La verdadera paz social no nace desde las sombras del poder ni desde un sistema que perpetúa la injusticia

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Por: Carlos Rodríguez | En República Dominicana, la historia reciente nos confronta con una triste realidad: la muerte de jóvenes como Darling Emmanuel Mercado Pérez y Darlin Mercado Reyes no son hechos aislados, sino testimonios de una problemática que nos duele a todos. La violencia institucional, los abusos policiales y las ejecuciones extrajudiciales se han convertido en una constante que revela la fragilidad de un Estado que, en lugar de proteger a su pueblo, muchas veces se convierte en su principal amenaza. La falta de justicia y la complicidad parecen ser las reglas del juego en un sistema que, en su raíz, necesita una transformación profunda y genuina.

La paz social verdadera no puede construirse desde las sombras del poder, donde los intereses políticos y económicos muchas veces prevalecen sobre la justicia y la dignidad humana. La historia nos enseña que los cambios duraderos nacen del compromiso decidido de un pueblo consciente y valiente, que no se cansa de luchar por sus derechos. Como decía Juan Bosch, “la política, en su mejor expresión, es la lucha por la justicia, por la libertad y por la igualdad”. Pero en nuestro país, esa lucha ha sido muchas veces opacada por la corrupción, la negligencia y la falta de voluntad política para hacer frente a los problemas estructurales que nos aquejan.

La inseguridad ciudadana, la brutalidad policial y la falta de justicia son síntomas de un gobierno que ha fallado en su misión fundamental: proteger a sus ciudadanos y garantizar la equidad. No basta con reconocer estos males; es imprescindible actuar con decisión. La depuración de las instituciones policiales, la implementación de mecanismos efectivos de control y la sanción ejemplar para quienes violen los derechos humanos deben ser prioridades. Solo así podremos empezar a construir un país donde la justicia social deje de ser un ideal lejano y se convierta en una realidad palpable para todos.

Este proceso requiere de una ciudadanía activa, que exija transparencia y responsabilidad a sus líderes políticos. La historia nos recuerda que la democracia no se hereda, sino que se conquista a través del esfuerzo colectivo y la valentía de enfrentar los males que nos aquejan. No podemos permitir que la cultura de la injusticia siga alimentando el caos y la desesperanza. La verdadera paz social no será una utopía si logramos romper con esas cadenas y avanzar hacia un Estado más justo, más humano y más cercano a las necesidades de su pueblo.

Es hora de que los responsables asuman su papel para que son todoas esas reuniones de los lunes con el presidente para que cumplan con su deber no barbaridades a los ciudadanos . Es hora de que la ciudadanía no se quede de brazos cruzados, sino que exija esa trasformacion policial tan costosa y profundo que nuestro país y la sociedad necesita. Solo así podremos construir un futuro en el que la tranquilidad , la seguridad no sea un espejismo, sino una realidad duradera, forjada en la lucha por la justicia, la dignidad y los derechos de todos los dominicanos. La historia nos llama a la acción, y el momento de responder es ahora ya que antes vivíamos mucho mejor-.