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Por: Santo Salvador Cuevas | Usar la armada de los Estados Unidos de América, para interceptar el buque petrolero de nombre Skipper, que transportaba petróleo hacia Cuba, en plenas aguas venezolanas, no solo es un acto hijo de la prepotencia y el engreimiento por EE.UU, es también una violación grosera al derecho internacional y a la soberanía de un país que se llama Venezuela.
No fue una incautación ni una sanción económica, lo ocurrido en aguas venezolanas el 4 de diciembre del 2025, fue un robo en plena luz del día y ante los ojos del mundo.
Andan tan perdidos y equivocados, que se creen hasta con derecho a robar en territorio de un país soberano.
Estamos también frente a un acto de provocación que busca, con teneridad y con el uso de la fuerza, el miedo y el poderío, motivar respuestas o contra ataques del país agredido, y así justificar la invasión de sus marines con el uso de armas, misiles y submarinos que cargan bombas atómicas de destrucción masiva.
Estamos ante acciones locas y de alto peligro, en donde ni las apariencias se guardan sino que la Carta de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y el tratado de Roma, que condena toda agresión contra un país soberano, estos tratados, que rigen el orden y el derecho internacional, han sido burdamente ignorados por el presidente Donad Trump.
En el mundo ha nacido con Donald Trump, una nueva Era en que un presidente de un país se cree con rango de Emperador y con poderes universales para decidir, mandar y hasta matar sin juicio previo a humildes pecadores en aguas caribeñas.
La Casa Blanca debe retornar al camino de la diplomacia y el diálogo, abandonar el uso de la fuerza y la arbitrariedad.
Invadir a Venezuela implica un costo político muy alto, en que se verá envuelto el pueblo estadounidense, que está opuesto a la guerra, pueblo que NO se cree la narrativa inventada contra el presidente Nicolas Maduro asociandole a carteles del bajo mundo, sin contemplar que Nicolas Maduro es único presidente que controla la mayor reserva petrolera del mundo, y que es sabido por los pueblos del mundo que el objetivo final de la Casa Blanca es apoderarse del petróleo y demás recursos naturales de Venezuela, como el oro, la plata, el contán, las agua potables y sus tierras.
Acudimos a la mesa del diálogo en la ONU.
Apelamos al diálogo bilateral entre los presidentes Donald Trump y Nicolas Maduro.
La salida más inteligente y beneficiosa para todos, es el diálogo.
Pero el diálogo será una pantomima si no se produzca antes sustituir el discurso guerrerista y amenazante de la Casa Blanca, por la apertura y la habilitación de embajada en cada país.
No va haber diálogo si no retiran primero los submarinos, los buques de guerra, los aviones que surcan los aires y las aguas del Caribe y Venezuela, y se pone costo final a la guerra mediática imperante.
Lo que se ve desde Venezuela, es que nadie va a ceder al chantaje y la presión en su tierra soberana por potencias imperialistas.
Si asesinan a Nicolas Maduro, estarían soltando los demonios en América del Sur, y estarían inhabilitado al único interlocutor con que cuentan aún en tiempo de paz.
Hay que pensarlo muy bien.
Así mismo, apreciamos que, sin renunciar a sus derechos constitucionales y de Soberanía, el presidente Nicolas Maduro, debe enviar señales de que también hay espacio para abrir acuerdos comerciales entre Estados Unidos y la industria petrolera de venezolana.
El mundo desea paz y reconoce el derecho internacional que tiene como punto de partida y como centro de gravitación, la Carta de la ONU.






