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Por: Cristina Rodriguez | La situación de la salud mental constituye hoy una de nuestras mayores preocupaciones. La República Dominicana necesita una respuesta más efectiva y oportuna desde el sistema de salud pública ante los hechos que están afectando profundamente a las familias.
Cuando hablamos de violencia, no debemos verla únicamente cuando una mujer es agredida o pierde la vida. También existe una violencia económica que puede producirse dentro de la pareja y agravarse por la falta de oportunidades, protección y respuestas institucionales.
Por eso, no basta con hablar del feminicidio después de ocurrido. Debemos analizar las causas, las condiciones y las distintas manifestaciones de violencia que pueden precederlo.
Los casos recientes, como el fallecimiento de una niña presuntamente a manos de su propia madre, según las informaciones difundidas, y las expresiones de violencia vicaria que afectan a hijos, madres y otros familiares, nos obligan a mirar con mayor profundidad esta realidad.
La salud mental debe colocarse en el centro de la agenda nacional. Necesitamos prevención, atención profesional accesible y una respuesta articulada de las instituciones públicas.
No podemos esperar a que ocurra una tragedia para actuar.





