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Por: Héctor Olivo | Los tantos anuncios publicitarios con la llamada “Brisita” transformada en ventarrón dañino y los combos del Inespre no lograron imponerse a la colectiva queja ciudadana sobre los altos precios de los productos utilizados para la cena de nochebuena.
En supermercados, mercados, colmados, plazas y venta de calle se convirtió en un denominador común las quejas por los altos precios de los productos utilizados para la cena del 24 de diciembre.
Papas, carnes de pollo, cerdo, pavo, res y chivo, zanahoria, cebolla, arroz, ensaladas, huevos, limones, naranja agria, estaban por las nubes, que al decir de los compradores redujo la presentación en los hogares de los platos de esa cena tradicional.
Sin bien estos elementos de la cena subieron en exceso, los preparados por asaderos, cafeterías y ventas callejeras avanzaron también en esa peligrosa cuesta.
Cerdo, pollo y pavo asado se convirtieron en artículos de lujo, junto a los pasteles en hojas, los pastelitos de harina y los llamados pastelones que acostumbran a ofertar los supermercados, sin dejar la famosa telera, caramba, cuánto se ha elevado su precio.
En esa lista tiene que incluirse las bebidas; dos o tres años atrás se conseguía una botella de vino con 300 y hasta 400 pesos, en esta época los precios sobrepasan los mil pesos. Señores una cerveza pequeña de fabricación nacional cuesta más de cien pesos y ni hablar del ron criollo, cuyos precios sobrepasan los 800 pesos el litro. El whisky es altamente prohibitivo para una persona de clase media.
Las Frutas y golosinas de la temporada encontraron ventas limitadas, como se observó de las góndolas de los supermercados de la capital en horas de la tarde del martes 24 de diciembre.
Un cálculo conservador estimó el costo de una cena para una familia reducida oscilando entre RD$7,625 y RD$10,000.
Un costo inalcanzable para el valor del llamado bono navideño, transformado en un tema de escándalo y de burla a los pobres.
Los esfuerzos de las familias dominicanas para mantener esa tradición que une los familiares y vecinos, se duplicaron generando un gran problema financiero en los hogares nuestros ya castigados con la reducción del nivel adquisitivo del peso dominicano.
Todas estas limitaciones harán que cantemos junto al Gran Combo de Puerto Rico aquella canción titulada “Villarán Cuenca” Cuando vuelva la abundancia. Voy a hacer una comprita. Cargaré bien mi yegüita y la llevaré a mi estancia. Villarán Cuenca, Villarán Cuenca






