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Por: Sergio Sarita Valdez | Más de medio siglo interactuando con cuerpos sin vida nos ha dado los fundamentos concretos para postular de manera categórica, sin que haya duda razonable, la certeza de que los muertos evidencian alteraciones orgánicas que son el resultado de daños biológicos, químicos, físicos, inmunológicos o ambientales, antemortem o posteriores al deceso de la persona. Las interpretaciones que los peritos den a dichas lesiones van a depender de la competencia científica, ética y social de los mismos.
La necropsia realizada en un difunto tendrá el sello de calidad presente en cada uno de los pasos que conllevan lo que se entiende por una autopsia completa. El reporte del peritaje deberá contener los siguientes atributos: A) identidad de la persona fallecida; B) fecha de fallecimiento; C) la causa primaria a partir de la cual ocurrieron una serie de trastornos concatenados y que, de forma escalonada, llevaron de modo irreversible al cese de todas las funciones vitales cerebrales y cardiocirculatorias. La solidez de un peritaje médico legal dependerá de la calidad de la información recogida, así como del riguroso cumplimiento del adecuado protocolo actualizado utilizado como guía científica de la investigación. En la práctica forense hemos acuñado la nemotecnia conocida como las 4 D. Con ella simbolizamos la descripción, la documentación, la disección y los detalles relacionados con la muerte de una persona.
Cada alteración morfológica deberá ser documentada con fotografías a color, nítidas, sin filtro que pueda alterar la objetividad del defecto. Todos los cambios registrados deberán ser descritos sin adorno literario. Los cambios en los tejidos, los órganos y los sistemas serán interpretados teniendo en cuenta la secuencia en que sucedieron. La manera o modo jurídico de un fallecimiento se cataloga en las siguientes formas: natural o violenta. Todas las defunciones generadas por enfermedades no provocadas por intervenciones humanas entran en la primera categoría; un buen ejemplo de estas es la arteriosclerosis coronaria, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y la obesidad extrema. Las infecciones por virus y bacterias generadas en laboratorios para ser utilizadas como armas biológicas no califican como muertes naturales. Las muertes violentas generalmente son causadas por arma de fuego, arma blanca u objetos contundentes como piedras o palos, tubos metálicos, agentes tóxicos y venenos. Cuando encontramos una muerte no natural, sin que podamos establecer si fue accidental o intencional, tenemos la categoría de indeterminada, que implica un proceso pendiente de una futura investigación.
Son tantas las conjeturas y los juicios de valor que se arrojan alrededor de una muerte sin testigos que mucha gente, con la asistencia de los poderes mediáticos disponibles, llega a aceptar como bueno y válido el más inverosímil de los relatos. Cada uno cuenta el cuento a su manera, y gente maliciosa consigue falsos testigos a fin de convencer a los jueces de la naturaleza violenta o natural de un fallecimiento. Es en esas circunstancias cuando se valora la utilidad de la autopsia como pieza clave en la investigación médico legal.
Son muchos los vivos capaces de mentir y retorcer las verdades. El ser humano, como ser social, tiene intereses variados que defender. El muerto, a través de sus restos, nada esconde y solo espera por unos ojos y una mente que descifren el mensaje objetivo y sin prejuicios contenido en su interior.






