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Por: Elías Cornelio | La reciente reunión extendida del Consejo de ministros ha sido presentada por el gobierno como un ejercicio de coordinación, evaluación y relanzamiento de metas. Sin embargo, desde una mirada técnica y desde los principios que rigen la planificación pública en la República Dominicana, este encuentro envía una señal preocupante: evidencia debilidades estructurales en la planificación del Estado, contradice la lógica del sistema establecido por la Ley 498-06 de Planificación e Inversión Pública y pone en entredicho la coherencia entre planes, presupuesto y ejecución.
Lejos de fortalecer la gestión pública, este tipo de reuniones cuando producen redefiniciones de metas y por tanto de proyectos, anuncios de nuevas prioridades o reajustes estratégicos revelan que la planificación no está cumpliendo su función esencial: anticipar, ordenar y orientar la acción del Gobierno de manera racional, programada y financieramente viable.
Instrumentos de planificación en República Dominicana
En nuestro país existen varios instrumentos definidos dentro del esquema de planificación y dentro del Sistema Nacional de Inversión Pública, estos instrumentos plantean una lógica y se encuentran interconectados para lograr que las metas a gran escala del país se sustenten en las ejecuciones institucionales.
Estos instrumentos son:
• La Estrategia Nacional de Desarrollo (END)
• Plan Plurianual de Inversión Publica
• Presupuesto Nacional
• Plan Estratégico Institucional (PEI)
• Plan Operativo Anual (POA)
Estos elementos deben estar alineados para que las metas país puedan ser realizables, es decir, no podemos enunciar que “mejoraremos la educación mediante la construcción de nuevas aulas” si en el presupuesto nacional dentro del Ministerio de Educación la partida de construcción de aulas no tiene los recursos que esto necesita y créanme este ejemplo es más real de lo que creen.
Se aprueban las metas, se aprueba el presupuesto y se aprueban los proyectos.
Uno de los aspectos más delicados de esta reunión es su desfase temporal. El Presupuesto General del Estado 2026 ya fue formulado, aprobado y presentado como el principal instrumento de política pública del próximo año (2026).
Cuando el Congreso Nacional aprueba el presupuesto, se aprueba el monto asignado a cada institución, este monto tiene consigo un desglose de todo lo que hará la institución que necesite recursos financieros en ese año, es decir, cuando el Congreso Nacional aprueba el presupuesto también está aprobando los proyectos que la institución dijo realizaría y de manera indirecta las metas con que se encuentran vinculados estos proyectos.
Si luego de aprobado el presupuesto se convoca una reunión ampliada del Consejo de ministros para establecer prioridades, acelerar metas o redefinir líneas de acción, la pregunta obligada es:
¿Dónde estaban esas metas cuando se formuló el Presupuesto 2026?
Esto sugiere una de tres (3) cosas, todas preocupantes:
1- Las metas anunciadas no estaban incorporadas en la planificación ni debidamente presupuestadas.
2- Las metas estaban contempladas de forma débil, sin claridad, sin indicadores o sin liderazgo institucional.
3- Cuatro meses después de que el Consejo de ministros sometiera el presupuesto al Congreso Nacional (23 de septiembre) el gobierno descubrió que lo que envió y aprobó mediante su bancada congresual no es una correcta planificación para el 2026.
En estos casos, el resultado es el mismo: una planificación frágil y reactiva, que depende más de reuniones coyunturales que de instrumentos técnicos consolidados.
Planificar no es reaccionar
Uno de los principios fundamentales de la planificación pública es reducir la improvisación. El sistema creado por la Ley 498-06 busca precisamente evitar que el Estado funcione a golpe de reuniones, anuncios o correcciones tardías.
Cuando el gobierno necesita una reunión extendida del Consejo de ministros para recordar compromisos, reordenar prioridades, acelerar ejecución y corregir retrasos; lo que queda en evidencia es que los mecanismos ordinarios de seguimiento, monitoreo y evaluación no están funcionando adecuadamente.
Un Estado bien planificado no espera una reunión extraordinaria para darse cuenta de que va tarde; lo sabe a tiempo y corrige mediante informes de seguimiento del POA, evaluaciones trimestrales, alertas tempranas de ejecución física y financiera, etc.
La planificación no es un evento político, es un proceso técnico permanente.
Una señal que debe corregirse
La reunión extendida del Consejo de ministros a veintiséis (26) días de la aprobación del presupuesto para redefinir las metas del gobierno central, lejos de ser una demostración de fortaleza, es una señal de alerta. No por la reunión en sí, sino por lo que revela;
fallas en la planificación, debilidad en la articulación entre plan y presupuesto, y una gestión que aún depende demasiado de la corrección política tardía.
Si el Gobierno aspira a cerrar su ciclo con resultados sólidos, debe volver a lo esencial:
• Respetar el sistema de planificación,
• Fortalecer la calidad del presupuesto,
• Gobernar desde el plan, no desde la improvisación.
Porque en política pública, lo que no se planifica bien, termina fallando, aunque se anuncie con entusiasmo y se discuta en las más altas instancias del poder.





