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Por: Cristina Rodríguez Mota | Hay preguntas que una sociedad responsable no debe responder apresuradamente, pero tampoco debería tener miedo de formular.
Vivimos un tiempo marcado por fenómenos naturales de gran impacto, crisis políticas, conflictos internacionales y una aceleración tecnológica sin precedentes. Terremotos, inundaciones, incendios y eventos atmosféricos extremos llegan diariamente a nuestras pantallas, mientras las grandes potencias compiten en inteligencia artificial, ciberseguridad, tecnología espacial, sistemas autónomos y nuevas capacidades de defensa.
Ante esta realidad me surge una pregunta:
¿Hasta dónde llegan hoy las capacidades tecnológicas de los Estados para intervenir sobre el entorno natural y cuánto conocemos realmente sobre ellas?
No afirmo que los fenómenos naturales que estamos observando estén siendo provocados artificialmente. La evidencia científica disponible no permite sostener semejante conclusión.
Pero entre afirmar sin pruebas y negarse siquiera a preguntar existe un espacio indispensable: el pensamiento crítico.
Cuando Las Coincidencias Generan Preguntas
Las coincidencias no constituyen pruebas.
Que un desastre natural ocurra durante una crisis política, una transición gubernamental o un conflicto internacional no demuestra que exista relación entre ambos acontecimientos.
Sin embargo, las coincidencias pueden generar preguntas que posteriormente deben ser sometidas a evidencia.
La historia de la tecnología también recomienda cierta prudencia frente a la palabra imposible. La energía nuclear, los satélites, los drones, las operaciones cibernéticas y la inteligencia artificial transformaron nuestra comprensión del poder.
Muchas capacidades actuales habrían parecido extraordinarias hace apenas unas décadas.
Por eso, quizá no deberíamos preguntarnos solamente qué puede hacer hoy la tecnología, sino también:
¿Qué podrá hacer mañana?
A Propósito De Las Teorías De Conspiración Sobre HAARP
Cada vez que ocurre un terremoto importante o un fenómeno atmosférico extraordinario, un nombre reaparece en las redes sociales: HAARP.
El High-frequency Active Auroral Research Program es una instalación en Alaska destinada al estudio de la ionosfera mediante transmisiones de radio de alta frecuencia. Su historia estuvo vinculada a organismos estadounidenses de defensa y posteriormente sus instalaciones fueron transferidas a la Universidad de Alaska Fairbanks.
Ese antecedente es real.
Lo que no está demostrado científicamente es que HAARP tenga capacidad para provocar terremotos, fabricar huracanes o producir grandes catástrofes naturales.
Y esta distinción es fundamental.
Preguntar no es demostrar. Sospechar no es probar. Y una coincidencia no establece causalidad.
Sin embargo, tampoco creo que la mejor respuesta ante las inquietudes ciudadanas sea la ridiculización.
Cuando una tecnología es compleja, tuvo antecedentes relacionados con investigaciones militares y resulta difícil de comprender para la mayoría de la población, es natural que aparezcan interrogantes.
La respuesta debe ser más ciencia, más transparencia y más información.
Un Antecedente Que Merece Atención: ENMOD
Existe además un hecho histórico poco conocido por el público.
En 1976, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la Prohibición de Utilizar Técnicas de Modificación Ambiental con Fines Militares u Otros Fines Hostiles, conocida como ENMOD.
La Convención entró en vigor en 1978.
Su existencia no demuestra que exista una tecnología capaz de fabricar terremotos o huracanes a voluntad.
Pero sí demuestra que la relación entre modificación ambiental, seguridad y conflicto internacional forma parte de las preocupaciones estratégicas internacionales desde hace décadas.
Y ahí aparece, para mí, una pregunta mucho más interesante que cualquier teoría viral:
Si hace medio s






