crisis pasajera. Haití atraviesa un proceso de deterioro institucional, político y social que se ha profundizado con el paso del tiempo. La violencia de las bandas armadas, el desplazamiento de miles de familias y las dificultades para celebrar elecciones son expresiones de un problema mucho más complejo, cuya solución requiere mucho más que la presencia de fuerzas internacionales.

Ante esta realidad, la República Dominicana tiene que actuar con prudencia, firmeza y una visión que vaya más allá de las circunstancias del momento.

Valoro los esfuerzos que ha realizado el Gobierno para reforzar la vigilancia fronteriza y mantener la situación haitiana en la agenda internacional. Son acciones necesarias, especialmente cuando las amenazas a nuestra seguridad son cada vez más complejas. Pero también considero que debemos avanzar hacia una política de Estado que nos permita anticiparnos a los acontecimientos, en lugar de limitarnos a responder cuando sus consecuencias ya se hacen sentir en nuestro territorio.

La protección de nuestra frontera es una responsabilidad irrenunciable. Necesitamos mantener una presencia militar adecuada, mejorar los sistemas de vigilancia, fortalecer la inteligencia y enfrentar con determinación el tráfico de armas y la corrupción. No basta con aumentar los controles si persisten debilidades institucionales que permiten que se vulneren nuestras leyes.

Igualmente, debemos abordar la cuestión migratoria con seriedad y sin contradicciones. Tenemos todo el derecho de hacer cumplir nuestras leyes y regular la presencia de extranjeros en nuestro territorio. Pero también es necesario poner orden en las relaciones laborales, exigir responsabilidades a quienes contratan trabajadores en condiciones irregulares y evitar que la informalidad siga alimentando un problema que afecta tanto a los trabajadores como al país.

Otro componente fundamental de esta estrategia debe ser el desarrollo de nuestras provincias fronterizas.

Durante demasiado tiempo hemos hablado de la frontera principalmente desde la seguridad, olvidando que allí viven familias dominicanas que necesitan empleos, escuelas, hospitales, caminos y oportunidades para progresar. Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales deben ocupar un lugar prioritario en nuestra planificación nacional. Una comunidad que cuenta con servicios, actividad económica y oportunidades tiene mejores condiciones para enfrentar cualquier amenaza.

En el ámbito internacional, nuestra posición debe continuar siendo clara. La República Dominicana no puede ni debe cargar con las consecuencias de una crisis cuya solución requiere el compromiso de muchos países. La comunidad internacional tiene que pasar de las declaraciones a los hechos, aportar los recursos comprometidos y acompañar al pueblo haitiano en la recuperación de sus instituciones.

Este desafío exige, además, algo que considero indispensable para enfrentar una situación de semejante magnitud, la unidad nacional.

Las diferencias políticas son parte de la democracia, pero hay asuntos que deben colocarse por encima de ellas. El diálogo entre el Gobierno y los expresidentes es un paso importante que debemos preservar y fortalecer. Necesitamos acuerdos que tengan continuidad, independientemente de quién gobierne, y que permitan evaluar lo que estamos haciendo y corregir aquello que no esté dando resultados.

También debemos cuidar la manera en que hablamos de Haití. Defender nuestra soberanía y exigir el cumplimiento de nuestras leyes no significa promover el rechazo hacia un pueblo que también sufre las consecuencias de la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades.

La defensa de nuestros intereses nacionales debe ejercerse siempre desde la legalidad y el respeto a la dignidad humana. Tenemos que prepararnos para una realidad difícil, que posiblemente nos acompañará durante mucho tiempo. Eso exige decisiones responsables, instituciones fuertes y la capacidad de pensar en las próximas generaciones, no solamente en la próxima coyuntura.

La República Dominicana necesita una estrategia que trascienda los períodos de gobierno, combine seguridad con desarrollo y convierta la anticipación en una responsabilidad permanente del Estado. No podemos resolver por nosotros mismos la crisis haitiana, pero sí podemos decidir cómo enfrentar sus consecuencias. No está en nuestras manos determinar el futuro de Haití. Lo que sí está en nuestras manos es proteger el futuro de la República Dominicana.