Un Congreso sin preparación le cuesta demasiado caro a la democracia

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Por: Lic Ruddy Pérez | Cada vez que el Congreso Nacional aprueba una ley con errores de fondo o de forma que posteriormente debe ser corregida o declarada inconstitucional, pierde credibilidad una de las instituciones más importantes de la democracia dominicana. No se trata únicamente de un problema jurídico; es un problema de calidad legislativa y de responsabilidad con el país.

La labor de un legislador va mucho más allá de levantar la mano para aprobar o rechazar proyectos. Implica comprender la Constitución, analizar el impacto de las leyes, estudiar las iniciativas, escuchar a los diferentes sectores de la sociedad y legislar con visión de Estado. Cuando esa preparación no existe, las consecuencias las termina pagando toda la nación.

Es momento de abrir un debate serio sobre la calidad de la representación legislativa. La formación académica, la capacitación permanente y el conocimiento del ordenamiento jurídico deben ser cualidades cada vez más valoradas en quienes aspiran a integrar uno de los poderes del Estado.

No se trata de excluir a nadie ni de limitar el derecho a ser elegido. Se trata de fortalecer la democracia, promoviendo que quienes elaboran las leyes del país cuenten con la preparación necesaria para desempeñar esa responsabilidad con eficiencia, conocimiento y visión de futuro.

La República Dominicana necesita un Congreso integrado por hombres y mujeres comprometidos con el estudio, el análisis y el interés nacional. La representación popular debe ir de la mano con la preparación, porque legislar es una de las responsabilidades más trascendentales del Estado.

Cuando el Congreso aprueba leyes con deficiencias que luego deben ser corregidas o anuladas por los órganos competentes, pierde credibilidad el Poder Legislativo y se debilita la confianza de la ciudadanía en las instituciones. La democracia dominicana merece un Congreso cada vez más preparado, más responsable y más comprometido con el interés nacional.