A mal tiempo…

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Por: Sergio Sarita Valdez | Completadas ocho décadas de vida y poder narrarlas con la suficiente lucidez y secuencia cronológica, más que una hazaña, es realmente una gran dicha.

Tuvimos como cuna un escondido paraje en medio de la cordillera Septentrional, con solo un trillo como vía de comunicación, que conducía a la carretera que conectaba al municipio Altamira con la ciudad de Santiago de los Caballeros.

La travesía se hacía en una guagua que, desde las tres de la madrugada, empezaba recogiendo pasajeros campesinos de Luperón, Bajabonico, Guananico, Llanos de Pérez, Quebrada Honda y Las Lajas de Altamira, llegando cerca de las ocho de la mañana a la bella ciudad ubicada a orillas del Yaque dormilón.

A las 9 a. m. empezaría el otro itinerario en un carro de la famosa línea Duarte, que hacía ruta con paradas en Moca, La Vega, Bonao, La Cumbre, hasta el Puesto de La Javilla, ubicado a la entrada de la capital desde el Cibao.

Cumplidos los quince años, entrábamos a la Facultad de Medicina de la Universidad de Santo Domingo con la misión de graduarnos de médico luego de seis años consecutivos de estudios y práctica hospitalaria. Ese espacio de educación superior solo se vio interrumpido por cerca de seis meses tras la Revolución de abril de 1965, la cual devino en la segunda intervención militar norteamericana del país.

El 29 de octubre de 1967, más de un centenar de jóvenes soñadores recibimos el título de Doctor en Medicina.

El año de pasantía de ley lo cumplimos en el municipio de Monción, provincia Santiago Rodríguez.

Allí contraería matrimonio y, ya en diciembre de 1968, partimos hacia la ciudad de Chicago, ubicada en el medio oeste estadounidense.

Allí nos convertimos en patólogo diplomado, siguiendo con la patología forense y la academia en la Universidad de Puerto Rico. Regresamos de nuevo a Chicago en 1977, volviendo a mediados de 1981 a Santo Domingo donde fundamos las especialidades de Anatomía Patológica y de Medicina Forense, ambas vigentes hasta nuestros días.

En 1978 establecimos un Núcleo de Trabajo del Partido de la Liberación Dominicana en Chicago, iniciando así nuestra incursión en el ámbito político, llegando a ser miembro del Comité Central, regidor por el Distrito Nacional en 1986 y viceministro de Salud en 1996.

A finales de la década de los ochenta se consiguió que el gobierno estableciera por decreto el Instituto Nacional de Patología Forense.

En todo ese trayecto de tiempo y espacio ha habido momentos críticos llenos de incertidumbre y hasta encarcelamientos injustos en más de una ocasión.

La fe y la seguridad de marchar por la senda de la paz y el amor al prójimo nos permitieron siempre ponerle al mal tiempo buena cara.